jueves, 28 de mayo de 2009

Un Zen Occidental, Éric Rommeluère

Éric Rommeluère es un enseñante zen singular. Así, por ejemplo a pesar de tener la acreditación necesaria para ello, el prefiere que le llamen enseñante en vez de maestro, reúne alrededor suyo el grupo Un Zen Occidental, en el que no existen las tradicionales jerarquías y formalismos del zen en japones, y privilegia el sentido profundo de la práctica, por encima de los rituales y de otras formas más o menos fosilizadas y extrañas a nuestra cultura. Formado con los maestros japoneses Taisen Deshimari, de quién recibió la ordenación a los 18 años, Ryotan Tokuda, al cual considera su maestro raíz, aquel del que ha recibido una más profunda impronta, y Gudo Nishijima, de quién es heredero del Dharma, su preocupación es como el zen puede hablarnos a nosotros occidentales, más allá de los particularismos locales en que el zen fue forjado, sin, al mismo tiempo, desfigurar su sentido profundo. En la entrevista titulada "Tocar lo real", cuya traducción presento a continuación, Éric Rommeluère nos presenta su recorrido y su forma de abordar la práctica.

La entrevista original, asi como su traducción al castellano, fueron anteriormente publicadas en la página web de la asociación Un Zen Occidental. Aparece aquí con algunos errores corregidos que presentaba mi primera traducción.


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Tocar lo Real


Éric Rommeluère


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P. ¿Cual ha sido su recorrido?

R. Comencé a meditar en 1978. Desde entonces el Zen no me ha abandonado casi nunca. Sabe, me gusta leer, escribir, reflexionar. En algunos años me convertí en un sabelotodo del Zen. Los sabelotodos son muy prácticos y su carrera está totalmente trazada. El teléfono suena, se te llama para dar conferencias, para escribir libros, artículos. Incluso se te paga por eso. Pero desde el punto de vista del Zen todo eso son solo chiquilladas y extravíos.

Evidentemente los conocimientos aportan ideas, herramientas, y están lejos de ser inútiles. La reflexión permite tener alguna cosa que decir más allá de algunos eslogan. Por otra parte la mayoría de los grandes maestros zen han sido igualmente pensadores. Todos aquellos que he frecuentado tenían la inteligencia aguda y no se contentaban con teorías ya hechas. Se dice que el estudio y la práctica deben reforzarse mutuamente, seguro, pero esto no tiene sentido más que si el estudio y la práctica conducen a un despojamiento interior. El Zen no es una vía de acumulación (de conocimientos, de suficiencia). Cuando se habla de despojamiento no se trata simplemente de simplicidad material sino también de una renuncia interior. La de renunciar a los prejuicios, a las concepciones, a las opiniones, e ir al corazón de lo Real. Los practicantes deben convertirse en señores y señoras yo no se nada, no a la inversa. Recuerde la respuesta de Bodhidharma al emperador Wu el cual, excedido por el dialogo de sordos, le pregunta: "¿Pero quien eres tú? " y Bodhidharma le responde: "No lo se". El Zen ha nacido de esta respuesta.

Convertirse en un señor yo no se nada no es una tarea fácil. Porque también hace falta pasar por un periodo de acumulación, aprender que es o que no es el Zen y, más allá de los rudimentos del budismo, profundizarlo, conocer todas las técnicas de meditación, eventualmente meditar sobre los kôan, etc. Es toda la vida la que es coloreada, embebida por el zen. Pero una vez sobrepasado este pico el movimiento se invierte, hasta que se olvida todo. La práctica se convierte en una no práctica. El estudio se convierte en un no estudio. Retrospectivamente se mira el pasado como novicio con un aire divertido. Se hace Zen como un niño que se divierte con sus juguetes. Éramos muy serios. Pero mirando hacia el futuro, nos percibimos que lo Real está en otra parte y que está allá dónde se encuentra la Vía. Este doble movimiento de subida y después de bajada es desde luego necesario. No se puede generalmente alcanzar directamente lo invisible.


P. ¿Lo invisible?

R. Sí. ¿Que es el Zen? Es practicar secretamente, permanecer en lo invisible y vivir lo ordinario, yo no tengo otra definición, vivir en la transparencia. Se utilizan diferentes términos y metáforas para describir esta vía de despojamiento que lleva a lo invisible. Se habla de borrar las huellas o de convertirse en un idiota. Esas son expresiones tradicionales, las de los maestros chinos. Dongshan (jap. Tôzan, 807-869) habla de la Vía del pájaro, el pájaro vuela en el cielo, a veces desaparece, a veces aparece ante nuestras miradas, pero no deja jamas huellas en el inmaculado azul. Hay diferentes maneras de ser o de vivir lo invisible. Rujing (jap. Nyôjo, 1163-1228) rechaza el vestido púrpura concedido por el emperador, un vestido que debía afianzar su estatus de abad de uno de los mas grandes monasterios chinos de su época. Dôgen (1200-1253) ve a los grandes monos de las montañas reírse de él, cuando se vuelve a su monasterio después de haber pasado algunos meses en la capital.

Algunos se convierten en realmente invisibles. Algunas generaciones después de Dôgen, Daichi Sôkei (1290-1366) vivió solo la mayor parte de su vida, en una ermita al sur de Japón. Ha dejado numerosos cuartetos en chino sobre la invisibilidad. He aquí uno:

La fama y sus ataduras, el provecho y sus cadenas, que pasan y no permanecen,
Oscurezco mis huellas en la niebla y las nubes, en medio del agua y las piedras.
Cuezo legumbres en una marmita de pies curvos,
Al permanecer en las montañas, sigo sin esfuerzo el estilo de los antiguos.

En el siglo 17 fue Tôsui, que era abad de un monasterio, el que un día dejo una simple palabra a sus monjes puesta en un cartel sobre la puerta de sus habitaciones: ¡Adiós, amigos mios! Y se desvaneció en la naturaleza. Llegado el caso se hizo fabricante de sandalias, porteador o mendigo. A veces uno de sus antiguos discípulos o condiscípulos lo reencontraba. Reconocía en los rasgos del gastado viejo el maestro de antaño, pero apenas lo había reconocido y conversaba con él, que el buen hombre desaparecía entre la muchedumbre. Tôsui evidentemente no dejó nada. Algunas decenas de años después de su muerte, Menzan Zuihô (1683-1769), uno de los reformadores de la escuela Sôtô de la época Edô, impactado sin duda por esta elección radical, tuvo la idea de recoger las anécdotas que le concernían. Reencontró algunas y algunos bonzos que le habían conocido y redactó una biografía, por lo demás heteróclita. Desde entonces su hechos y expresiones han sido comentados y meditados. Su desaparición no era un accidente de su evolución, sino su último punto, aquel que daba sentido a la trayectoria misma. Un poco mas tarde es Ryôkan (1758-1832), renombrado por su maestro como "el gran idiota ", quien se trasladaba a un ermita, mas apartada aun cada vez que su reputación crecía.

Evidentemente se ve la dificultad de una conducta así. Pues al tomarse la invisibilidad en serio evidentemente se corre el riesgo de desaparecer por las buenas. Ni Daichi, ni Tôsui, ni Ryôkan, que forman los tres iconos de la invisibilidad en el seno de la escuela Sôtô, han tenido sucesores. Por poco que se quiera trasmitir el Zen, una parte de visibilidad debe permanecer necesariamente. Para todos estos bonzos la desaparición se confunde con un ideal que sobrepasa el Zen mismo. En el imaginario extremo oriental el sabio debe en efecto apartarse del "polvo rojo del mundo " y entrar en la montaña, en sentido tanto propio como figurado. Este tema de la invisibilidad encuentra evidentemente su fuente en una visión típicamente china de la relación del individuo con el mundo y con la naturaleza. Pero este ideal conlleva algo más, que trasciende los marcos culturales chinos o japoneses. Yo no creo que la desaparición tenga necesariamente que ser física. Se trata ante todo de una renuncia interior. Podemos permanecer invisibles tanto dentro como fuera del mundo. La acción compasiva es en él mas eficaz. Incluso Daichi, que sin embargo había elegido la desaparición en las montañas, lo dice:

El maestro que está en el interior de la ermita, es en el exterior que lo buscan,
Tuvieron viento tranquilo y es en el ruido que le preguntan.
Sin ninguna duda, los hombres de la vía no han estado jamas fuera de las nubes.
Pero cuando se está sin mente, dondequiera que vayamos, se trata de una montaña.


