Mostrando entradas con la etiqueta Occidente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Occidente. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de agosto de 2018

El cristiano, el budista y la lombríz. Giuseppe Jisō Forzani

Con ocasión de la presentación de un libro, Passi – Diario di un pellegrino. Vangelo e Zen, del padre Luciano Mazzochi, se le solicitaron unas palabras a Giuseppe Jisō Forzani, practicante del budismo Zen, que hemos considerado de interés traducir.

El padre Luciano Mazzochi es un sacerdote católico, misionero
javeriano, que durante alrededor de veinte años residió en Japón, en donde tuvo la oportunidad de entrar en contacto con el zazen, la práctica central del budismo zen, que, desde entonces hasta hoy, ha seguido practicando de manera cotidiana.

Giuseppe Jisō Forzani es un practicante italiano del budismo Zen, formado en el monasterio zen de Antaiji, en las montañas orientales de Japón, durante cerca de una década y que, a su retorno de Japón, junto con otros compañeros italianos, así como con Kōhō Watanabe, que fue abad de Antaiji tras Kōshō  Uchiyama, decidieron fundar la comunidad budista zen La Stella del Mattino en 1987, entre cuyos objetivos está el establecimiento de un diálogo con otras tradiciones religiosas, y en especial con el cristianismo.

La colaboración y amistad entre ambos tuvo su origen en 1990, continuando hasta hoy, sin por ello abandonar la especificidad y la diferencia entre los distintos caminos elegidos por cada uno de ellos, sino más bien considerando el diálogo como una práctica en sí misma que encuentra su sentido al interior de la propia elección espiritual de cada uno, del cómo viven, por qué y para qué dicha elección.

En el texto que presentamos hoy, que podríamos definir como una muestra de ese diálogo, podemos rastrear la diferencia de enfoques respecto a la práctica de zazen adoptada según cuál sea el marco espiritual en el que cada uno se sitúa.

Para el cristiano se trataría de una práctica orientada, por así decir, a mejorar su propio cristianismo, expresándose como la aportación que desde zazen se vierte en el resto de sus actividades cotidianas y en la relación que interiormente se establece con ellas, así como con el Dios/Jesús presente en el marco de esa vía religiosa. Mientras que, para el budista Zen, se trata de un práctica central que encuentra en  sí misma su razón de ser, proporcionando la raíz alrededor del cual hacer brotar el resto de actividades que componen la vida cotidiana, que, a su vez, son expresiones de ese zazen y que es a ese zazen a donde retornan.

El título que Jiso Forzani ha dado a este discurso, retomando una metáfora por él querida, es (para acceder hacer clic sobre él mismo): El cristiano, el budista y la lombríz

_______________________________________

Traducción e introducción, Roberto Poveda Anadón
Fotografía, grupo de zazen del padre Luciano

domingo, 3 de junio de 2018

Arte, naturaleza, religión en la sensibilidad japonesa - Giuseppe Jiso Forzani

 
 

El texto que presentamos hoy aborda, desde otra perspectiva y escrito por otro autor, la misma temática que fue planteada por el anterior texto que presentamos en este blog: Una aclaración histórica sobre el zen japonés - La génesis de las religiones en Japón

Estamos por tanto hablando de las dificultades que presenta actualmente el budismo zen para arraigarse entre nosotros, occidentales, como expresión espiritual verdadera y liberadora, desvinculada por tanto de rastros imitativos estériles, y de cómo las raíces de esa problemática pueden rastrearse precisamente en la misma fuente a través de la que ha llegado hasta nosotros este camino espiritual, es decir en la manera japonesa de expresar el budismo.

Entre los temas que son abordados por el presente texto está, por ejemplo, el del concepto japonés de "armonía" (wa 和), que si bien es un tema central dentro de la sensibilidad y la mentalidad japonesa, y por tanto también entre aquellos japoneses que practican el budismo zen, en realidad no es un concepto propiamente budista, sino en todo caso daoísta, en la lectura que del daoísmo hacen los japoneses, y es, por otra parte, usado allí con unas resonancias semánticas muy distintas a aquellas que nos son propias.

Su autor, en este caso, es Giuseppe Jiso Forzani, practicante budista zen italiano, y la ocasión del mismo la presentación de una muestra sobre el pintor y grabador japonés Katsushika Hokusai (1760-1849, que vivió a finales del Época Tokugawa, periodo durante el cual Japón, desde 1633 hasta 1868, estuvo cerrado a cualquier contacto con el exterior), exposición a la que nuestro autor, junto a otros, fue invitado a pronunciar una conferencia. La ilustración que acompaña estás palabras introductorias se debe a la mano del mismo Hokusai, y el texto se puede descargar libremente aquí:


Arte, naturaleza religión en la sensibilidad japonesa

_______________________________________
Traducción e introducción: Roberto Poveda Anadón
Ilustración: Katsushika Hokusai

domingo, 29 de abril de 2018

Una aclaración histórica sobre el zen japonés - La génesis de las religiones en Japón. Mauricio Y. Marassi

Desde mediados del siglo pasado la práctica del budismo, bajo sus distintas formas, ha comenzado a difundirse en Occidente. Sin embargo, en vez de aparecer como una corriente espiritual nueva, entre nosotros, capaz de dar respuestas serias a las nuevas vidas a las que se dirigía, buscando cómo expresarse de una manera original y fresca en tierras distintas a aquellas en las que se desarrollaba desde hace muchos siglos, se ha revestido con los vestidos ya viejos de los lugares desde los que provenía.

A lo largo de la historia la enseñanza de Buddha, que comenzó en la India entre los siglos VI-V antes de nuestra era, ha tenido la capacidad de rehacerse desde cero en los lugares en que la semilla de esa enseñanza era capaz de implantarse y fructificar. Así sucedió, por ejemplo, en el Tibet o en China, en los que se desarrolló bajo formas completamente distintas a aquellas de sus orígenes indios, adecuadas para las nuevas sensibilidades que habitaban aquellas tierras a las que se dirigía, conservando al mismo tiempo la fidelidad e identidad con su raíz originaria.

Sin embargo, en Occidente, en vez de haber sucedido así, el budismo se ha desarrollado hasta el momento bajo las formas de iglesias ya viejas y, en buena medida, si somos capaces de desprendernos de nuestra fascinación hacia lo exótico y ver más allá, decadentes y obsoletas. Incapaz, por tanto, de responder de manera profunda a aquellos problemas que son nuevos pues nueva es la vida que cada uno de nosotros, occidentales, vivimos. Y, cuando no lo ha hecho así, cuando se ha “occidentalizado”, se ha apartado de sus raíces, completamente, dando lugar a una serie de subproductos alejados de la propuesta profunda de liberación que conlleva el camino del Buddha, convirtiéndose en otra cosa.

En el ensayo cuya traducción ofrecemos hoy, “La génesis de las religiones de Japón”, su autor, Mauricio Y. Marassi, intenta proporcionar algunas claves de cómo y por qué ha sucedido esto en una de las corrientes budistas actualmente más extendidas en occidente, el budismo zen de proveniencia japonesa, indagando en el proceso histórico de la visión religiosa propia de Japón. Visión que, en buena medida, ha sido exportada más allá de sus fronteras, siendo absorbida en Occidente, por nosotros, de una forma acrítica y símplemente mimética, es decir de una forma no religiosa sino acomodaticia.

