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sábado, 8 de abril de 2017

La vía de acceso del parar y observar

Para terminar esta serie de manuales, instrucciones o recomendaciones relativas al zazen, o zuochan en chino, quería ofrecer una de las instrucciones sobre la práctica de zazen que puede ser, probablemente, de las más antiguas existentes surgidas en la tradición extremo-oriental, expresando ya esa nueva sensibilidad, o modo de acercarse al budismo que florecerá abundante, primero en China y posteriormente en los países influenciados por esta cultura (Corea, Japón y Vietnam, principalmente). 


Se trata de las indicaciones recogidas en el Discurso sobre la fe en el Mahayana (o, en chino, Dasheng qixìn lun, 大乘起信論), de autor desconocido, si bien, durante mucho tiempo, su redacción ha sido atribuida  a Asvaghosha. El Dasheng qixin lun (o Discurso, a partir de aquí) se puede fechar a mediados del siglo VI o, tal vez un poco antes, es decir inmediatamente antes de la gran eclosión de escuelas budistas que se desarrollaron en China a partir de la segunda mitad del s. VI. Aunque poco conocido en occidente estamos ante un texto que ha sido y sigue siendo, hasta la actualidad, respetado, estudiado y practicado en todas las escuelas extremo orientales, incluido el Zen japonés.

En las "instrucciones sobre zazen" que aparecen en el Discurso, a pesar de conservarse formalmente la mención a aquella especie de dos tiempos, o dos aspectos relativos a la práctica de la meditación budista, que eran propuestos en el budismo antiguo, o clásico, conocidos como samatha y vipasyana, vemos emerger con claridad un enfoque mucho más esencial y directo que lo diferencia de aquel.

En el budismo clásico se desplegaba todo un abanico de objetos en los que el meditador enfocaba su atención (denominados kammatthana, en sánscrito); como encontramos por ejemplo en Buddhagosa, autor indio del siglo V cuyas propuestas, recogidas en el Visuddhimagga (Camino de purificación), siguen constituyendo hoy una referencia vigente dentro de la ortodoxia Theravada, el cual proponía 40 diferentes objetos de meditación en los que el practicante podía enfocar su atención.

Sin embargo, en estas instrucciones de zazen recogidas en el Discurso, la propuesta es exactamente la contraría, se propugna el abandono de cualquier objeto, de toda emoción, de toda imagen, de toda sensación particular, de todo pensamiento, sea positivo o negativo, incluido el propio pensamiento de abandonar los pensamientos, incluso el "confiarse al vacío" así como el enfocarse sobre la respiración deberán ser abandonados, prefigurándose así aquella forma que, seis siglos después, Dogen llevará a su formulación más depurada.

Por la importancia de estas "instrucciones" así como por la relevancia de las mismas, y también del Discurso en el que se contienen en su integridad, en el posterior desarrollo de todo el budismo desarrollado en el área extremo oriental, y también por tanto en aquello que desde este ha llegado a nosotros, occidentales, no puedo sino recomendar, como no podría ser de otra manera, una lectura atenta y repetida de las mismas, así como también su confrontación con la propia práctica.

Para terminar con esta introducción, creo que es importante señalar también, pues lo considero importante -si bien hoy, en occidente, en muchos "círculos zen" esto es pasado por alto- que en estas "recomendaciones" el zazen/zuochan no es presentado aislado. Aparece como el colofón de una serie de indicaciones, o vías, siguiendo la terminología del Discurso, que serían: La vía de acceso del dar, la vía de acceso de la ética, la vía de acceso de la paciencia, la vía de acceso de la diligencia y, por último, la vía de acceso del "parar y observar [en profundidad], consistiendo precisamente esta última en las recomendaciones cuya traducción ahora ofrecemos. Sin integrar zazen en nuestra vida cotidiana y sin dar a esta una orientación adecuada, zazen sería algo que permanecería aislado, o incluso en oposición, al resto de nuestra vida; devendría por tanto un ritual vacío, otro objeto más para nuestra egolatría, pero cuyo verdadero sentido se habría perdido.

Esta traducción se ha realizado a partir del Discorso di risveglio alla fede secondo il Vehicolo Universale, traducción realizada por Mauricio Y. Marassi, desde el chino a el italiano, para la Ed, Marietti (Génova 2106). Espero, por su relevancia para la práctica, poder ofrecer pronto a los lectores de este blog la traducción integral de este texto. En la presente traducción las notas han sido expurgadas, dejando tan solo aquellos contenidos que considero relevantes para la lectura del presente fragmento.