P. ¿Con que maestros ha practicado?

R. No he conocido mas que a tres maestros japoneses, pertenecientes todos a la escuela Sôtô: Taisen Deshimaru, Ryôtan Tokuda y Gudô Nishijima. Del primero he recibido los preceptos zen y del último la trasmisión del dharma. Pero puede ser del segundo de quien mas he aprendido. Yo era todavía un adolescente cuando me inicié en el Zen. Era la primavera del 78, no tenía mas que diecisiete años. En aquella época no habían enseñando Zen en Francia mas que Taisen Deshimaru y Taikan Jyoji (Georges Frey). El dôjô de Deshimaru, calle Pernety de París, parecía entonces una especie de pueblo de irreductibles zen. Me integré rápidamente en esa comunidad. Viví en el dôjô y trabajé como cocinero en el restaurante zen que Deshimaru poseía en la calle Pernety. Para muchos él representaba una especie de diablillo perseguidor. Nuestra relaciones, sin embargo, eran dulces y afectuosas. Me daba la impresión de un papa noel. Yo tenia el alma de de un niño en esa época. La noche en que murió, a finales de abril del 82, todos sus discípulos meditaban desde hacia horas. Como yo vivía en el centro estuve entre los primeros en sentarme, desde finales de la mañana. Él estaba entre la vida y la muerte sobre una cama de hospital en Tôkyô, todos sus discípulos meditaban con una última esperanza. Se había dado una consigna; reunirse en el dôjô. Mientras más avanzaba el día, más personas llegaban y se sentaban. Por la noche el dôjô estaba lleno a reventar, ochenta, cien personas, no sé. El teléfono sonó en el primer piso. Necesariamente era muy importante, pues el teléfono no sonaba nunca durante la meditación. Roland Rech subió, descolgó y después, desde arriba, dijo simplemente "Sensei ha muerto ". Entonces todo se partió, tanto para mi como para muchos en aquel momento. Rompí en sollozos, durante mucho tiempo. Una página pasaba. Mi relación con el Zen era entonces enteramente afectiva. Continué ocupándome de la cocina del restaurante, pero ya sin ganas. Finalmente abandoné la comunidad un año y medio después. Entre tanto había intentado encontrar a otra figura, otro lugar. Fui a ver a Taikan Jyoji en las semanas que siguieron a la muerte de Deshimaru. Su centro estaba en Ardèche. Después volví una segunda vez para entrar oficialmente en su comunidad. Había que cumplir el periodo de prueba tradicional de entrada en los monasterios. Al cabo de tres días me sentí demasiado desfasado con todo lo que había conocido hasta entonces. Me marché, incluso sin terminar este periodo de prueba. Hice después algunas experiencias más, pero no me integré en otros centros. Fue una época de ruptura en la que finalmente abandone el Zen. Me siento hoy en día muy alejado de Deshimaru, tanto de su personalidad como igualmente de sus enseñanzas. Sin embargo me ha otorgado los preceptos zen y le estoy reconocido. La ordenación te hace como un asno agarrado de una pata. Realmente. Se quiere pacer la hierba del campo de al lado, pero la cuerda se estira y se vuelve siempre al sitio. Y si numerosas veces he desesperado de mi mismo, este lazo me ha devuelto siempre a la vía del Zen. Es sin duda este lazo el que me permitió finalmente encontrar a Ryôtan Tokuda.

Ryotan TokudaTokuda pertenece a la cofradía de los invisibles. Lo que no deja de desesperar a los grupos que se relacionan con el. Se le busca aquí y ya no esta, se le espera en otra parte, y no irá. Probablemente no tendrá sucesor. Incluso su identidad permanece evanescente ante los ojos de sus próximos. Le conocí a mitad de los años ochenta. En aquella época habitaba aun en Brasil, donde vivío cerca de veinticinco años. Venía a Francia algunos meses al año para enseñar medicina china. Residía entonces en París en casa de Catherine Pagès (que se convirtió después en una enseñante zen) y proponía, una vez por semana, una meditación. Se meditaba en el salón. Él se contentaba con permanecer cara al muro, sin decir nada, sin intervenir, sin levantarse. Incluso le vi una vez meditar al lado de alguien que se estiró sobre el suelo y que acabo por dormirse y roncar. Pero no hacía nunca la menor indicación. Lo cual difería singularmente de los centros zen donde cada persona debe conformarse, vestirse, cantar como es debido. Toda su personalidad estaba en oposición a todo lo que yo había imaginado hasta entonces del Zen. Lo invisible era su vía. Tokuda vino cada vez mas a menudo a Francia, se instaló y tomamos un apartamento en común. Hemos meditado juntos durante muchos años, en silencio, todas las mañanas. Una asociación nació, Mahamuni, "el Gran Silencio " - todo un programa. Habría querido ser su discípulo, pero el no tenía arreglo. Sin embargo, su presencia, sus actitudes, sus recomendaciones han cambiado realmente mi vida. El gran silencio no es simplemente el silencio de la meditación. Es una actitud interior. Tokuda se interesó muy pronto por el cristianismo, encontrando inspiración en el Maestro Eckhart. La pobreza interior, y todos los temas del abandono del místico renano, resonaban en él junto con todas las enseñanzas del Zen. Nuestros caminos divergieron a mitad de los años noventa. El gusto de Tokuda por las ermitas apartadas le condujo a buscar un lugar donde construir un monasterio zen. Lo buscó en las montañas y finalmente fundó Eitaiji, en los Alpes de la Alta Provenza, sobre el modelo de Eiheiji, el templo fundado por Dôgen en la costa norte del Japón. Pero su voluntad de adaptase cada vez mas a un modelo japones ya no me servía. La convicción de que el enraizamiento del Zen en nuestra cultura debía sobrepasar la forma japonesa se convertía para mi en cada vez más fuerte. La transparencia del corazón no tiene ninguna necesidad de obligarnos a desaparecer en las montañas. Fue en ese punto que nuestros caminos se separaron. Y sin embargo, Tokuda permanece como mi maestro raíz. Continuamos amándonos por encima de nuestras diferencias.

De Gudô Nishijima conservo ante todo la confianza. Todo nos separa; la cultura, el país, la edad. Pero Nishijima hace una apuesta sobre el porvenir. Que el Zen se expresará en otra parte, puede que bajo otras formas o con otras palabras. Ninguna de las trasmisiones que ha conferido a la veintena de sucesores suyos ha sido registrada por la Iglesia japonesa Sôtô, a pesar de que el sea heredero de Rempô Niwa zenji, que fue abad de Eiheiji y superior general de la escuela Sôtô. La iniciativa es considerable. Estos occidentales no son herederos de ningún modelo o de ninguna institución que podría canalizar sus eventuales innovaciones. Nishijima ha hecho lo mismo con sus sucesores japoneses. Una primicia en un país donde la conformidad social e institucional es muy importante. Estos nuevos maestros zen se han convertido, a su manera, en invisibles. Ninguno dirige un templo, algunos llevan la vida ordinaria de empleado de oficina o de hombre de negocios.


P. Háblenos de su enfoque. ¿No parece muy aficionado a los rituales?

R. La cuestión de los rituales (¿Hacen falta mas o menos? ¿Hay que reproducirlos o adaptarlos?) me parece una cuestión falsa, a menos de que se los tome por lo que ellos son. En la escuela japonesa Sôtô revisten una gran importancia, ya que el despertar se confunde con el acto mismo del ritual. El ritual introduce en otro espacio, en otro tiempo. He aquí porqué el Sôtô otorga tanta importancia a la vida monástica. En los muros del claustro el presente se inmoviliza fuera del tiempo. Reproduciendo las mismas actividades, los mismos ritos, las mismas liturgias, día tras día. Se convierte uno en el contemporáneo de los antiguos maestros, de Dôgen mismo. Cualquiera que ha practicado en un monasterio lo siente muy intensamente. El tiempo se cierra sobre si mismo. Los cuatro momentos del recorrido del bodhisattva están completamente contenidos en la simple repetición de los gestos cotidianos: "La resolución, la práctica, el despertar y el nirvâna forman la práctica (gyôji) y el círculo de la vía (dôkan) ", escribe Dôgen en su Shôbôgenzô Gyôji. Incluso si la escuela Sôtô se ha secularizado desde la era Meiji (la secularización no es la laicización), su ideal permanece en la vida monástica. Como escribe Bernard Faure: "La doctrina de la identidad entre práctica y despertar ha tenido por efecto, en particular en la escuela Sôtô del Zen, santificar las formas rituales tradicionales y animar a su meticulosa conservación. Las ceremonias (gyôji) son pues interpretadas en esta escuela como observancias religiosas que manifiestan el despertar. Para los monjes Sôtô, por lo menos en teoría, el ritual constituye la expresión privilegiada de la realización interior, y juega el papel de una especie de hierofanía. " (Bernard Faure, "Les avatars de l'absolu dans le bouddhisme Chan/Zen", Nirvâna, Paris, Éditions de l'Herne, 1993, p. 320).