Además de ese ensayo, y como introducción al mismo, ofrecemos a continuación la traducción de la introducción que el propio autor hace de su ensayo en la página de la comunidad budista zen italiana La Stella del Mattino.


_________________________________________________

 

Una aclaración histórica sobre el zen japonés

Mauricio Yushin Marassi



Durante las precedentes décadas muchos se han interrogado sobre por qué el budismo zen difundido en occidente desde los primero años sesenta, ha tenido y continúa teniendo una forma eminente y casi únicamente japonesa y, en cualquier caso, china. Esta reflexión o pregunta nace de la consciencia de que el zen es la continuación de la experiencia budista de los orígenes, en la que no existe una forma predeterminada en la cual deba manifestarse en el mundo la realización del modo verdadero de vivir. Aquel modo que desarrolla y realiza paso a paso una vida que disuelve todo tipo de sufrimiento.

Cada uno de nosotros desde el momento en el que decide hacer implicarse con su propia vida en la enseñanza budista inventa desde el principio su propio modo de vivir. El budismo nace con la práctica y en ella se manifiesta, no existe un forma determinada, ya lista, que imitar. E incluso inventando todo, nada es inventado. Nace nuevo porque nueva es la vida que vive cada uno de nosotros, no porque le demos esa forma según nuestra voluntad. Cada uno a su manera en el único modo. Pero, si son así las cosas, ¿por qué la forma japonesa parece irrenunciable?

He intentado dar una respuesta histórica a esta pregunta. Os propongo la primera parte de esta tentativa con el título de La génesis de las religiones de Japón. La segunda parte, que aparecerá posteriormente junto a un texto actualmente en elaboración, indaga sobre otro “trasfondo”, la sinización del budismo, obrada por los chinos a partir del siglo III-IV, adaptándolo a una perspectiva religiosa distinta y modificando uno de los puntos más importantes: la abstención de definir la naturaleza del ser, una abstención sustituida (a veces solo integrada) con la unión a la espiritualidad confuciano-daoísta del “espíritu del Cielo”. Es necesario recordar que el budismo no es una metafísica o un intento de establecer “cómo son las cosas” ni, menos todavía, su porqué, es “solo” la vía que conduce a la liberación del sufrimiento, independientemente de cómo y por qué son las cosas.

El ensayo, en formato pdf, podéis descargarlo aquí: 

La génesis de las religiones de Japón


___________________________________________

Fuente: La Stella del Mattino

Traducción y prefacio: Roberto Poveda Anadón
Ilustración: Hasekura Tsunenaga en Roma, 

primer embajador de Japón en Occidente,
de Giovanni Lanfranco (1582-1645)
 

Tanto el texto original en italiano como la presente traducción
se ofrecen bajo una licencia Creative Commons










viernes, 15 de diciembre de 2017

La Via Maestra - Mauricio Y. Marassi

El libro que hoy ponemos a disposición de los lectores es la traducción al castellano de la edición renovada de La Via Maestra. La trasmissione e la figura del maestro nel buddismo zen, de Mauricio Y. Marassi, practicante zen italiano, si bien nacido en Argentina, que, tras un prolongado periodo de formación en el monasterio japones de Antaiji, regresó a Italia, donde vive actualmente junto a su mujer y su hija, sosteniendo un pequeño grupo de practica del zazen en la ciudad de Fano junto al Adriático, además de ser coordinador del grupo budista zen La Stella del Mattino y docente en la Universidad de Urbino.

El libro aborda
, junto a otras cuestiones, la génesis de esa figura imaginaria que conocemos en occidente como "maestro zen" y que es, en buena medida, causante de muchos de los problemas y distorsiones que lastran las posibilidades de desarrollo entre nosotros de la practica del budismo zen en tanto que tradición auténtica de liberación espiritual.

Como el mismo autor indica en las primeras páginas «en la tradición zen el “problema del maestro” está todavía en parte sin resolver. La necesidad de un contacto fiable con la enseñanza trasmitida a lo largo de los siglos se encuentra con los límites de lo humano que, a veces, llega a aprovecharse de esa necesidad. Con una incursión en lo íntimo de la tradición zen este texto indaga la única “cosa” que cuenta y que por tanto constituye el eje de la trasmisión. Del mismo modo examina y describe las características de esa especie de unicornio llamado “maestro zen”.»

Ofrecemos la presente traducción en dos formatos: en versión pdf, apta para ser impresa y para su visualización en una pantalla de pc, y en versión epub, adecuada para tabletas y libros electrónicos. Ambas versiones puede descargarse libremente en los siguientes enlaces:

- La Via Maestra (versión pdf)
- La Via Maestra (versión epub)

lunes, 1 de mayo de 2017

Pequeña guia hacia el budismo zen en las tierras del atardecer. Mauricio Yushin Marassi

En la no demasiada larga historia del budismo en occidente, y particularmente del zen, podría parecer que la literatura y la práctica propuestas, en esa literatura y en quienes la han encarnado en occidente, serían ya suficientes para empezar a hacernos una idea suficiente y cabal sobre lo que este es y sobre la manera de llevarlo a nuestras vidas. Sin embargo esto no es así. Todos esos textos, en gran medida, no han contribuido por el momento a construir otra cosa que una enmarañada fantasía, la cual, en realidad, va en dirección contraria al camino propuesto por el Buddha; camino que, a lo largo de la historia, en su renacer en diferentes culturas, lugares y épocas, ha ido cobrando distintas formas de ser expresado y vivido, siendo una de ellas precisamente el zen. Por ello recibir algunas indicaciones informadas sobre este recorrido, alguna orientación, alguna guía, aunque sea pequeña, sobre qué es, cual es su finalidad y qué precio hay que pagar para andar por ese camino llamado budismo zen, sigue siendo una tarea pendiente y pertinente. La traducción del libro que hoy presentamos, Pequeña guía hacia el budismo zen en las tierras del atardecer, pretende contribuir a cubrir este vacío, proporcionando algunas referencias que ayuden a comenzar a rectificar esta fantasía. 

El libro está escrito por Mauricio Yushin Marassi, practicante zen italiano, formado en Japón, en el monasterio de Antaiji, durante casi una década y hoy en día coordinador de la comunidad budista zen italiana la Stella del Mattino, docente en la Universidad de Urbino y responsable de un pequeño grupo de practica de zazen en la ciudad de Fano, a orillas del Adriatico, en la que vive junto a su mujer y su hija. 

La primera edición del libro fue publicada por la editorial Marietti, en el año 2000, siendo revisado y corregido el texto por el autor, para ser publicado de nuevo, en formato ebook, por la Stella del Mattino en el año 2016. Es esta segunda versión la que nosotros hemos traducido al castellano, añadiendo una bibliografía en castellano de aquellos textos reseñados en la bibliografía del original en italiano de los que es posible encontrar una traducción en nuestra lengua.