- Recomendaciones sobre zuochan (texto en formato  PDF)
- Recomendaciones sobre zuochan (texto en formato EPUB)


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 Del Discorso di risveglio alla fede secondo il Vehicolo Universale.
Mauricio Y. Marassi
Ed. Marietti, Génova 2016

Traducción, Roberto Poveda Anadó
Fotografía: Internet



sábado, 18 de febrero de 2017

Las instrucciones para zazen de Daoxin

Proseguimos nuestro viaje hacia atrás en tiempo, saltando ahora desde el Zuo-chan-yi (Las normas para zazen) de Changlu Zongze, que publicamos en la anterior entrada, a aquellas instrucciones que, según el estudioso del budismo extremo oriental Bernard Faure (nuestra fuente para la presente traducción) serían la descripción más antigua del zuochan, o zazen en japonés, escrita por un referente de la escuela Chan. Se trata de la normas presuntamente redactadas  por Daoxin (579-651. Doshin en japonés), considerado como cuarto patriarca de la escuela Chan/Zen. Estas instrucciones aparecen recogidas en el Leng-ch'ieh shih-tzu chi (Memoria sobre los Maestros y Discípulos [de la escuela] del Lanka[vatara-sutra), escrita por Ching-chüeh (683-750), un practicante de la actualmente conocida como escuela del norte del Chan, la cual tan solo sobrevivió en el tiempo unas pocas generaciones.

Daoxin, es conocido en la tradición Chan/Zen por haber introducido las ocupaciones cotidianas (el trabajo en el campo, la administración del templo, etc) en la vida monástica, ampliando así el campo de la práctica espiritual fundamental, el zazen, a todas las actividades cotidianas, proscritas muchas de ellas hasta entonces  a los monjes. Con ello no solo consiguió liberar a la escuela zen de las persecuciones gubernamentales de su época, e igualmente tender un puente entre la práctica de los monjes y la de los laicos, sino que también proporcionó al zen uno de sus rasgos más distintivos.

Curiosamente, en la Memoria escrita por Ching-chüeh, Daoxin (o Tao-hsin en chino según la transliteración usada por B. Faure) no es recogido como cuarto sino como quinto patriarca ya que para este practicante de la escuela del norte
la genealogía de los patriarcas chinos no comenzaba  con Bodhidharma, sino con Gunabhadra, otro monje indio que también viajó a China y del cual, según la Memoria, Bodhidharma sería sucesor, es decir el segundo y no el primer patriarca.

Anteriormente a Ching-chüe los linajes del Chan tan solo habían sido esbozados, siendo Ching-chüe el primero en proponer con claridad esta especie de sucesión dinástica que, incluso hoy en día, es usada, abusivamente a menudo, como una especie de carta de legitimidad entre los practicantes. Sin embargo posteriormente estos linajes serían revisados, colocando a Bodhidharma como primer patriarca del Chan chino, pero conservando el Sutra de Lankavatara, del cual Gunabhadra fue efectivamente traductor al chino, como referente textual mayor del Chan. Cuestión esta última en buena parte derivada de la influencia que, incluso entre quienes la criticaron, tuvo en su momento la Memoria redactada por Ching-chüeh.

En el estilo de las presentes instrucciones, bastante más esquemáticas que las ofrecidas en la entrada anterior, podemos captar todavía con bastante claridad algunas influencias precedentes. Tanto la persistencia de la de terminología tomada prestada del taoísmo, que sirvió en un principio para hacer "legible" a los chinos en sus propio términos el mensaje del que era portador el budismo; como igualmente la influencia de Zhiyi (538-597), el fundador de la escuela Tientai/Tendai, escuela con la que estuvieron relacionados en algún momento muchos de los principales maestros Chan/Zen y de otras escuelas chinas y japonesas, incluido Dogen, y que será la primera escuela que realiza una separación clara respecto a la tradición india previa, formando un sistema propiamente chino. Esta influencia, formalmente, podemos verla en que en estas instrucciones la práctica de la meditación es abordada desde dos perspectivas, rememorando el enfoque tradicional del budismo indio del samatha-vipassana, si bien ya en clara transición hacia la eliminación de todo objeto específico sobre el cual depositar la atención durante la meditación, y que alcanzará su más alta expresión con Dogen, con la comprensión de que no han nada específico sobre lo cual se deba enfocar la meditación, y que este plasmó en su Fukanzazengi.

En la presente traducción conservamos la transliteración "Tao-hsin", usada por Faure para el nombre del cuarto (o quinto, según la Memoria) patriarca, a pesar de ser hoy en día más usada su transcripción como "Daoxin"; igualmente conservamos el abundante aparato erudito y crítico que añade Faure en las notas y que proporciona una amplia información, no solo sobre el texto de Daoxin, sino también sobre el estado del desarrollo del budismo Chan durante la época de formación de esta escuela.


El texto de Daoxin (Tao-hasin) lo ofrecemos en tres formatos: PDF, apto para impresión o para su lectura en un ordenador. Mientras que para su lectura en una tablet o en un libro electrónico está en dos formatos: EPUB, para tabletas y libros electrónicos en general, y MOBI para libro electrónico kindle.