El Zen ha llegado generalmente a Occidente bajo el prisma de enseñantes que no se adhieren a esta visión y promueven un Zen laicizado (y no secularizado) enraizado en el mundo. No es sorprendente que se hallan formalmente separado de su escuela (Hakuun Yasutani del Sôtô, Eizan Tatsuta del Rinzai) o que hallan permanecido, más o menos, al margen (Taisen Deshimaru). Esta laicización, que se desenvuelve en la única equivalencia "El Zen es zazen " - con la critica de los ritos como corolario –, representa un verdadero cambio de paradigma. Evidentemente, para aquel que ignora lo que sostiene el sentido de un ritual, la reproducción de un modelo japones, como por ejemplo hace Fausto Guareschi, que ha fundado en Italia el monasterio zen de Fudenji, es valorada como inútil o folclórica. La verdadera cuestión que debe preocuparnos es más bien: ¿Que es el despertar? O mejor, puesto que el termino permanece abstracto, ¿Que es un despertado? El despertar se sostiene para mí en la invisibilidad, en esta transparencia. Incluso si el monasterio permite encarnar esta invisibilidad, no es aun más que una puerta sobre lo invisible. No lo invisible en si mismo, que finalmente trasciende el área sagrada o profana. Esta puede ser la lección de Tôsui cuando desapareció.

He hablado de mi encuentro con Ryôtan Tokuda, toda su personalidad le oponía a la imagen que yo tenía entonces del monje zen, encarnado por Taisen Deshimaru. Incluso si daba enseñanzas, Tokuda no se ha considerado jamas como un maestro. Deseaba simplemente ser vuestro amigo sobre la vía, contentándose por lo demás con "obscurecer sus huellas ". De cierta forma, mas taoísta que budista, hacía del anonimato una filosofía, soñando con desaparecer en las montañas y vivir en medio de las nubes. Cuando hacía zazen con él, no dirigía, hablando con propiedad, la meditación. No hablaba. Y de algunos cientos de sesiones, sentado en su compañía, no le he visto levantarse mas que tres o cuatro veces. Recuerdo que una vez se levantó para observar las posturas. Permaneció de pie treinta segundos, después se volvió a sentar rápidamente. Tras la meditación, un tanto intrigado, le pregunté la razón. Me respondió bondadosamente que el parqué chirriaba y que había tenido miedo de molestar la meditación de los participantes. Esta respuesta me traspasó el corazón. Es de la confrontación de estos dos estilos contradictorios, de estas dos aproximaciones completamente diferentes, que ha nacido mi reflexión sobre el sentido (y el sin sentido) de la meditación.

Por mi parte no he podido jamas ni corregir una postura, ni dar el kyôsaku (el bastón), ni hablar durante la meditación. No es que halla que abandonar al otro a sus quimeras, pero hay que dejarle la posibilidad de tocar el corazón de lo invisible. Esto no se puede hacer mas que en el más profundo de los silencios. ¿Con que derecho podría corregir una posición? Cada uno negocia su postura según su propia historia psico-corporal. Como entrar en esta historia sino por la dulzura y el respeto, en cualquier caso, no por una "puesta en forma " brutal. El kyôsaku no tiene solamente una función de regulación fisiológica, es una llamada continua al orden. Os recuerda que se os observa y que a veces merecéis ser corregido. Pero la responsabilidad del propio despertar no pertenece mas que a si mismo. Incluso si hay momentos en los que uno está agitado o dormido durante la meditación, terminarán finalmente por pasar, como pasa cualquier cosa. Aquel que da el kyôsaku y aquel que lo recibe permanecen aún en la representación de una postura que "debe" de ser corregida pero, para aquel que permanece en el samâdhi, distinciones como lo derecho o lo torcido no tienen sentido. Sentados debemos abandonar todo, sin condición e inmediatamente. Tokuda dice: "Olvidad el cuerpo, olvidad la respiración, olvidad la mente y entrad en el samâdhi". El samâdhi es otro nombre para lo invisible. Callarse durante la meditación no significa sin embargo que se deba dejar a la gente apañárselas por si mismos, o que se confíe en la espontaneidad natural de los seres. Hay una enseñanza en el Zen y debe perpetuarse, es más debe ser enseñada. Pero el samâdhi es un estado sutil, delicado, que una nadería puede perturbar, sobre todo si no se tiene un gran hábito de meditación.

He aquí en que estado de espíritu practico. Me planteo continuamente esta cuestión: ¿Como adaptar, sin desnaturalizarlo, el saber vivir (¿saber morir?) del Zen? Poco importa el número de practicantes, estar solo, diez o cien. No me interesa más que el reencuentro, el cual es absolutamente dual. Mi única preocupación es no abusar de mi mismo, ni abusar del otro. Si se debe enseñar esto no puede ser mas que en un reencuentro. Cuando se está cara a cara no puede haber falsos semblantes, ninguna escapatoria es posible.

He abierto el grupo de meditación Un Zen Occidental en París en 1999. Inmediatamente he querido eliminar los hábitos zen tradicionales; el kolomo y el kesa (La ropa negra y la toga budista). ¿Que sentido tiene vestirse así una hora por día en un contexto parisién? ¿Ponérselos no consiste finalmente en jugar al Zen, o incluso en dejar que se crea que yo tendría alguna particularidad que los participantes no tendrían?. También se trataba de un reto. ¿Si me despojaba de las apariencias sería aún capaz de hablar del Zen? A pesar de que es confortable guardar las formas, nos permiten estructurar el discurso, aun mejor amueblarlo, prefiero ir al corazón: ¿Qué es mi vida? Con el kesa es algo diferente. Con Tokuda he practicado en un contexto japones. El kesa allí afirma, ante todo, una afiliación a una escuela determinada. Llevas uno de tal o cual color, de tal o cual forma, y cualquiera identifica inmediatamente vuestro estatuto y vuestra línea. Permanezco persuadido de la necesidad de un kesa, hábito altamente simbólico que marca la identidad budista, pero yo no puedo llevar un kesa Sôtô que en el fondo implica reivindicarse como miembro de esta escuela. Intento en este sentido permanecer simplemente coherente con mi posición.

Tenemos a pesar de todo un mínimo de ritual. Al final de la meditación el responsable recita una dedicatoria en francés: "Que estas virtudes que se expanden por todas partes agoten la fuente de los sufrimientos y nos permitan con todos los seres realizar la vía del despertar". Esta simple frase permite encuadrar completamente el sentido de la meditación. La finalidad de esta práctica no es un bienestar. Indica que estamos en un lugar budista. A primera vista, para quien practica en nuestro grupo, la meditación puede parecer muy informal. Hay sin embargo algunas formas, pues nunca se puede abandonarlas totalmente. Pero nosotros preferimos permanecer en lo ordinario.

P. ¿Cual es su nombre zen?

R. Recibí la ordenación de bonzo zen en agosto de 1981. Conforme a la tradición japonesa Taisen Deshimaru me dio un nombre doble, compuesto de cuatro ideogramas: Reishin Dôjô. El primero, Reishin ("Bosque espiritual") recuerda el nombre de Reirin ("Bosquecillo espiritual") Yamada, que trasmitió el dharma a Taisen Deshimaru. Es tradicional, en efecto, que el maestro retome para su discípulo ideogramas que se encuentren en su propio nombre, o en el de su propio maestro. Reirin Yamada fue abad del templo de Zenshûji en Los Ángeles al comienzo de los años 60 y, al final de su vida, abad del monasterio de Eiheiji, una de las dos catedrales de la escuela Sôtô. En cuanto al segundo nombre, Dôjô, "castillo de la vía ", recuerda el castillo (de hecho una casa solariega) de la Gendronnière, la propiedad que había adquirido Taisen Deshimaru en 1979 para hacer un centro zen. Todos aquellos que ese día recibieron la ordenación tenían igualmente el ideograma jô ("castillo, ciudad fortificada ") en su nombre. Hoy en día todo eso resuena un poco oriental, para mi gusto. Podría tomar un sobrenombre, como es costumbre en la tradición zen. Un sobrenombre que reflejara mejor mi identidad de practicante de Un Zen Occidental. Estoy buscando.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La experiencia corporal de la no dualidad,Éric Rommeluère

Con frecuencia hablamos del zen como una práctica de tipo espiritual. El significado de este término para nosotros - educados en el marco de una tradición dualista, como la cristiana, pero cuyos origenes podemos igualmente rastrear en Platón y Aristoteles - desliza un significado confuso, opuesto en realidad a lo que propone el zen. Interpretamos el espíritu, la mente, como algo opuesto a la materia, y por extensión al cuerpo. Se trata entonces de hacer prevalecer uno sobre otro. Sin embargo para el zen el significado de este término es completamente distino. Para el zen la adhesión a cualquiera de estos dos extremos representa un error, fruto de nuestra ignorancia, la cual constituye precisamente la causa de nuestros sufrimientos (sc. dukha). Para el zen no se trata de optar entre la mente o el cuerpo sino de trascenderlos a ambos en la realidad misma, que precede a ambos. La puerta de acceso a la misma es la experiencia corporal, la acción misma en la que ambos componentes, percibidos a posteriori como separados, son uno. En elte nuevo artículo de Éric Rommeluère que presento a continuación, éste nos habla de esta cuestión a partir de su lectura de Dôgen (1200-1253).

