viernes, 4 de diciembre de 2015

Todos estamos desnudos. Kōdō Sawaki, Kōshō Uchiyama, Shōaku Okumura.


Kōdō Sawaki

Vivir en este mundo cambiante es vagar de un lugar a otro en busca de simples títulos. Cada uno de nosotros nace desnudo. Pero después nos es dado un nombre y somos registrados, se nos cubre con paños, se nos pone en la boca un pezón, etc. Cuando crecemos, nuestros padres nos dicen: “Esa persona es grande, fuerte, inteligente, rica”. Nos consolamos con las palabras, pero en realidad estamos todos simplemente desnudos.


Kōshō Uchiyama

Jean-Jacques Rousseau decía: “Según la naturaleza los hombres no son ni soberanos, ni nobles, ni cortesanos, ni ricos. Todos han nacido desnudos y pobres {…] finalmente todos están destinados a morir”. Sin duda es así. En el breve intervalo entre el nacimiento y la muerte, nos vestimos con variados y complicados vestidos.

Algunos llevan vestidos lujosos, otros llevan harapos, otros incluso uniformes carcelarios. Existen vestidos de clase, de alegría y de rabia, de tristeza y de consuelo, de ilusión y de Despertar. Todos no son más que vestidos.

Sin embargo, inconscientemente los confundimos con el sí mismo real y nos esforzamos por cualquier medio para enriquecer nuestro guardarropa. Mientras vivimos debemos de llevar algún tipo de vestido. Espero que cada uno de nosotros no olvide que el verdadero sí mismo está desnudo y, sin perder de vista esta realidad, examine su propia vida tal como está vestida y aporte las necesarias adaptaciones. El Sūtra del corazón dice: “ningún nacimiento, ninguna extinción, ninguna contaminación, ninguna pureza”. Se refiere al verdadero, desnudo sí mismo, que incluso ha dejado caer los vestidos llamados “nacimiento y muerte” y “ilusión y Despertar”.


Kōdō Sawaki

Sean bellas o no, cuando mueren, las mujeres son todas iguales. La calavera de una mujer espléndida no es más bello del de una mujer que no lo es.

* No hay ni ricios ni pobres, ni grandes ni mediocres. Esto son únicamente palabras, que brillan tan solo durante un instante.


Shōaku Okumura

En una de sus vidas pasadas el Buddha Śākyamuni era un persona brillante llamada Sumedha. Sus padres murieron cuando todavía era pequeño. Cunado creció suficientemente para heredar la riqueza, su tutor le mostró aquello que sus antepasados habían acumulado durante seis generaciones: enormes cantidades de oro, plata, joyas, etc. Pero Sumedha entendió que, incluso si sus antepasados habían trabajado y luchado para obtener esos bienes, ninguno de ellos, una vez muerto, había podido gozar ni siquiera de un céntimo. Y decidió no mantener para si mismo la riqueza de la familia, sino darla a personas en dificultades y convertirse en un practicante espiritual. Este fue el comienzo del camino que Śākyamuni ha realizado después hacia el Despertar. 

Dōgen zenji dice en el capítulo Shukke kudoku (“La virtud de dejar todo”) del Shōbōgenzō: “Cuando de improviso se impone la impermanencia reyes, ministros, amigos íntimos, siervos, cónyuges, hijos y tesoros preciosos no podrán ayudarnos. Andamos hacia la Primavera Amarilla, el mundo de los muertos, solos. La única cosa que nos acompaña es nuestro karma, bueno o malo”.

Mientras vivimos hemos de ponernos vestidos, como condiciones de vida. Pero hemos de comprender también que un día deberemos dejar caer todos nuestros vestidos. Cuando muere cada uno de nosotros renuncia a los vestidos que ha llevado y se convierte en el “desnudo sí mismo”. Los faraones que construyeron las pirámides no podrán llevárselas al otro mundo.

Mis antepasados en Ōsaka eran mercaderes desde hacía seis generaciones. Habían acumulado una cierta riqueza, pero perdieron todo en una sola noche, en marzo de 1945, durante un bombardeo americano. Mi familia perdió todo tres años antes de que yo naciera. Cuando era adolescente mi padre me decía que, puesto que no tenía nada que heredar, podría convertirme en cualquier cosa que me gustase. He sido realmente afortunado; gracias al hecho de que mi familia ha perdido su riqueza, he podido convertirme en monje budista.