El libro, que se ofrece bajo una licencia Creative Commons, puede ser libremente descargado y distribuido en dos formatos: Pdf, adecuado para su impresión y para su lectura en un Pc (Aunque, por su extensión, recomendamos que, quien quiera leerlo en condiciones óptimas, lo imprima); y Epub, apto para ser leído en un ebook o en una tablet. Ambas versiones están disponibles en los siguientes enlaces:


Pequeña guía hacia el budismo zen en las tierras del atardecer (formato Pdf)

Pequeña guía hacia el budismo zen en las tierras del atardecer (formato Epub)


__________________________________________

La traducción del libro ha sido realizada por Roberto Poveda Anadón
El borrador del libro ha sido corregido por Gloria Remacha Garcia
Los derechos de la foto de la portada y de este post han sido adquiridos a  © Isselee (Dreamstime.com)



sábado, 20 de agosto de 2016

La compasión budista. Mauricio Y. Marassi

En una época históricamente convulsa como la nuestra (por lo menos en lo que a Europa, Oriente Próximo y Africa concierne) el diálogo interreligioso se muestra no solo necesario sino urgente. Los conflictos antes aludidos, si bien somos conscientes de que tienen raíces múltiples: la cuestión del petroleo, los problemas humanos derivados de la globalización, el inmenso error geoestratégico que supuso la guerra de Irak, la codicia y la desigualdad crecientes que han tomado una dimensión planetaria, etc. tienen también que ver con una confrontación (por desgracia secular) entre las pertenencias cultural-religiosas de los contendientes.

Comprometidos desde hace años con la cuestión del diálogo interreligioso, cada cual desde sus distintas esferas de actuación, Mauricio Yushin Marassi (practicante budista zen), junto con Matteo Nicolini-Zani (monje católico de la comunidad de Bose), han escrito un texto a dos manos sobre la cuestión del amor-compasión denominado: "Encontrarse en el corazón. Un diálogo cristiano-budista sobre el amor-compasión", publicado por la Ed. italiana Pazzini.

Publicamos hoy la traducción (privada) de la parte budista del mismo que, además de profundizar en la cuestión dialógica señalada en el título del mismo, considero personalmente que es también  de gran interés, considerando solo los aspectos que respecto al budismo en si revela el texto, para aquellos lectores de este blog ajenos por el momento a la urgencia de ese "diálogo".

Para aquellos interesados el texto puede descargarse en formato pdf aquí.


____________________________________

Traducción: Roberto Poveda Anadón
Traducción privada solo para uso personal

Foto: Internet, Confucio presenta a Buda niño a Lao Tse


sábado, 23 de julio de 2016

El sufrimiento como punto de partida. Mauricio Y. Marassi

La conferencia que publicamos hoy, con el nombre de "El sufrimiento como punto de partida", fue pronunciada por Mauricio Yushin Marassi en marzo de este año, al interior de un encuentro interreligioso celebrado en el monasterio-eremitorio de Montegiove en Italia sobre el tema de La sofferenza (El sufrimiento). 

Como sus interlocutores eran en su mayoría cristianos Mauricio, en este texto, usa ejemplos literarios extraídos de esa tradición pero aquel que lo sepa leer podrá percibir que en realidad, a través de esos ejemplos, a quienes allí estaban y a quienes ahora lo leemos, está hablándonos del sentido profundo del budismo zen y de la práctica interior y exterior a la que llamamos zazen.


Para descargar, seguir los siguientes enlaces:

- En formato pdf (apto para ser impreso y visualizado en pantallas de Pc).
- En formato epub (formato de libro electrónico)


___________________________________

Traducción: Roberto Poveda Anadón
Revisión de la traducción: Jose Juan Bustabad

Fotografía: Internet - Monasterio de Camaldoli

viernes, 26 de febrero de 2016

Solo una imposible empresa puede liberar al hombre en el infinito. Mauricio Y. Marassi

Durante el mes de mayo de 2010 se celebraron en el Fuerte de Bard (Italia) unos coloquios para hablar sobre el tema “La búsqueda y el cuidado de sí mismo” a los que se convocó a una serie de conferenciantes provenientes de distintos ámbitos: médicos, filósofos, religiosos, diplomáticos, periodistas, etc. .

Mauricio Yūshin Marassi, docente en la universidad italiana de Urbino de Antropología e Historia de las Religiones Extremo-Orientales, escritor y traductor budista y practicante del budismo zen, en el cual se formó durante cerca de una década en  el monasterio japonés de Antaiji, fue invitado a participar en dichos coloquios.

Publicamos hoy la traducción de la intervención que realizó en dicha ocasión y cuyo título fue: "Solo una imposible empresa puede liberar al hombre en el infinito". Recogemos a continuación algunos fragmentos de la misma, estando disponible el texto integro de la misma en el siguiente enlace.

________________________________________



Solo una imposible empresa puede liberar al hombre en el infinito




El budismo no reconoce cualidad ontológica a ningún fenómeno y sobre todo no sitúa a ningún dios en su cielo, más bien realiza todo su esfuerzo con la finalidad de que el cielo, que podemos definir como el cielo del espíritu, quede libre y vacío, privado de ídolos. Y cuando en su larga historia algunas divinidades han sido admitidas en su panteón estas están completamente carentes de cualidad ontológica: hoy quizás haya, mañana quién sabe.

Una de las especificidades estructurales del budismo que le garantiza un lugar separado y único entre las religiones universales es precisamente ese no intervenir con el pensamiento en las cosas de Dios, reconociendo la trascendencia verdaderamente como tal y por tanto no negociable con los instrumentos del pensamiento humano.

[...] Según la visión propuesta por el budismo la existencia de todos los seres, de todas las cosas de este mundo, está garantizada por una serie de relaciones mutables y no por un núcleo permanente, inmutable. En sentido meramente budista la parte importante de este conocimiento es que esto es también el motivo por el que hay sufrimiento, desde el momento en que ignorantes de ello, nos agarramos con el deseo a un mundo impermanente.

[...] De ello se deduce que la búsqueda del sí mismo realmente tiene éxito cuando fracasa, cuando rechazamos todas sus imágenes, todos los conceptos, cuando rechazamos cada objeto del pensamiento que creemos que sería el sí mismo. No hay nada en nuestro mundo, llamémoslo mundo fenoménico o realidad contingente, que pueda ser visto, percibido y por tanto señalado, identificado con el sí mismo, si esto sucediese estaríamos ciertamente equivocados. [...] El budismo es una vía pragmática en la que la solución propuesta es una práctica cotidiana, un trabajo de lo interior que se traduce en un vaciado regenerativo de la vida, según un "cómo" muy preciso, un "cómo" que no está hecho de pensamientos y de palabras.

[...] Para comprender la modalidad concreta de este modo de ser que es un desaparecer hace falta tener una larga experiencia de la práctica base trasmitida desde el Buda hasta nuestros días. Sin embargo a nivel narrativo es posible también explicar de qué se trata, con el fin de que por lo menos con la fantasía se pueda entender.