Este artículo es la versión reelaborada por su autor de una conferencia dada , en el marco de un coloquio interreligioso organizado por el Centro Teológico de Meylan (cerca de Grenoble), en julio de 1999, sobre el tema de la no dualidad. Mi traducción del mismo está igualmente disponible en la página de la Asociación Un Zen Occidental animada por Éric Rommeluère


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La experiencia corporal de la no dualidad
en el Maestro Dôgen

Éric Rommeluère


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La doctrina de la no dualidad (j. funi) entre nirvâna y samsâra funda el pensamiento del Gran Vehículo (s. mahâyâna, j. daijô). Al proponer la igualdad de ambos términos antinómicos esta nueva corriente rompe con los planteamientos de las antiguas escuelas indias para las que el nirvâna no podía ser más que una realidad distinta y siempre separada del samsâra, el ciclo de renacimientos. El Chan/Zen continua ciertamente las especulaciones de los grandes textos mahayanistas y de sus comentarios chinos sobre esta no dualidad. Una obra célebre, como la "Recopilación de la transmisión de la lámpara [de la época] Jingde" (Jingde Chuandeng lu, j. Keitoku dentôroku), compilada en los alrededores del año mil, verdadera biblia del Chan bajo los Song, retoma por ejemplo una serie de catorce poemas compuestos por un maestro chino pre-chan conocido por el nombre de Maestro Zhi (Zhigong alias Baozhi, Hôshi, 418-514). Los títulos son explícitos: "El despertar y las pasiones no son dos", "El respeto y la trasgresión [de los preceptos] no son dos", "Los budas y los seres vivientes no son dos", "La tranquilidad y la confusión no son dos", "El bien y el mal no son dos", "La forma y el vacío no son dos", "La vida y la muerte no son dos", "Cortar y volver no son dos", "Lo supremo y lo mundano no son dos", "Liberarse y atarse no son dos", "Lo visto y el ver no son dos", "El movimiento no tiene trabas" y por fin "La ilusión y el despertar no son dos" [1]. Estos ejemplares poemas de la literatura budista china no son, de hecho, más que variaciones sobre el tema de esta identidad del nirvâna y del samsâra. El título de la primera pieza evoca la célebre fórmula paradojal de la escuela Tendai, "las pasiones no son distintas al despertar" (j. bonnô soku bodai) – fórmula que, dicho sea de paso, no implica permisividad [2].

Como heredero de la tradición Chan (pero igualmente, aunque es menos conocido, de la tradición Tendai), Dôgen interpretará y jugará con estas fórmulas paradójicas nacidas de la transformación mayor de perspectiva propuesta por el Gran Vehículo indio. Mas no se contenta con abrazar las perspectivas mahayanistas, las repiensa, las vuelve a trabajar hasta modificar su significación original. Es único en esto. Dos equivalencias le son propias y constituyen temas específicamente dogenianos: se trata de los principios según los cuales "la práctica no es diferente de la realización" (j. shushô ichinyo) y "el ser no es diferente del tiempo" (j. uji funi); estos han sido, hasta la actualidad, objeto de numerosos comentarios. Pero mas que abordar el sentido de estas célebres fórmulas y sus posibles relaciones con la igualdad del samsâra y del nirvâna, ¿no sería necesario en primer lugar abordar otra equivalencia?, muy a menudo olvidada, que aparece como primera y fundadora de su pensamiento, a saber, el principio de no dualidad del cuerpo y el espíritu (j. shinjin funi).

Para Dôgen, en efecto, el cuerpo es espíritu. Sin embargo, hay que recordarlo, esta identificación no es un dogma general del budismo sino-japones. Su historia está atravesada precisamente por una controversia recurrente sobre el dualismo del cuerpo y del espíritu: ¿el espíritu es o no es una entidad independiente del cuerpo, que sobrevive tras la muerte?, o mejor ¿existe un "alma" (j. shinrei)? Los chinos han tenido una cierta dificultad en integrar la noción budista de una trasmigración sin trasmigrador y toda una corriente ha desarrollado un pensamiento propiamente reencanacionista. ¿Acaso Huiyuan (j. Eon, 344-416), uno de los primero budistas chinos en haber disputado sobre la cuestión, no escribió una obra de titulo categórico?: "La forma desparece pero el alma es indestructible" [3]

Dôgen toma posición en esta controversia denunciando la antigua herejía Senika (j. senni gedô), una de las visiones heterodoxas de la época de Buda, según la cual el espíritu permanece como una entidad inmutable y permanente que se escapa del envoltorio corporal tras la muerte. En un pasaje célebre sobre el "alma" escribe:

Intentad comprender que el dogma de la unidad del cuerpo y el espíritu ha sido siempre enseñado en el budismo. ¿Como entonces, mientras que este cuerpo nace y desaparece, únicamente el espíritu separado del cuerpo no estaría sujeto al nacimiento y a la desaparición? Si a veces hay unidad y a veces no, entonces la enseñanza de Buda no sería más que mentira. Es mas, considerar que el samsâra es a eliminar es una falta que envilece el budismo. ¿No hay que abstenerse de eso? [...] A partir de ahí en este dharma, ¿como podríamos distinguir el cuerpo del espíritu o separar el samsâra del nirvâna? Sois hijos de Buda, no prestéis atención a los energúmenos que vociferan puntos de vista heréticos. [4]

La invectiva final permite comprender que su posición no era compartida por todos sus contemporáneos. La relación establecida entre la no dualidad del cuerpo y el espíritu y del samsâra y el nirvâna no está aquí desprovista de importancia. El espíritu está adosado al cuerpo; o mejor, el espíritu no es diferente del cuerpo. La liberación (la realización del nirvâna) ya no es una proyección del espíritu sino una experiencia que devuelve a este cuerpo y a esta vida. Se trata, según una de sus expresiones, de que "el cuerpo y el espíritu practiquen la vía" (j. shinjin gakudô [5]). La liberación no está en otro lugar mas allá de la muerte. Todo pasa aquí (abajo). Las reflexiones sobre los renacimientos no tendrían mucho interés – es decir sentido – para él [6].

Para que el despertar tenga lugar necesita un sitio. La escuela Zen se designa como escuela del espíritu de Buda (j. busshinshû), pero ante todo, para Dôgen, no puede ser sino una escuela del cuerpo. Un cuerpo en el que va a inscribirse precisamente el despertar. Y no es por casualidad si rechaza esta denominación por ser demasiado espiritual desde su punto de vista. Como él escribe:
Si hay una escuela del espíritu de Buda, debería haber una escuela del cuerpo de Buda, una escuela del ojo de Buda, una escuela de la oreja de Buda, una escuela de la nariz y de la lengua de Buda. [7]

Quien dice espíritu, forzosamente dice cuerpo. Es afirmando la corporalidad que Dôgen va a desarrollar su sistema filosófico, repitiendo hasta la saciedad que una distinción entre cuerpo y espíritu no es otra cosa que "provisional" [8].

La inseparabilidad del cuerpo-espíritu funda de entrada la necesidad de practicar con el propio cuerpo. Como dice en las "Notas ajustadas al Tesoro del ojo de la verdadera ley" (Shôbôgenzô zuimonki, II-26), el ejercicio de la meditación surge de esta identidad :

¿Se obtiene el despertar por el cuerpo o por el espíritu? Incluso en las escuelas de las escrituras se habla de la unidad del cuerpo y el espíritu y si se ha dicho que se obtiene por el cuerpo es en razón de esta unidad. Precisamente, obtenerlo por el cuerpo no es una cosa evidente. Actualmente, en nuestra escuela, se obtiene por el cuerpo y por el espíritu. Si entre ambos no se considera al budismo mas que con el espíritu, no se obtendría [el despertar] durante diez mil kalpa o durante diez mil vidas. [...] De esta forma obtener el despertar se hace precisamente por el cuerpo. Es por lo que yo enseño y recomiendo únicamente sentarse.

Por eso Dôgen se opone a un cierto naturalismo budista que desacredita la práctica en nombre de una budeidad innata. Se deben criticar, por ejemplo, las tesis de la escuela Daruma-shu, una escuela zen a la que pertenecían muchos de sus discípulos y que, precisamente, despreciaba los preceptos y la meditación. Pues si "este dharma es sobreabundante en cada uno, no puede manifestarse sin que se lo cultive, ni alcanzarse sin que se lo realice." [9]

La afirmación de la unidad del cuerpo y el espíritu no era evidente en la confusa época de Kamakura. En ese tiempo del fin de la Ley (j. Mappô), ¿ todavía se pensaba poder realizar el despertar en este cuerpo? La teoría ampliamente aceptada, en el Japón medieval, de la degeneración de la Ley budista realmente había establecido un divorcio entre práctica y despertar. Las doctrinas de la Tierra Pura, que surgieron de este sentimiento de impotencia, proponían ciertamente una práctica, la recitación del nombre de Amida, pero ello permitía simplemente renacer en la Tierra Pura. En esta perspectiva el despertar estaba siempre diferido en un más allá. Dôgen proponía por contra un despertar en el más acá. Pues si bien la invocación amidista compromete al cuerpo entero, no está subtendida por esta concepción del cuerpo-espíritu como único lugar del despertar [10].