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Del libro Kōdō senza dimora
 
Kōshō Uchiyama, Shōaku Okumura
Ed. Ubaldini, Roma 2015

Traducción: Roberto Poveda
Fotografía: Internet.
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9 comentarios :

  1. En el texto de Uchiyama, falta el NO que resalto.
    Mientras vivimos debemos de llevar algún tipo de vestido. Espero que cada uno de nosotros(((NO))) olvide que el verdadero sí mismo está desnudo y, sin perder de vista esta realidad, examine su propia vida tal como está vestida y aporte las necesarias adaptaciones.
    Saludos.

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    1. Gracias Peatón, por leer atentamente y por señalarme el descuido, ya lo he corregido. :)

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    2. Precisamente a ésto me refería en mi anterior comentario.

      ¿Y qué hay del ropaje espiritual? Y con ropaje espiritual no me refiero al comunmente advertido de aquel que utiliza la vía espiritual para satisfacer sus deseos, mundanos o divinos, sino de aquel otro que se instala en la permanente denuncia apoyado a menudo por una palabra dogmática o literalista en lugar de una palabra viva nacida del seno de la práctica.

      Como dice Muhō Nölke en sus pápeles de práctica adulta, mal se aplica de su práctica aquél que está tan pendiente de la práctica o vida de los demás.

      Un abrazo,
      Carlos

      P. D: Recordé una cita cristiana al hilo del espíritu que inspira el artículo: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza."

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  2. En efecto el "ropaje" espiritual es el más peligroso de todos. Es una tentación que nos acecha a todos, incluso a aquellos, como yo, reacios a disfrazarse con "uniformes" espirituales (o, más bien, clericales). Afortunadamente zazen, si se sabe practicar zazen (lo cual es raro), enseña la manera adecuada de desnudarse, y una vez aprendida podemos volver a ella incluso durante el tiempo en que no estamos sentados.

    Un abrazo

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  3. ¿Quién nace desnudo?
    En mi caso nací con cientos de condiciones que han ido conformando el camino recorrido.

    Desnudarme (desidentificarme) del karma.
    A un maestro hindú le pregunté cómo podría hacer tal cosa. Él me respondió que la pregunta correcta no era "cómo" sino "cuando"... Y esto "ni diez mil sabios pueden saberlo".

    Las zorras tienen madrigueras...
    Me ha encantado esta cita! Yo añadiría otra sobre el tema en cuestión: el hábito no hace al monje.

    Muchas gracias Roberto por los textos que compartes.. ��

    Manuel

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  4. Imagino que tu maestro hindú sería advaita o alguna otra corriente relacionada con el vedanta. En estas corrientes el despertar, o el desprenderse del karma, es un acontecimiento puntual, que marca un antes y un después claramente diferenciados. Es otra forma de ver las cosas, distinta a aquella de la que parten Sawaki, Uchiyama y Okumura.

    En el zen el proceso es continuo, y no se centra en un antes y un después, es decir en un "cuando", sino en "como" hacer con el aquí y ahora. Cada vez que en un ahora el karma tiende a reaparecer y a encadenarnos, abrimos la mano del pensamiento, no aferramos nuestras preferencias y nos esforzamos por escuchar atentamente las condiciones y exigencias que está planteándonos la realidad en este instante. Y ese "como" lo repetimos un millón de veces, lo repetimos siempre.

    Gracias Manuel, por tu visita y por comentar.


    Sin embargo en el zen el proceso es continuo,

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  5. Pues hoy Roberto te voy a felicitar por la foto del "post". No sé si es original tuya o la has sacado de algún sitio, pero la encuentro muy apropiada para el tema tratado.

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  6. Gracias, Jordi. En este caso la foto es de internet, siempre señalo el origen de lo que cuelgo, tanto los textos, como el traductor, como las ilustraciones, al final de las entradas.

    Como amante de la fotografía, y de lo visual en general, me gusta meditar sobre la ilustración que va a acompañar a las entradas y esforzarme porque añada un plus de significado. Unas veces las elijo, como en este caso, acordes al texto, otras en oposición o en contraste. Un abrazo desde la Cataluña sur :)

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