Aunque esta práctica tenga muchas diferencias y nombres según la tradición cultural al interior de la que se haya desarrollado, existen constantes básicas que permiten generalizarla: se trata de estar sentado, inmóvil, en silencio. Al menos así parece. En realidad el corazón continua latiendo, agitando levemente el cuerpo, la sangre circula, la respiración prosigue originando otros pequeños movimientos. Respecto a qué sucede en la parte no física las cosas son parecidas, el rumor de nuestros pensamientos, a intervalos mas o menos amplios, está presente, y cuando los pensamientos y las emociones se aquietan el silencio más completo está lleno del dinámico fluir de la vida.

Entonces, ignorando todos los movimientos del cuerpo y de la mente, practicar concretamente el tomar refugio en nosotros mismos es desaparecer en el presente vivo.

[...] El budismo ha renacido durante sus desplazamientos a través del tiempo y del espacio, existiendo como consecuencia de ello un budismo tibetano, fuertemente relacionado tanto con el tantrismo hindú como con el Bon, un budismo chino, vinculado al confucianismo así como otro asociado al taoísmo, un budismo japonés, vinculado este último con una estética muy influenciada por el sintoísmo, la religión autóctona japonesa...

La condición del vacío que está unido a la impermanencia es la peculiaridad que hace reconocibles y por tanto fiables a todos los budismos, los cuales se producen en ausencia de una estructura fija. En cierto modo el budismo es como la oruga que aparece y desaparece, y allí donde desaparece hay después una mariposa. Es decir, está obligado a utilizar las estructuras culturales que encuentra porque el vacío intrínseco a todos los entes es también su condición. Así que si el budismo nunca es la estructura en la que aparece, siendo esta contingente, para vivirlo no hay que confundirlo con la forma, con todo aquello que llena el vacío que lo constituye.

[...] Por ello pienso que el Budismo inculturándose en Europa, y en particular en Italia, no podrá dejar de lado este problema, si por un momento se me permite definir a Dios como un problema.

Si sucede como ha ocurrido ya antes durante los primeros 25 siglos de historia del Budismo, el sentido al que nos referimos con la palabra "Dios" encontrará una o más ubicaciones en este sistema religioso. He aquí entonces que dentro de cien, doscientos años, afrontando todavía el tema de la búsqueda y cuidado del sí mismo en la dimensión del zazen donde cada forma se disuelve en el infinito, si mantenemos la firme capacidad anti-idolátrica de lo que al principio de estas palabras he definido como anātman, cuando aludamos a una presencia que nos represente, nos acoja y nos supere se agitará entonces un sentido de lo divino que, parafraseando a Eckhart, nos mantendrá también libres de Dios.


__________________________________________

Mauricio Yūshin Marassi

Fuerte de Bard (Italia), 28 mayo, 2010.


Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Roberto Poveda Anadón

Publicado bajo una licencia Creative Commons



 

domingo, 20 de septiembre de 2015

No dejéis que se interrumpa. Éric Rommeluère

En octubre de 2010 se celebró en la Gendronnière, el templo fundado en Francia por Taisen Deshimaru, un encuentro cuya temática versó sobre las perspectivas del Zen en Europa. 

Tras una primera etapa de contacto con las fuentes japonesas desde la cual habían apenas transcurrido unas pocas décadas, es decir un tiempo cortisimo en tèrminos históricos, el Budismo Zen en vez de entrar en un proceso de inculturización religiosa que le hubiese dotado de una nueva y fresca expresión acorde con el nuevo mundo en el que acababa de desembarcar o, más bien, en el proceso de búsqueda de esta expresión, había sin embargo empezado ya a adquirir visIblemente los rasgos de una iglesia vieja, cansada y dogmática. Su discurso y su práctica se habían convertido, y en buena medida siguen igual, si no peor, en la repetición esclerotizada de una serie de dogmas, relatos y gestos filojaponeses únicamente adecuados para ofrecer a sus practicantes un aparente refugio temporal frente al mundo en el que debemos vivir, nosotros occidentales contemporaneos; es decir se había convertido en una especie de pseudo-huida circustancial en vez de mostrar el camino que lleva no a huir del mundo, sino a vivir libres dentro del mundo y a la vez liberados del dolor del mundo.

Aquel encuentro, que reunió a una gran parte de "líderes" del zen europeo, pudo haber marcado simbólicamente un punto de inflexión en la trayectoria de la implantación del Budismo Zen en Europa. De hecho suscitó una serie de reflexiones y escritos críticos, antes, durante y después con la situación que estaba cristalizándose, algunos de los cuales ya publicamos anteriormente pero que, por su vigencia, recordamos en los enlaces al final de esta entrada. Sin embargo, mayoritatriamente, las cosas no han ido en la dirección de estos discursos, que aparentemente siguen sin ser ni oídos, ni entendidos, ni aplicadas sus consecuencias, sino más bien todo lo contrario. 

La práctica liberadora del zazen, eje del Budismo Zen, sigue sin ser entendida. En vez de practicarse de verdad, sencilla y decididamente, se ha convertido en la escusa vacía alrededor de la cual se articulan una seríe de cosas: como el sentido de pertenencia a un grupo "espiritual", diversos tipos de terapias o pseudoterapias orientadas a apaciguar la estresada mente del hombre occidental, propuestas orientadas al conocimiento cultural, o al entretenimiento, o al bienestar inmediato a traves de disciplinas exóticas venidas de Oriente, etc.; que ciertamente pueden tener un valor mundano aceptable, en el mejor de los casos, y en otros aparecen convertidas en simples formas de ganarse la vida para aquellos que están en la cima de  las organizaciones piramidales en las que se han convertido los grupos zen, pero que en cualquier caso son ajenas a la radicalidad de la propuesta del Buda.

Uno de estos textos, inédito hasta ahora en castellano, es el que con el tItulo "No dejéis que se interrumpa", ofrecemos a continuación. Dico texto fue expuesto durante aquel encuentro en la Gendronnière por Éric Rommeluère, practicante y escritor francés del budismo zen, en el cual nos ofrece una serie de reflexiones a partir de su propia experiencia, hasta ese momento, en tanto que enseñante y responsable de un grupo zen.



__________________________________________________________________


No dejéis que se interrumpa

Éric Rommeluère




Queridos amigos


El tema de este seminario versa sobre las orientaciones del Zen en Europa. Hasta ahora los debates han tratado -y tratan todavía- sobre la institucionalización y las formas que se deberían adoptar aquí, en Occidente. Las relaciones con las instituciones japonesas y la conformidad con las reglas y los ritos han estado en el corazón de estos debates. Hablo de debates, pero sería más apropiado hablar de controversias. No ha habido una respuesta unívoca y nosotros podemos ver hoy en día una gran variedad de formas y de opciones. Algunos dirán que se trata de riqueza, otros de confusión. La experiencia muestra sin embargo que las opciones son también la expresión de una búsqueda sincera que nadie puede poder en duda.