Se ha comentado ampliamente la famosa expresión de Dôgen, alusiva de su despertar bajo la dirección de su maestro ; "cuerpo y espíritu desnudos" (j. shinjin datsuraku), y sobre el sentido de este "desnudamiento". Pero , ¿más bien, no se debería desplazar previamente la interrogación sobre esta pareja, "cuerpo y espíritu"? Numerosas expresiones de Dôgen muestran, en efecto, esta necesidad de inscribir la experiencia del despertar en el cuerpo: Son "el cuerpo-espíritu que practican la vía" (j. shinjin gakudô), "el salto de cuerpo-espíritu" (j. shinjin chôsustsu), o "el salto del cuerpo entero" (j. konjin chôshutsu). ¿A donde saltar, si no es al dominio del nirvâna, con el propio cuerpo de carne, de sangre y de deseo ?– en una palabra con el propio cuerpo samsárico.En uno de sus cuartetos chinos, Dôgen precisa:

Recoger la cabeza y las patas como una tortuga no es no apropiarse
Eso corresponde a perder o ganar palabras vacías.
Los dragones y las serpientes mezclados tienen el aspecto de dragones y serpientes,
La sentada total del cuerpo siempre ha tenido alas. [11]

Realizar la no dualidad del cuerpo y del espíritu, del nirvâna y del samsâra, no vuelve a solidificarse nunca en la unidad. Para Dôgen, literalmente, no se podrá nunca retornar al Uno (según la celebre formula zen). La no dualidad no excluye la dualidad.

Repetidas veces Dôgen diserta sobre dos palabras vacías de la lengua china, el comparativo "como" (j. nyo) y la cópula "este" (j. ze), que asociadas, forman la palabra "así" (j. nyoze), que es posible leer como una variante del término budista "talidad" (j. shinnyo), el dominio de las cosas "tal como ellas son". Dôgen vuelve a dar a estas dos palabras un pleno sentido, describiéndolas implícitamente como dos modos de la no dualidad: la similitud y la equivalencia. La equivalencia siempre deja subsistir una separación entre sus dos términos. La talidad se convierte pues en el reino de las contradicciones, un espacio que no reabsorbe las oposiciones sino que las mantiene sin que se obstaculicen mutuamente. El no dos no es el uno. Ni fusión, ni amalgama, es la contradicción misma, el entrelazamiento o, por retomar un término zen tradicional, la mezcla (j. kattô) de los contrarios. Como Dôgen escribe, en su estilo tan particular, en un pasaje sobre el no yo (j. muga):

Un perro no tiene la budeidad y un perro tiene la budeidad. Todos los seres no tienen la budeidad y todas las budeidades no tienen el ser. Los budas no tienen el ser y los budas no son el buda. Todos los seres no tienen ser. [...]. Comprended que saltar de un cuerpo entero es en si una mezcla (Shirubeshi, chôshutsu konjin ji kattô nari). [12]

La realización del no yo no puede ser concebida como una aniquilación reciproca de un yo y un tú. En este sentido la no dualidad permanece siempre mas acá de la unificación; la talidad/no-dualidad no hace más que reunir (por similitud-equivalencia). No es desaparición, sino mas bien intimidad (j. shinsetsu, shimmitsu). Se podría incluso decir que la alteridad no es alterada radicalmente, toma simplemente (o, mas bien, se inscribe en) otra expresión. Ello es particularmente claro en sus consideraciones sobre las relaciones de maestro y discípulo: Dôgen pensará la transmisión como un reencuentro, no como una transmisión-infusión (según la imagen, clásica sin embargo, del agua que fluye de un vaso). El no yo jamás puede hacer advenir el tú, igual que Buda no puede jamás hacer advenir otro buda. El yo y el tú de maestro y discípulo deben mostrarse en toda su plenitud y, al mismo tiempo, no pueden reencontrarse más que en el no yo. Dôgen cita a menudo un dialogo entre el sexto patriarca y su discípulo Nanyue (j. Nangaku, 677-744). El primero pregunta al segundo: "¿Entonces dependes o no de la práctica y la realización?" Nangaku responde: "No es que no halla práctica y realización pero no puedo mancharlas." Y el sexto patriarca concluye: "Esta no mancha es observada por todos los budas. Tu eres como esto (j. nyoze), yo soy también como esto, hasta los maestros-patriarcas de los cielos del oeste eran también como esto." En uno de sus comentarios Dôgen escribe:

En esta no mancha el yo, que es como tal un yo que todos los budas preservaron, forma las actitudes majestuosas de los budas en su práctica. El tú, que es como tal un tú que todos los budas han preservado, forma las actitudes majestuosas de los budas en su práctica. El maestro es notable por "también yo", el discípulo es excelente por "también tú". El maestro notable y el discípulo excelente son dotados de ciencia y de práctica entre los budas en su práctica. Sabed que "lo que todos los budas han preservado" es "también yo" y "también tú". [13]

La no mancha (j. fuzenna), expresión retomada del dialogo, se entiende aquí como no dualidad. No hay nada entre el cuerpo y el espíritu, entre la práctica y la realización, nada entre el yo y el tú, nada entre el samsâra y el nirvâna. Por otra parte, sin embargo los pares, no están disueltos. Igual que, en la meditación, "yo soy buda" pero yo no desaparezco en buda [14]. La meditación que Dôgen califica como "práctica-realización sin mancha" (j. fuzenna no shushô) [15], la gran puerta que permite acceder al nirvâna.

¿Antes incluso que hablar de intimidad, no hay que hablar de interdependencia? Como en este pasaje de Gabyô, uno de los capítulos de su Shôbôgenzô:

Cuando se manifiestan, cada manifestación puede manifestarse sin fundirse con las otras. Esta es la esencia de la enseñanza de los ancianos. No confundáis las consideraciones sobre la identidad y la diferencia con la fuerza del estudio. Es por eso que ha sido dicho: "Si se penetra un dharma, se penetran diez mil." En "Si se penetra un dharma", donde no se entiende la ocultación de su rostro, tampoco la creación de una oposición mutua o de una no oposición. Crear una no oposición es un impedimento mutuo. Si se actúa de tal manera que la penetración no se impida a si misma, una penetración vale diez mil. Una penetración es un dharma y penetrar un dharma se convierte en penetrar diez mil. [16]

Frecuentemente se pasa en silencio sobre la tensión implícita en la identificación de samsâra y nirvâna: mantener la equivalencia es sin embargo arriesgado [17]. Riesgo de confusión: decir que las pasiones son el despertar puede justificar el abandono, incluso la trasgresión de la moral. Riesgo igualmente de caer en una tautología estéril donde el samsâra no sería más que el samsâra, o la ilusión no sería más que una ilusoria ilusión. El no actuar no es en realidad reposar completamente. Hay que mantener siempre las condiciones de la equivalencia, a la vez en el cuerpo y en el espíritu. Ecuación resuelta, para Dôgen, por la meditación sentada.

El Zen tiene esa famosa metáfora del espejo al que se le quita el polvo. A la búsqueda de un sucesor el quinto patriarca pide a sus discípulos que compongan un poema. El jefe de los discípulos escribe:

El cuerpo es el árbol del despertar,
El espíritu se parece al soporte de un reluciente espejo
Aplicaros en limpiarlo constantemente
De manera que ninguna mota de polvo se deposite en él.

Como respuesta un iletrado, Huineng, escribe (¡o mas bien hace escribir!):

En el origen no hay árbol del despertar
Y el reluciente espejo no tiene soporte
Ya que la naturaleza de Buda es siempre pura e inmaculada
¿Donde pues se adheriría el polvo? [18]

Este segundo poema será considerado superior y es Huineng el que recibirá la sucesión, convirtiéndose así en el sexto patriarca de la escuela Zen. ¿Pensaba negar así todo valor a la práctica, sacrificada sobre el altar de la vacuidad? Dôgen ha comentado repetidas veces un famoso diálogo sobre la meditación entre los maestros chinos Nanyue Huairang (j. Nangaku Ejô, 677-744) y Mazu Daoyi (j. Baso Dôitsu, 708-788). Nanyue pregunta a este último qué es lo que busca en la meditación. Mazu le responde que busca convertirse en Buda. Entonces Nanyue coge una teja y se pone a pulirla. Baso le pregunta la razón. "Para hacer un espejo", responde Nanyue. "¿Como puede hacerse un espejo puliendo una teja?", pregunta Mazu. Y Nanyue le responde "¿Como se puede convertir uno en buda por la meditación sentada?" En sus comentarios Dôgen toma a contracorriente la interpretación tradicional de esta conversación y declara: Sí, hay que pulir; sí, hay que hacer al buda (j. sabutsu); sí, hay que comprometer el cuerpo y el espíritu – pues la meditación no es distinta que el pulido de una teja.