Continuar este tipo de debate tiene sin duda su importancia, pero esto no me parece hoy en día ni fundamental ni determinante. Hay sin duda otras cuestiones que podrían ser abordadas. Actualmente una de las orientaciones adoptadas por la mayor parte de las tradiciones budistas en Occidente me hace reflexionar profundamente. Yo podría formularla de la siguiente manera: ¿La forma de centro budista, tal y como nosotros la conocemos, con sus actividades de meditación y talleres de todos los tipos, es apropiada para trasmitir el dharma? Una cuestión así puede parecer sorprendente, o inconveniente, puesto que no solamente el Zen sino igualmente el resto de escuelas budistas se desarrollan hoy en día en Occidente por la red de centros, de grupos y de asociaciones.

Con el fin de aclarar mis palabras y mi cuestionamiento, quisiera aportaros una reflexión personal en forma de testimonio, pues este cuestionamiento es también un cuestionamiento sobre mi propio camino. Para aquellos que no me conocen diré que fundé en el año 2000 una asociación y un grupo de meditación en París y desde entonces animo meditaciones y retiros. Tengo un verdadero respeto por la institución japonesa, pero de acuerdo con Nishijima Gudô rôshi, mi maestro de transmisión, no he querido afiliarme a ella. Él mismo, como sabréis sin duda, es crítico con las formas institucionales japonesas. En cuanto a mí, no me siento nada implicado en estos debates (a favor o en contra de las formas institucionales) y mi propia elección se dirige simplemente hacia una inquietud de libertad personal. Siempre me ha parecido esencial seguir la manera en la que yo mismo he recibido esta práctica y hacerlo de una manera simple y directa. Pero tras diez años debo de confesar que tengo ahora la sensación de estar en un callejón sin salida, e incluso de haberme equivocado. Brevemente, he hecho lo que todos hacen: se abre un grupo, se habla, se enseña. Pero siento, sin poderlo explicar completamente, que se trata de una forma de extravío. El término puede ser un poco fuerte, puesto que se avanza también cometiendo errores, que son enseñanzas también.

¿Cómo podría intentar explicar este sentimiento? Yo comencé a meditar, hará más de treinta años, con Deshimaru Taisen rôshi. En aquella época meditar, ir a un grupo de meditación zen tenía algo de inaudito. En cualquier caso yo lo vivía y sentía así. Nos permitíamos todo tipo de audacias para estar a la altura de esta vía del Zen. Se trataba de un estado de espíritu que no estaba simplemente asociado a las enseñanzas de los maestros, a la disposición de los discípulos, incluso al contexto, sino a algo todavía más vasto que abrazaba todo eso a la vez. De hecho no eramos verdaderamente adherentes a un centro, a una asociación o a una institución. Era otra cosa. Se iba más allá. Por supuesto había grupos, asociaciones, lugares, pero no era eso lo importante

En treinta años el Budismo, el Zen se ha instalado e insensiblemente las cosas han cambiado. Los centros y las asociaciones se han convertido en formas imprescindibles e infranqueables. Difícilmente consideramos poder proponer otra cosa que actividades. Hoy en día, de manera general, un centro o una asociación budista aúnan una oferta y una demanda. Todos tenemos experiencia de que las demandas han evolucionado profundamente estos últimos años. Numerosas personas se dirigen a la meditación como una forma de bienestar e incluso de restauración de la salud mental. Nuestra sociedad es terriblemente ansiógena y nuestros contemporáneos buscan de una manera u otra cortar con la angustia que esta segrega. Tratándose del Zen, constatamos a veces (incluso a menudo) una verdadera incomprensión sobre el sentido de esta vía, que a menudo no es asociada del todo al budismo. Las mentalidades han evolucionado. Otra característica de nuestra sociedad hiper-moderna es el carácter «líquido» de las relaciones humanas, por emplear un término de Zygmunt Bauman, un escritor y sociólogo que explora las metamorfosis del mundo contemporáneo. Nuestras relaciones son cada vez más líquidas, ello significa que nos comprometemos en una relación o en una actividad mientras que tengamos la posibilidad inmediata de retirarnos. El esfuerzo, la nobleza del compromiso ya no tienen demasiado sentido. En un grupo budista este carácter líquido se manifiesta bajo la forma de un turn-over y en la dificultad para hacer emerger auténticas vocaciones, no un compromiso militante sino un compromiso de corazón que se alimente de la fidelidad y de una constante profundización de la vía.

Y además estamos nosotros. Nosotros que hemos de adaptarnos a la situación. Me perdonaréis por utilizar este nosotros colectivo que apunta simplemente a haceros compartir mi propio sentimiento. Multiplicamos las actividades: los retiros, las meditaciones, las conferencias, las apariciones en televisión, los libros para atraer, para gustar a distintas sensibilidades. Tiene que haber para todos los gustos. Al mismo tiempo los grupos se han convertido en medios de vida y de estar satisfecho. Yo tengo hoy en día necesidad de un centro, de una asociación simplemente para ganarme la vida. Pero, ¿hace falta ganarse la vida o hace falta perderla? Hoy en día todo esto me parece vano y simplemente mundano. Sin darme cuenta, ¿no he traicionado este dharma conformándome y manteniendo el círculo de la oferta y la demanda? He empleado a propósito el término oferta y demanda pues, incluso queriendo evitar cuidadosamente todo aspecto mercantil o empresarial, me pregunto si nosotros no adoptamos inconscientemente un esquema comercial. En el derecho francés una asociación es un contrato y establece relaciones contractuales. Por supuesto, no tenemos otra posibilidad pues la asociación es la forma jurídica «natural» que se nos impone. Y esta dimensión contractual, cuando no comercial, se insinúa en el fondo de nosotros, nos hace falta vender, encontrar algunos bonitos eslogan, tener productos que funcionen y buenos argumentos.

Este es mi kôan hoy en día. Yo lo expresaría incluso de otra manera: ¿Un centro es un lugar apropiado para la eclosión del dharma? Hoy en día, si se continúa animando una asociación zen, dirigiendo retiros, todo va bien, las personas están satisfechas, me gano la vida y sin embargo tengo la sensación de que algo no marcha. ¿Acaso no mantengo finalmente la ilusión colectiva de este mundo, acaso no mantengo finalmente mi propia ilusión? Por supuesto, algunas personas objetarán que ofrecer estos retiros o estas meditaciones tiene sus virtudes, que todo eso aporta algo. ¿Pero tienen estas formas hoy en día la capacidad de mostrarnos la vía en toda su plenitud? Lo dudo cada vez más. Necesitaría sin duda parar todo y sin condiciones. Al mismo tiempo, no puedo dejar de desear ofrecer o compartir esta vía. Algo me retiene, yo no se si es falta de coraje, la fuerza de mis ilusiones u otra cosa distinta. Un frase vuelve sin cesar a mi memoria; «No dejéis que se interrumpa» (danzetsu seshimuru koto nakare). Esta frase es repetida numerosas veces durante la ceremonia de la trasmisión del dharma. Resuena sin cesar y me recuerda la sinceridad de esos monjes que he encontrado y que tenían total dedicación. Ellos ofrecían esta práctica, testimoniaban el dharma, enseñaban a sus discípulos. Si ellos hubiesen cesado de ofrecerlo, de enseñarlo, yo no habría conocido nada del dharma.