No hay polvo sobre la teja, solo pulimos la teja como a una teja. Allí se manifiestan los méritos de hacer un espejo, se trata del trabajo de budas y patriarcas. Si el pulido de una teja no hace un espejo, incluso el pulido de un espejo no podría hacer un espejo. Quién sabría comprender que en este hacer hay un devenir buda y un hacer espejo. [19]

La liberación reside en el acto de hacer buda. La teja no se transforma en un espejo y sin embargo, en la acción misma de pulir, la teja se hace espejo. La equivalencia "el samsâra es el nirvâna" es realizada (actualizada) por la acción y la tensión disuelta. Y si las teorías del Gran Vehículo aparecen como paradójicas, Dôgen nos propone una nueva paradoja: la de un espejo no manchado al que hay que quitar sin cesar el polvo. Pues si no se le quitara nunca el polvo se caería precisamente en la encrucijada del naturalismo y el samsâra no sería a partir de entonces más que un triste samsâra.

En la expresión "tan solo sentarse" (j. shikantaza), una de las palabras maestras de Dôgen, no se incluye tan solo el hecho de "tan solo sentarse" (i.e. "no hacer mas que") en meditación sino igualmente toda la exactitud, toda la adecuación de la práctica y la realización (j. shushô ichinyo) evocada al principio del artículo. Una práctica corporal, una realización espiritual:
Pensar que práctica y realización no están en unidad no es aquí mas una concepción herética. En el budismo práctica y realización son idénticas. Puesto que, en el mismo instante, es una práctica fundada sobre la realización, la negociación de la vía del principiante no es distinta de la completa realización original. [...] Por poco que hubiera una realización en la práctica, no hay fin a la realización, por poco que hubiera una práctica en la realización, no hay comienzo de la práctica. [20]

Como en un juego de espejos las equivalencias cuerpo-espíritu, práctica-realización, samsâra-nirvâna, se remiten unas a otras.

Pero no se podría comprender totalmente esta no dualidad de la práctica y la realización en Dôgen sin evocar rápidamente su filosofía del tiempo. Si la práctica es realización, ¿no es igualmente simultánea a la realización, nunca anterior, nunca posterior? La cópula es también temporal. Experimentar la talidad, así como la no dualidad, tiene que ver con el tiempo. "La talidad es el cuerpo-espíritu del presente" (j. nyoze wa nikon no shinjin nari) [21] escribe precisamente Dôgen. ¿Como comprender esta críptica formula? La talidad no se confunde únicamente con el presente. Se trata, dice, del cuerpo-espíritu del presente. Para Dôgen, la experiencia lineal del paso del tiempo pertenece a lo vulgar: él apunta a otro aspecto del tiempo. El presente del cual habla Dôgen es el presente del nirvâna, un presente singular que no tiene comienzo ni fin, donde el ser es el tiempo. Sin embargo este presente es vivido siempre en el seno de la temporalidad samsárica. Es precisamente en la meditación que se manifiesta. He aquí porqué el cuerpo y el espíritu deben insertarse entre la talidad y la temporalidad. "La talidad es el cuerpo-espíritu del presente": ¿no deberíamos más bien decir que el cuerpo-espíritu se revela en nosotros, en el proceso meditativo, como presente de la talidad? Dôgen nos indica comprender lo que es este cuerpo de carne y sangre y el presente de este cuerpo. En resumen, comprender esta verdad del Gran Vehículo, que el samsâra es el nirvâna, que todo lo que es nacido no está solamente destinado a la muerte sino que fundamentalmente es no nacido. La meditación es la vía regia hacia esta comprensión.


Notas

[1] Jingde Chuandeng lu, j. Keitoku dentôroku, Taishô, volumen 2076, sección 29.
[2] Cf. Por ejemplo el comentario del maestro japonés Gishin (833) de la escuela Tendai en su "Compendio de doctrinas de la escuela del Loto" (Hokkeshûgishû): "La distinción entre error y comprensión interviene en función de las condiciones, pero desde el punto de vista del aspecto inmutable, pureza y suciedad son substancialmente uno. He aquí por qué sostenemos que las pasiones son idénticas al despertar y que el ciclo de muertes y nacimientos [el samsâra] es idéntico a la extinción [el nirvâna]." (Traducción de Jean-Noël Robert, Les doctrines de l'école japonaise Tendai au début du IXe siècle : Gishin et le Hokke-shû gi shû, Paris, Maisonneuve et Larose, 1990, p. 151).
[3] ¿La oposición/yuxtaposición de cuerpo y espíritu, no es constitutiva de cierto pensamiento chino? En el Taoísmo lo sabios no cesan de abandonar su envoltura corporal para retozar en el Tao. Su éxtasis es una desposesión del cuerpo en la que el espíritu se va a "cabalgar el viento". Y si los inmortales llevan su cuerpo al mas allá, dejando un ataúd vacío, es un cuerpo refinado, transformado, espiritualizado, un cuerpo de gloria, que se llevan con ellos. Sobre el debate budista leer el resumen de Anne Cheng en su Histoire de la pensée chinoise, "La controverse sur le corps et l'esprit", Paris, Éditions du Seuil, 1997, pp. 356-360.
[4] Shôbôgenzô capitulo Bendôwa, "Declaración sobre la negociación de la vía", 1231.
[5] La traducción, leída a menudo, del shinjin gakudô por "el estudio de la vía por medio de/por/con el cuerpo-espíritu" introduce una separación entre la persona y el cuerpo completamente extraña en el pensamiento oriental (shin significa a la vez "cuerpo" y "persona").
[6] A pesar de que retome incidentalmente la teoría de los períodos sucesivos de siete días de la existencia intermediaria (entre dos vidas). Cf. Shôbôgenzô capítulo Dôshin, "El espíritu de la vía", sin fecha.
[7] Shôbôgenzô, capítulo Butsudô, "La vía de Buda", 1243.
[8] Cf., por ejemplo, Shôbôgenzô capítulo Shinjin gakudô, "El cuerpo y el espíritu estudian la vía", 1242.
[9] Shôbôgenzô capítulo Bendôwa. Según la traducción de Bernard Faure, La Vision immédiate, p. 75.
[10] No podríamos resumir aquí en pocas palabras las diferentes concepciones del despertar y sus evoluciones en las doctrinas de la Tierra Pura. Shinran (1173-1262), que funda su propia escuela, dice "la verdadera escuela de la Tierra Pura" (jap. Jôdôshinshû), retoma el principio de la igualdad entre el samsâra y el nirvâna; considera que el corazón del practicante, solo por su fe, ya se encuentra en la Tierra Pura. Cf. Sur le vrai bouddhisme de la Terre Pure, textos escogidos, introducidos, traducidos y anotados por Jean Eracle, París, Éditions du Seuil, 1994, pp. 43-46.
[11] Eihei kôroku, "La colección completa [las charlas] de Eihei [Dôgen]", IX. 85.
[12] Shôbôgenzô capítulo Sanjûshichihon bodaibumpô, "Las treinta y siete marcas del despertar", 1244.
[13] Shôbôgenzô capítulo Gyôbutsu igi, "Las majestuosas actitudes de los budas en su práctica", 1241.
[14] Es así que hay que leer la frase enigmática de su Shôbôgenzô, capítulo Zazenshin, "Tratado de meditación sentada", 1242: "En el no pensamiento hay otro y es este otro lo que me preserva." [volver].
[15] Shôbôgenzô capítulo Zazengi, "Las reglas de la meditación sentada", 1243.
[16] Shôbôgenzô capítulo Gabyô, "La imagen de un pastel de arroz", 1242.
[17] Retomo aquí algunas consideraciones desarrolladas por Bernard Faure en Visions of Power: Imagining medieval Japanese Buddhism, Princeton, Princeton University Press, 1996, por ejemplo p. 17.
[18] Las circunstancias de la transmisión entre Hongren (601-674) y Huineng, quinto y sexto patriarcas, desde luego recogen mas de leyenda que de realidad histórica.
[19] Shôbôgenzô capítulo Kokyô, "El viejo espejo", 1241.
[20] Shôbôgenzô capítulo Bendôwa.
[21] Shôbôgenzô capítulo Hotsumujôshin, "La producción del espíritu insuperable", 1244.

martes, 12 de mayo de 2009

Más allá de las palabras, Éric Rommeluère

La práctica de la meditación se sostiene en tres pilares: La postura, la respiración y la mente. Si en relación a los dos primeros las instrucciones suelen ser bastante claras (si bien podemos encontrar algunas variaciones respecto a la respiración) las instrucciones sobre que hacer con la mente suelen ser, cuanto menos, imprecisas. ¿Cual es la razón de esta imprecisión?

En la práctica correcta de zazen realizamos el samadhi (jap. zanmai), la unidad entre cuerpo y mente. Este es un estado que trasciende a la mente, tanto como al cuerpo, es un estado inefable, no reductible a las palabras. La mente se hace una con nuestra realidad de vida cuando nos sentamos en zazen. Esta realidad de vida no podemos realizarla más que con un cuerpo, con nuestro cuerpo. En la meditación nos situamos más allá de las dualidades, de las discriminaciones, en definitiva de lo simbólico. Es por ello que el lenguaje, como medio de expresión de esa realización de la no dualidad, resulta limitado para expresar algo que lo trasciende.

Es una condición de existencia del lenguaje la introducción de la dualidad en la percepción del mundo (así como de cualquier sistema simbólico; las diversas ciencias, las artes, los rituales, el inconsciente, etc., todos los cuales poseen la estructura de lenguajes). “La lengua tiene el carácter de un sistema basado basado completamente en la oposición de sus unidades concretas [...], en la lengua no hay más que diferencias ”, el mismo Ferdinand de Saussurre, fundador de la lingüística contemporánea, nos lo recuerda.

En el texto, cuya traducción presento a continuación, el enseñante zen Éric Rommeluère elabora una reflexión a partir de una frase que le dijo Ryôtan Tokuda; “Sentarse es olvidarse de las palabras”. Su discurso ilumina a su vez la paradójica frase que recoge Dôgen, retomando a su vez una conversación entre Yakusan Igen y un monje, en el Fukanzazengi: “¿Cómo puede el estado más allá del pensar ser pensado?” Éric nos ofrece aquí nuevas pistas respecto a este enigmático tercer pilar que entra en juego cuando nos sentamos.

En la ilustración que acompaña esta entrada se recoge un dicho atribuido al legendario fundador del zen Bodhidarma (jap. Daruma):

"Una transmisión avanzada más allá de las Escrituras
Que no depende ni de palabras ni de letras

Que apunta directamente a la mente y al corazón del hombre
Para percibir la propia naturaleza y alcanzar la Budeidad
"

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Sentarse en el sinsentido

Éric Rommeluère (1993)

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La realidad no existe. No existe mas que la realidad de las palabras. Cuando nosotros nacemos, nacemos a las palabras, no al mundo. Las palabras son los soportes sobre los que reposa el mundo; el mundo tal como lo hago existir por las palabras. El mundo en sí no es ni azul, ni amarillo, ni rojo, ni blanco, ni negro, ni alto, ni bajo, ni grande, ni pequeño. Sin embargo, sin esas palabras no podríamos manejarnos en este mundo. Sin palabras todo no sería mas que caos y nuestro ser estaría desestructurado. Me dicen: "Esta mesa es azul"; yo comprendo lo que me dicen, ¿pero qué es lo que yo sé realmente de esta mesa? absolutamente nada.

No podemos vivir mas que porque existen las palabras. No estamos hechos únicamente de carne y sangre, sino por palabras y mas palabras. Pero estas palabras, que son para nosotros la fuente de la vida, están al mismo tiempo en el origen de nuestros sufrimientos. He aquí toda la paradoja de la vida humana.

Las palabras son los sujetos de todas nuestras actividades. Las palabras están en el centro de todos nuestros deseos. El espacio entre el nacimiento y la muerte es a veces tenue, a veces infinito, pero el hombre avanza inexorablemente sobre el camino que le lleva del nacimiento a la muerte. ¿Que es este camino? Del nacimiento nacen las palabras. De las palabras nace la conciencia. De la conciencia nace la existencia. De la existencia nace la oposición. De la oposición nace la contradicción. De la contradicción nace el sufrimiento. Un camino marcado cada instante por las palabras.

Estudiar el budismo es preguntarse como vivir en este mundo de nacimiento y de muerte, es preguntarse como vivir con las palabras. Practicar el budismo es andar consciente sobre este camino que va del nacimiento a la muerte.

En nuestra escuela Zen tenemos un método maravilloso para interrumpir todas estas transmigraciones mentales. Se llama zazen, la meditación sentada. Consiste tan solo en sentarse y olvidar las palabras. ¿Que hacemos en esta postura? Sentados derechos no practicamos nada, no contemplamos nada, no comprendemos nada y no realizamos nada. Sentados derechos no distinguimos nada, no discernimos nada y no juzgamos nada.

El maestro Dôgen a escrito en su Fukanzazengi: "No penséis en bien ni en mal, no hagáis distinción entre lo verdadero y lo falso. Parad la agitación de la consciencia y cesad toda consideración."

Todo aquello que nosotros hacemos es volvernos libres de las palabras. La conciencia meditativa ya no está atada por las palabras. La palabras surgen en la mente, pero ya no forman frases. ¿Quién podría entonces encadenarse?

Abandonando las palabras así, el sinsentido irrumpe bruscamente en nuestra vida. En esta postura del cuerpo no se puede coger nada. En esta postura de la mente no se puede comprender nada. La palabras nos faltan completamente. No se puede agarrar nada. Todo está ahí, ante nuestros ojos, y no podemos decir nada. Todo está ahí, ante nuestros ojos, y no hay nada que decir. La conciencia es aguda pero las palabras no encuentran su lugar.

¿Que hacer con esta brecha de sinsentido? Algunos, habiéndola conocido, la vuelven a cerrar. Otros la amplían cada vez más hasta retozar en ella. ¿Que hacer con esta brecha de sinsentido? Absolutamente nada. Bailamos ahí justo por encima de nuestras ilusiones. Bailamos ahí justo por encima de todos nuestro sufrimientos.

La ausencia de un porqué es la esencia de nuestra meditación. Si añadimos un porqué a esta práctica, le damos un sentido. Y por ese sentido nuestra meditación se ensucia.

Aquellos que vienen a sentarse buscan una respuesta para esta sentada. Algunos hablan de bienestar, de salud, de iluminación incluso. Algunos experimentan los efectos, otros se despiertan. Todo esto todavía no son mas que construcciones de palabras. Después de todo, eso no es mas que perpetuar de una forma feliz las idas y venidas en este mundo ilusorio. Sin embargo, la mayoría permanecen atontados no encontrando respuesta a sus preguntas. No comprenden que sentarse así es detener todo cuestionamiento. ¿Como podrían obtener una respuesta ahí? Abandonan también rápidamente la brecha que habían abierto.

Otros continúan practicando la meditación y dicen practicar para nada. Pero tras esa nada se esconde simplemente el sentido que su inconsciente disimula. Cada uno de nosotros, que hemos venido a sentarnos, aportamos junto con nosotros nuestra motivación. Nos hace falta comprender este porqué, esclarecerlo, derribarlo y por fin pasar la puerta para entrar en la pura meditación. Si nuestras motivaciones son inconscientes, esta puerta es aun mas difícil de franquear pues entonces nos enfrentamos con nuestra memoria oculta o con nuestros nudos escondidos. La práctica de la meditación es a veces la única manifestación de nuestras propias neurosis. Todos nuestros discursos interiores nos impiden pasar esta puerta. Sentándonos debemos abandonar todos los porqués, incluso esta simple palabra "nada" y penetrar profundamente en la oscuridad del sinsentido.

Esta práctica no tiene significado. Ahí está todo el secreto del Zen. Sentado se es como un mudo que no tendría nada que decir, como un sordo que no tendría nada que escuchar, como un idiota que no tendría nada que comprender. ¿Para que puede servir un abanico en pleno invierno?

Hay numerosas formas de actuar en este mundo. En el budismo se distingue la acción del cuerpo, de la mente y de la boca. Todas se realizan a través de la emisión de palabras; las palabras del cuerpo, las palabras de la mente y las palabras de la boca. Todas estas acciones llevan en si una significación que se puede reducir a la del mantenimiento del sentido del ser. Para el hombre que posee la conciencia es mas bien la búsqueda del sentido del sentido. Esta física y esta metafísica es lo propio del hombre. Es su manera de avanzar sobre este camino que va del nacimiento a la muerte. La práctica del budismo, como respuesta a estas cuestiones, es continuar viviendo en el dominio ilusorio de las creaciones humanas.

Existe esta singular acción que se llama meditación. Existen numerosas maneras de sentarse en meditación, cada uno las experimenta con tiempo. Existe la sentada del cuerpo; es el reposo. Existe la sentada del espíritu; es la tranquilidad. Existe la sentada donde el cuerpo abandona el espíritu; es el entumecimiento. Existe la sentada donde el espíritu abandona el cuerpo; es la agitación. La calma no es mas que la agitación en su punto cero, no su superación, igual que la felicidad y la satisfacción son el simple equilibrio de fuerzas antagónicas y no la supresión de estas fuerzas. También estos estados se suceden incansablemente en el silencio de la meditación, como el día sucede a la noche.

Sin embargo, en medio de todas estas sentadas, aparece la sentada donde el cuerpo y el espíritu se abandonan, donde la calma y la agitación son superadas y donde nace una consciencia que trasciende la sentada; es lo que se llama tan solo sentarse.