«No dejes que se interrumpa» (danzetsu seshimuru koto nakare). La forma de la frase es imperativa. ¿Cómo hacerlo? Desde hace algunas semanas yo ya no tengo centro. He "aprovechado" que la sala que utilizábamos en París desde hace muchos años ha sido vendida y ya no está disponible. No he buscado otra. Una persona de nuestra asociación ha encontrado otra sala y se reúne con algunas personas para meditar, pero yo no iré allí para no reproducir el esquema habitual. No he hecho las habituales conferencias de comienzo de año para atraer a algunas personas nuevas. Desde hace algunas semanas he experimentado otra cosa con algunos amigos a riesgo de ser incomprendido. Meditamos donde podemos, dentro, fuera, aquí, en otra parte. Ya no hay sala, ya no hay tarifa. Solo debe unirnos una vocación. Estas personas se han comprometido a consagrar tiempo a una práctica personal, un tiempo a una práctica en grupo y un tiempo a una práctica orientada hacia los demás, trabajando por ejemplo en prisión. Yo no se que saldrá de esto. ¿Puede que sea una ilusión más?

Con muy raras excepciones la mayoría de centros o grupos son grupos seculares, incluso si algunas personas toman votos de monje y otras de laico. Monjes y laicos se diferencian esencialmente por su rol, por su implicación y su función en el seno del grupo, pero sus modos de vida nos son fundamentalmente diferentes. Se podría hablar en Occidente de la aparición de una nueva vía intermedia, puesto que la mayor parte de los practicantes no desean comprometerse en una vía monástica hablando con propiedad, ni ser simplemente fieles que sostienen un centro o a los monjes. ¿Yo me pregunto si esta fusión de la vía monástica y la vía secular, que tiene una explicación cultural o sociológica, no es finalmente una especie de confusión? Es evidente que la relación que une en Oriente a los monjes y a los fieles no es del orden de la oferta y la demanda (por lo menos tal y como se la conoce aquí). Se sitúa en otra parte. Dándole la vuelta a ese modelo, ¿no le hemos añadido demasiado deprisa los modelos y los ideales de Occidente? ¿No nos hemos convertido sin saberlo en mercaderes?

Gracias

Éric Rommeluère 
La Gendronnière – 16 octubre 2010


_______________________________________________________

Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Internet

_______________________________________________________ 


Previamente a aquel encuentro, Massimo Strumia Daido, Giuseppe Jiso Forzani y Mauricio Yushin Marassi, miembros del grupo zen italiano La Stella del Mattino, escribieron la siguiente reflexión al respecto: AQUÍ

Para leer un resumen sobre aquel seminario, escrito por Frédéric Baylot,
que asistió personalmente a aquel encuentro en la Gendronniere: AQUÍ

  La intervención de Jiso Forzani durante la clausura de aquel encuentro puede leerse: AQUÍ

Yo mismo, posteriormente, escribí igualmente una reflexión al respecto: AQUÍ 



viernes, 5 de junio de 2015

Segunda carta de despedida. Giuseppe Jiso Forzani



Como continuación a la "carta de despedida como director de la oficina del Sōtō Zen Europeo", escrita por Giuseppe Jiso Forzani, que publicamos en el post anterior, Jiso Forzani escribió una segunda carta en contestación a un interlocutor germano el cual, a su vez, le escribió una carta como reacción a dicha carta de despedida escrita por Jiso. 

Este interlocutor germano, cuya carta podemos encontrar aquí en italiano, le planteaba una serie de cuestiones a Jiso Forzani cuyo sentido, en esencia, resumiría así: Si abandonamos las jerarquías, los ritos y las formas en general del zen japonés, ¿cómo y a través de qué procedimiento se podrán formar las nuevas generaciones de practicantes zen europeos? y, en espejo, ¿qué es lo que el Soto zen japonés puede aportar a la realidad europea?. La traducción de esta segunda "carta de despedida" de Jiso es el siguiente.

_________________________________

Estimado X

Estoy agradecido por tu carta, y por la honestidad intelectual de acoger y responder con franqueza a mis consideraciones. Ello me da la ocasión de, con mucho placer, responderte. Te ruego por tanto leer, cuando tengas tiempo, esta carta en la cual encontrarás también algunas de las respuestas concretas que me pides.

Sin duda la situación del Soto zen europeo es distinta en los distintos países, e incluso al interior de cada país se puede afirmar que cada lugar de práctica es un caso particular, pero no es de esto de lo que pretendo hablar en esta ocasión. Más bien deseo poner en relieve cuestiones de carácter general. La primera es que el Soto zen europeo ha sufrido un proceso de clericalización a la japonesa aceptando pasivamente las reglas, los standard, el estilo de la Soto shu japonesa. Los motivos de esta asimilación son diversos, aquí hago una síntesis, con todos los límites que ello comporta, pero la realidad es esta innegablemente. No estoy expresando un juicio, tan solo constatando un hecho.

Por todas partes en Europa, en la casi totalidad de los dojo, templos, monasterios Soto zen se puede constatar hasta qué punto están influenciados por el modo de hacer japonés. Hemos asumido el modo de vestir, de comer, de moverse, de celebrar los ceremonias (y los instrumentos para hacerlas), de enseñar y de aprender, de establecer relaciones jerárquicas en la comunidad y entre “maestro y discípulo”, de organizar dojo y templo, roles comunitarios... Hemos tomado todo, como si el modo japonés fuese el “exacto” modo según el dharma (alguno han hecho modificaciones, es verdad, pero se tan solo se trata de ajustes). 

Un caso único en la historia del budismo. Piensa si los chinos hubiesen imitado a los hindúes, probablemente el budismo no existiría ya en Extremo Oriente y ciertamente el Chan no habría aparecido nunca.

Según yo (y me han hecho falta cuarenta años para darme cuenta)  todo aquello que tenemos que recibir del budismo Soto zen japonés no son más que tres cosas, que ellos han preservado más o menos formalmente hasta hoy: zazen, la prosternación (gasho y/o raihai, es decir la actitud de inclinarse metafórica y físicamente) y algunas perlas de Dogen. Se trata de tres “cosas” esenciales, pero el resto se puede tranquilamente ignorar, diría que sería mejor ignorarlo, y me permito decirlo porque conozco bastante bien el resto.

Esto no significa, ciertamente, que no hayan habido japoneses (probablemente millares) que hayan vivido y testimoniado con su vida la Vía de Buddha a lo largo de los siglos, hasta hoy. Pero la mayor parte de estos es completamente anónima y no necesariamente compuesta por sacerdotes Soto zen.

Nosotros (sacerdotes Soto zen europeos) hemos importado de Japón incluso las reglas administrativas para ser reconocidos como sacerdotes, creando una casta clerical de la que ni el budismo ni los europeos tienen ninguna necesidad. No es solo cuestión del hecho de que estas reglas no tengan nada que ver con la cultura europea, es que que no proporcionan ninguna garantía ni siquiera para los japoneses. Por otra parte, hemos proporcionado certificados que muchos usan y usarán como si fuesen un certificado de “maestro zen”, una locura desde el punto de vista del budismo y una estafa hacia quien se lo cree.

Incluso si se actúa de buena fe y se esta animado por las mejores intenciones se ha establecido en Europa, con la activa complicidad de los japoneses, la idea de que existe una especie de profesión que podríamos llamar enseñante, maestro, o más simplemente “responsable de una estructura que iza la bandera del dharma”, bien sea un dojo, un templo, un monasterio, siguiendo más o menos el modelo japonés; y que es necesario aprender a ejercer ese trabajo, esa profesión .

Esto me conduce a la segunda cuestión de la cual hablo al comienzo de esta carta. Una vez que se acepta esta concepción y para quien se encuentra en la posición de “responsable de la comunidad”, el cuidado que debe ponerse en el empeño de aprender el dharma -pienso que no debería olvidarse nunca que somos todos y siempre aprendices del dharma y que el único y verdadero maestro es el Buddha-dharma- es dejado de lado y es desplazado poco a poco por la preocupación de enseñar a los otros y de sostener, mantener, reforzar, incluso ampliar la estructura de la que uno es responsable. 

Creo que estas condiciones llevan aparejadas dos consecuencias: una es la de comenzar a pensar, a veces incluso inconscientemente, que el “desarrollo” del dharma depende de nuestros esfuerzos; la otra es pensar que se podría valorar la propia adhesión al dharma y la bondad del testimonio propio por el “éxito” de la estructura comunitaria de la que se es responsable. Sé de lo que hablo, he sido responsable de dojo y de comunidad con residentes durante más de veinte años. Pero, por fortuna, el florecer del dharma no depende de nuestros esfuerzos y el éxito no es una vara de medir sobre la Vía de Buddha, que es constitutivamente una vía de pérdida.

Pienso que el Zen europeo (y también el japonés, pero esa es otra historia y otro discurso) ha llegado a un punto en el que debería pararse. Es el mismo discurso que concierne a la sociedad contemporánea, todos no hablan sino de crecimiento, mientras que la única cosa que habría que hacer sería pararse y cambiar el modelo de civilización. 

Hemos hecho un gran trabajo, como escribía en mi carta, pero ahora corremos el peligro de equivocarnos respecto a nuestro papel. La historia del budismo y del Zen en Europa es muy joven, apenas ha comenzado. Han hecho falta siglos en China antes de que el budismo chino se manifestase abiertamente y no veo porqué aquí debería de ser distinto. 

Hay un largo trabajo de preparación de la tierra a hacer. Sin preparar como se debe la tierra, se puede sembrar, plantar, trasplantar aquello que se quiera, pero nada desarrollará nunca raíces. Nuestra función histórica es la de las lombrices, la de preparar la tierra. La obra de las lombrices es esencial, sin ellas la tierra no sería fértil y el género humano no podría cultivar ningún huerto, ni obtener ningún fruto. Una obra esencial y anónima. Pero la lombriz que hace su parte como debe, no se plantea el problema de cual cultivo crecerá en la tierra que oxigena. No es este su papel ni su problema.

Vuelvo un momento sobre la cuestión, que parece haber chocado, de nuestra edad cronológica (incluso si tu eres más joven, pero poco importa). Lo que digo no tiene nada que ver con el número de años de práctica zen y de sentarse en zazen, sino con la mentalidad de las personas mayores que tiende naturalmente a la conservación, incluso si se hace zazen. Son los jóvenes los que deben de hacer las reformas y las revoluciones. Estoy convencido de que no se debería hacer de responsable de un dojo, de un templo, de un monasterio por más de diez años, quince años (veinte como máximo, en el caso de ser pioneros como nosotros), de otra manera se convierte en una profesión, en la imposición de un estilo, en la convicción de ser indispensables.

Por tanto mi “propuesta” es simple y concreta: parar la máquina, bajarse, contemplar el paisaje, sentarse allí donde se esté. Nada se perderá del trabajo hecho.

Me preguntas dónde se formará la nueva generación y cual es mi propuesta concreta para formarla. Respondo: donde sea que las personas vivan. No hay necesidad de un monasterio para recibir una buena educación, la vida la proporciona mucho más que la regla en un lugar cerrado. Y en el fondo no es una cuestión de “formar”, yo he usado este término y quizás no es la palabra adecuada. No existe, afortunadamente, un modelo de hombre o mujer zen que sirva de molde para “formar” las personas de la nueva generación. Se formará sola. Es suficiente indicar, antes que nada con el ejemplo vivo, cuales son los instrumentos usados desde siempre para la propia formación: zazen, profundización, honestidad. 

Zazen es zazen, la profundización es el estudio de la enseñanza budista y de nosotros mismos, la honestidad es espiritual, intelectual y comportamental, y yo creo que se aprende mejor intentando vivir según el dharma en la sociedad que en un monasterio.

Se vuelve por tanto a la cuestión del estudio y de la relación con el Soto shu japonés. Si de verdad los japoneses están interesados en el desarrollo del futuro Soto zen europeo y no solo en reproducir en Europa la copia de su pésima institución clerical, deberían utilizar el dinero que tienen en abundancia para sostener a los europeos que quieran estudiar las enseñanzas budistas, en vez de desperdiciarlo en proyectos insensatos, como el edificar un senmon sodo japonés en Europa, como pretenden hacer en los Estados Unidos con un proyecto absurdo y vergonzosamente costoso, para “formar” según el modelo japones a los sacerdotes zen occidentales. Eso sí que sería un triste fin para la historia del zen occidental.

Me excuso por haber tomado prestado tu tiempo para leer esta larga carta, concluyo aquí y de aquí en adelante me callo, aquello que tenía que decir lo he dicho repetidamente.

Un fraternal saludo.

Jiso


________________________________________________________________
 Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Ruinas del poblado minero de Rodalquilar. Roberto Poveda

domingo, 31 de mayo de 2015

Carta de despedida como director de la oficina del Sōtō Zen Europeo. Giuseppe Jiso Forzani

Tras cinco años desempeñando el cargo de director de la oficina europea del Soto Zen Giuseppe Jiso Forzani dejó de desempeñar el pasado marzo dicha función. Con ocasión de ello ha dirigido una carta a los distintos responsables de los centro soto de Europa, carta que después ha sido hecha pública. Dicha carta, respetuosa pero sin embargo muy crítica con la actual situación y con la deriva del zen Europeo, ha sido publicada en italiano en la página web de la Comunidad budista zen la Stella del Mattino, comunidad a la que Jiso también pertence.

El contenido de dicha carta creo que es pertinente para cualquier persona interesada en hacer de la práctica del budismo zen el eje de su propia vida, incluso en el caso de que no esté formalmente vinculada en modo alguno a la escuela japonesa Soto Zen, como es mi caso. 