El maestro Kôdô Sawaki dijo una vez: "Zazen no es una creación humana." En la meditación finalmente paramos de crear algo. Con solo este cuerpo y este espíritu rechazamos este cuerpo y este espíritu. Eso significa que, a pesar de que el cuerpo y el espíritu continúan su vida de cuerpo y espíritu, la conciencia comprende el vacío de cuerpo y espíritu. En un instante saltamos por encima de todas nuestras creaciones y paramos de un solo golpe el ciclo de nuestras trasmigraciones mentales.

El emperador Wu de los Liang preguntó al gran maestro Bodhidharma: "¿Cual es el principio supremo de la enseñanza sagrada?" Bodhidarma respondió: "Desierto y nada sagrado." El emperador dijo: "¿Quien está ante mí?" Bodhidarma respondió: "No lo sé".

Este desconocimiento siempre ha sido trasmitido y preservado como el secreto del Zen. Cara al muro no se mira nada, no se contempla nada, ¿que es lo que esta ahí, entonces, ante nosotros? Más las palabras se van y nos abandonan.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Etapas de la vacuidad, Sheng Yen

El maestro Sheng-yen es uno de los grandes maestros chan chinos contemporáneos. Nació en 1930 en una granja cerca de Shangai, y falleció en febrero del presente año. Recibió la ordenación a la edad de 13 años en un monasterio cerca de Shanghai. Durante la toma del poder por las tropas comunistas se dirigió a Taiwan donde pasó seis años en retiro solitario. Tras concluir este retiro vió la necesidad de educar tanto a monjes budistas como a laicos, así como la de adaptar esta enseñanza a los tiempos actuales. A continuación continuó estudios doctorales sobre el budismo en la universidad Rissho en Tokyo.

El Maestro Sheng-yen es heredero de las dos grandes tradiciones del Chan chino, las escuelas Caodong, de la que recibió la tramisión del maestro Ling-yuan, y Linji, en la que es el descendiente directo del maestro Xuyun. Dirige actualmente varios monasterios en Taiwan y es así mismo fundador del Ch'an Meditation Center en Nueva York. Preocupado por la preservación del material para la investigación y estudio del budismo, fundó en Taiwan el complejo llamado "Montaña del Tambor del Dharma" (en cuya página podemos encontrar otros textos en español del maestro Sheng Yen). Este complejo, dedicado a la práctica y al estudio, consta de un templo, una magnifica biblioteca, en la que se recogen los textos budistas de todas las tradiciones, y un monasterio, constituyendo una de las referencias academicas sobre budismo más importantes de toda Asia.

En este breve texto, traducido desde su versión francesa, este importantísimo maestro chan nos presenta la meditación como una profundización por etapas sucesivas, que van desde la conciencia ordinaria hasta el samâdhi. Cada una de estas etapas es descrita como una evacuación en la que el prácticante va progresando hasta alcanzar el estado de vacuidad. Este concepto de vacuidad es confundido a menudo por nosotros, practicantes occidentales, con el concepto de vacío, de desaparición de todo tipo de pensamiento. Grave error pues en la sabiduría china más bien quiere decir ausencia de pensamientos egóicos, pero no necesariamente ausencia de cualquier tipo de pensamiento, acercandose más bien a un estado de total disponibilidad y presencia. Si bien el planteamiento del maestro Sheng-yen es ligeramente diferente al practicado en la escuela Soto, cualquier practicante sincero de zazen podrá ver reflejados en este texto aspectos de su propia práctica.



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ETAPAS DE LA VACUIDAD

Sheng Yen

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Lo lleno y lo vacío tienen la misma dimensión. No hay diferencias entre los dos. Sin embargo los practicantes experimentan dificultades para abrirse un camino de lo lleno al vacío. No pueden volver de los fenómenos al fundamento de su ser: la vacuidad. Durante la meditación progresamos de los fenómenos a la vacuidad abandonando uno a uno nuestros estados mentales.

Cuando llegasteis a este retiro, os dije que dejarais en la puerta todos vuestros pensamientos ordinarios y vuestras costumbres – todo aquello relacionado con vuestra vida – , que los dejarais fuera. Es el primero de los abandonos, dejad las preocupaciones. El primer día he dicho que el entorno era particularmente ruidoso para nuestra práctica, con los ruidos, las radios, los niños, y he preguntado si los ruidos de fuera no os molestaban. La mayoría de vosotros ha respondido que no. Pero después una estudiante ha dicho que ella no estaba molesta por los ruidos exteriores, sino que únicamente mis palabras la molestaban. No podía dejar de pensar. Si yo os decía a todos que os relajaseis, ella se sentaba y se decía “estoy relajada, estoy relajada...”. Si os decía a todos que fueseis como un cadáver, pensaba “estoy muerta, estoy muerta...”. Ha dicho: “Puedo olvidar todo, salvo las palabras de Shih-fu” (maestro, en chino). Os dije que saludarais a vuestro cojín y que tuvierais el deseo de sentaros bien. Pero una vez sentados, olvidar todo eso.

Otro estudiante aun conservaba su deseo de meditar bien. Pero durante todo el tiempo que lo deseaba no meditaba, y ciertamente no meditaba bien. La segunda etapa consiste pues en abandonar los pensamientos que de improviso surgen a todo lo largo del retiro.

Para ir mas lejos en la evacuación, debemos olvidar la técnica misma de la meditación. Es como ponerse un par de gafas. Todo aquello que hay que hacer es olvidarse de que se las lleva puestas y mirar simplemente a través de ellas. Si sois conscientes de la gafas, a la fuerza eso se volverá fatigoso. El atleta de alto nivel que pasa años entrenándose es otro ejemplo. Cuando compite en una competición de verdad debe olvidar las técnicas y no hacer nada mas que competir. Si se quiere progresar verdaderamente en la meditación en un momento determinado hay que saber olvidarse de la técnica y limitarse a meditar. Aquí, mas o menos, todo el mundo tiene ese problema y no puede olvidar la técnica. A veces esto es una verdadera carga.

Cuando simplemente utilizáis la técnica, pero no pensáis en ella, habéis abandonado un factor mental particularmente importante. Pero hace falta ir aun mas lejos y olvidarse de vosotros mismos. Es como un hombre obnubilado por la visión de una chica hermosa que camina por la calle : se olvida y se mete de lleno en un charco. Cuando os olvidáis de vosotros mismos no tenéis puntos de vista ni sensación corporal. Si os olvidáis de la técnica pero no de vosotros mismos vuestro cuerpo se siente muy a gusto. Pero cuando os olvidáis de vosotros mismos los sentimientos de bienestar o de malestar dejan de tener importancia y, sin embargo, todo a vuestro alrededor continúa existiendo con claridad.

Finalmente debéis olvidar incluso el entorno. A pesar de que vuestras orejas no están tapadas, no escucháis nada. A pesar de que vuestros ojos están ahí, no veis nada. No tenéis percepción del tiempo. Habiendo abandonado los problemas exteriores, los pensamientos actuales, la técnica, el si mismo y el entorno, habéis entrado en el samâdhi.

Alcanzar este punto representa una gran dificultad para la mayoría de la gente. Pero si podéis por lo menos olvidar la técnica, perderéis la conciencia del tiempo y estaréis bien sentados. Si os olvidáis de vosotros mismos podréis comprobar un cambio en vuestra personalidad. Y si podéis olvidar el entorno y entrar en el samâdhi comprobareis si duda una trasformación mayor. Habréis hecho un largo camino desde los fenómenos a la vacuidad. En ese momento os daré un método para ir mas allá todavía, hasta el estadio de “no-yo”.

Resumiendo estos cinco niveles: primero, vaciáis vuestro espíritu de todas las preocupaciones cotidianas; segundo, dejáis de lado los pensamientos que surgen durante el retiro; tercero, olvidáis el método mismo; cuarto, olvidáis el entorno. Preguntaros a que nivel sois capaces de llegar.

Cuando medito yo paso por estas mismas cinco etapas. Uno tras otro olvido los niveles precedentes, hasta el quinto. Antes este proceso era muy lento. Ahora paso rápida y fácilmente cada etapa. Con la práctica podréis hacer lo mismo. En los sutras se menciona que el Buda Sakyamuni entraba en diferentes dhyanas cuando meditaba. Del primero pasaba al segundo, después al segundo y así sucesivamente. Pero los niveles que evoco son aquellos que van del estado mental ordinario hasta el samâdhi. Esto no equivale mas que al primer dhyana de Buda. Por supuesto no estáis en el nivel de Buda pero el proceso es el mismo.

Con estas instrucciones todo será claro en vuestra práctica. Cuando trabajéis intensamente, veréis muy claramente en vuestra propia práctica. Cuando paséis de una etapa a otra, sabréis de forma muy precisa cual es la próxima. Los niveles están claramente identificados, como los peldaños de una escalera. Finalmente, con una práctica asidua, los subiréis muy deprisa.