Considero personalmente que las razones del actual extravío del zen occidental, es decir su incapacidad cada vez mas obvia de poder dar respuesta a las necesidades espirituales de aquellos occidentales que vuelven su mirada hacia él, no solo hemos de buscarlas en occidente y en los occidentales, sino que también hemos de tener en consideración el modo en que ha llegado hasta nosotros desde aquellos primeros pioneros japoneses que lo dieron a conocer entre nosotros, pues allí se encuentran sus raíces y en gran medida es de allí de donde deriva la actual situación de impasse. Me refiero, desde un punto de vista teórico, a Daisetsu Teitaro Suzuki, relacionado con el Zen Rinzai japonés, que a finales del ss. XIX y principios del ss. XX popularizó en occidente una visión idealizada e irreal del budismo zen japones, prácticamente desconocido hasta entonces en Occidente y, desde un punto de vista práctico, a aquellos que trajeron a Occidente la práctica, entre otras cosas, de zazen, práctica central en el budismo zen, a principios de la segunda mitad del siglo XX, como son Shunryu Suzuki en Estados Unidos y Taisen Deshimaru en Europa, relacionados ambos con el Soto Zen japonés.

Traducida por mí esta carta de despedida al castellano y habiéndola remitido por correo a algunas personas amigas, esta carta, además de aquí y ahora, momento en que la hago publica yo también, previamente ha aparecido ya en algunos blog españoles cuyos administradores han considerado oportuno publicarla. Desconozco si también ha tenido eco en sitios de otros países, además de Italia, en cualquier caso creo que este repetido eco es un claro síntoma de un malestar creciente y compartido entre muchos practicantes ante la decadencia del zen europeo actual. He de agradecer la publicación y el valor de haberlo hecho, situándose a contracorriente de la actual deriva del zen europeo, a los siguientes blog españoles:


Zen Gipuzkoa 
Zen Online
Grupo Zen Soto de Murcia Hei Shan

Si por desconocimiento he omitido algún sitio, ruego me sea indicado para incluirlo también en esta relación. Dentro de unos días publicaré así mismo aquí una segunda carta, continuación de esta primera, en la que Jiso profundiza y precisa aquello que dice en este primer correo.



_______________________________



Carta de despedida como director de la oficina del  Sōtō Zen Europeo

Giuseppe Jiso Forzani


Queridos Amigos y Amigas.

El comienzo de la primavera coincide este año, en mi caso, con el fin del encargo como director de la Oficina Europeo del Budismo Sōtō Zen. Con ocasión de esta contingencia de un fin y de un comienzo, permitidme que os dirija algunas palabras de  despedida.

Os agradezco, individual y colectivamente, por la compañía que hemos mantenido en el transcurso de estos años. Ha sido para mí una buena compañía, bajo el lema de la franqueza y de la paz.

Quiero además añadir algunas consideraciones, que son también la síntesis de lo que he escrito a comienzos de este año,en la carta de despedida dirigida a los responsables del departamento internacional del Shūmuchō de Tokyo, del que la Oficina Europea depende.

El Sōtō Zen europeo  ha adoptado gradualmente una forma institucional bastante definida. Esta forma no se ha originado para perseguir un objetivo común siguiendo un diseño orientado a realizar ese fin, sino por una exigencia, sentida al principio por algunos y que después se ha convertido de hecho en la línea guía para todos, de resolver algunos problemas contingentes de gestión práctica, sobre todo de tipo administrativo. Me refiero a la adquisición de la ordenación japonesa para definir y reconocer las figuras que realizan en Europa la actividad misionera y de difusión del Sōtō zen, pero no solo. El modelo japones, en un tiempo fuertemente criticado en Europa a menudo sin ni siquiera conocerlo, resulta hoy asumido casi acríticamente como el único válido tradicionalmente, a veces con algún retoque ocasional, en el intento de amalgamar la forma japonesa con la realidad europea.

Nos encontramos pues al interior de una progresiva y casi despreocupada japonesización del Sōtō Zen europeo en cuanto institución clerical. Quien observase el fenómeno desde fuera no podría sino concluir, con razón, que se está intentando importar en Europa el Sōtō Shū japonés, recreando aquí la misma atmósfera, la misma estructura y la misma función que el Sōtō Zen tiene en Japón. Es el camino fácil y habrá siempre en Europa personas fascinadas por la estética japonesa e impresionadas por la seriedad y la fiabilidad del comportamiento de los japoneses y que buscarán imitarlo creyendo que esto equivale a la “verdadera práctica tradicional del auténtico Budismo Zen”. Esta es la ola ahora en boga y personalmente considero que desaparecerá en breve, no dejando un rastro duradero.

Europa tiene una base cultural y religiosa no homologable a la japonesa y los europeos tienen una estructura antropológica diferente de la de los japoneses, es por tanto fácil prever que el camino imitativo no dará más que efímeros resultados.

Pero incluso si esta predicción estuviese equivocada, no se puede ignorar que la realidad del  Sōtō Shū japonés está muy lejos de de ser un modelo ejemplar. Muchos sacerdotes Sōtō Zen japoneses reconocen que el sistema educativo de los jóvenes sacerdotes es aproximativo y anacrónico y debería de ser urgente y profundamente reformado, porque no estimula el espíritu de búsqueda de los individuos y no proporciona instrumentos válidos para alimentar la evolución espiritual. Ese sistema está estructurado de forma que vuelve insignificante aquello que nosotros llamamos vocación espiritual. La adopción de ese sistema en Europa, donde no existen ni siquiera las condiciones históricas y sociales que lo hacen justificable en Japón, corre el riesgo de extinguir el impulso de búsqueda y de vocación que ha caracterizado la primera fase de la presencia del Zen en Europa. La dramática ausencia de jóvenes en la mayor parte de las comunidades Zen europeas es una señal evidente de esta situación.

Creo que la primera generación de sacerdotes Sōtō Zen europeos, que es mi generación, no puede dar desde sus propias fuerzas ninguna contribución de renovación al desarrollo del Sōtō Zen en Europa. Está compuesta por personas próximas a los setenta años, cuando no más. Hemos hecho un notable trabajo como pioneros, pero estamos ahora en una fase fisiológicamente conservadora, y por tanto ya no en condiciones de realizar la necesaria renovación. Sería oportuno dejar esta tarea a personas jóvenes, enérgicas, curiosas intelectualmente, no sobrecargadas por el legado de una historia que, aun siendo breve, no está ausente de sombras y de cargas. Hasta que esta nueva generación no se halla formado y se vuelva autónoma, es veleidoso y prematuro querer establecer una regla guía común para la formación religiosa, admitiendo provisionalmente que este sea un objetivo a perseguir. Es la ocasión en cambio de proveer de instrumentos adecuados para el estudio de las enseñanzas y la práctica del budismo a las nuevas generaciones, que serán los interpretes vivientes del futuro del budismo. Para ir en esta dirección la colaboración con el Sōtō Shū japones puede ser  valiosa, en el caso de que también desde aquella parte se manifieste la voluntad de ponerse realmente juntos al servicio de la realidad europea, escuchando su voz y aprendiendo a conocerla.

Envío como conclusión deseos de buena salud y de buen trabajo a cada uno de vosotros y al nuevo equipo de la Oficina europea, el director rev. Sekiguchi Dōjun, el rev. Tōgen Moss y el rev. Terumoto Taibun.

Un fraternal saludo



Giuseppe Jiso Forzani
31 de marzo de 2015

__________________________________________

Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Dinamarca 2012, Roberto Poveda