Instrucciones para zazen de Daoxin (pdf)
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Extraido de: Le Boduddhism Ch'an en mal d'histoire.
Genèse d'une tradition religieuse dans la Chine des Tang

Bernard Faure
École Française d'Extreme-Orient
París, 1989 

Traducción: Roberto Poveda Anadón
Ilustración: Daoxin, Internet

sábado, 15 de agosto de 2015

Shobogenzo. Eihei Dogen

En fechas recientes ha aparecido publicado por la Editorial Sirio el tercer volumen del Shobogenzo, la obra cumbre de Eihei Dogen (1200-1253),  fundamental para la comprensión del budismo zen.

Como en los dos tomos anteriores la traducción ha corrido a cargo de Pedro Piquero, a partir de la versión en japonés moderno establecida por Gudo Wafu Nishijima.

Este tercer volumen contiene los capítulos 42 al 72, de los 95 de los que consta en total la obra, según la compilación establecida por Hangyo Kozen a finales del siglo XVII, más un apéndice de maestros chinos y la continuación del glosario de términos en sánscrito.

Simultaneamente la Editorial Sirio ha sacado una nueva edición revisada del primer volumen del Shobogenzo.




Para ilustrar la solapa de este tercer volumen, Pedro Piquero ha escogido las  tres siguientes citas:


"Aquellos que dicen que los sutras budistas no son el Dharma del Buddha no investigan las ocasiones en las que los patriarcas budistas se han apoyado en los sutras, no han estudiado en la práctica las ocasiones en las que los patriarcas budistas se manifiestan siguiendo los sutras y no saben como de profunda es la intimidad entre los patriarcas budistas y los sutras budistas"


***

"Sentándote en equilibrio en el estado de la montaña tranquila, piensa el estado concreto de no pensar. Este es el verdadero secreto de zazen. Sentarse en zazen no es aprender la meditación zen. Es la tranquila y feliz gran puerta del Dharma. Es la práctica-y-experiencia sin mancha"


***

"Ningún hijo en la casa de los patriarcas budistas debería encontrarse con aquellos camaradas que se llamen a sí mismos "maestros zen". Simplemente investiga en la práctica y realiza en la experiencia física los ojos que son el ojo de encontrarse con buddha"

jueves, 21 de mayo de 2015

Sutra del Diamante § 5

Entre la extensísima literatura Mahayana el Sutra del Diamante, cuyo texto integro ofrecemos hoy, ocupa un lugar central. Este texto hindú del ss. II, bajo la forma de un diálogo entre el Buda y Subhuti, uno de sus principales discípulos, constituye probablemente la obra que nos introduce más directamente en aquel plano que podríamos denominar, recurriendo a un término occidental, como "mística" budista, constituyendo la guía a la parte más profunda del recorrido interior llamado "práctica del budismo".

También dentro del chan/zen este sutra ha sido y sigue siendo estudiado y practicado extensa e intensamente. Así, por ejemplo, según recoge la tradición hagiográfica, tanto Hongren como Huineng, conocidos como 4º y 5º patriarcas del zen, basaron su enseñanza en este Sutra, diciéndose que este último alcanzó un despertar repentino cuando escucho un día, mientras repartía cargas de leña, recitar una simple estrofa del mismo.

Hoy junto con el 5º párrafo del sutra y su comentario, presentamos el texto completo del sutra, (disponible a partir de ahora en la sección textos en PDF, que contiene textos que, por su extensión, han sido formateados para su impresión o para su lectura en ibook), traducido al italiano por Mauricio Yushin Marassi, el cual además de comentar párrafo a párrafo el sutra, o si se quiere releerlo desde una visión contemporanea, occidental y europea, nos ofrece tres capítulos introductorios que nos ayudan a situarlo adecuadamente.

Mauricio Yushin Marassi, tras un largo periódo de práctica y estudio en el monasterio japonés de Antaiji, es el actual responsable de la comunidad budista zen italiana Stella del Mattino así como enseñante de Budismo y Religiones del Extremo Oriente en la Universidad de Urbino. 




  
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El Sutra del Diamante
§ 5

 

«¿Qué piensas, Subhūti, el Tathāgata, el Así Ido, puede ser reconocido gracias a poseer marcas?».  Subhūti respondió: «Ciertamente no, oh Bienaventurado. El Así Ido no puede ser reconocido gracias a poseer marcas. ¿Por qué?, porque, oh Bienaventurado, aquello que ha sido enseñado por el Así Ido como poseer marcas, en realidad es no poseer marcas». Oídas estas palabras, el Bienaventurado dije así al venerable Subhūti: «Desde el momento que, Subhūti, en el poseer marcas hay falsedad y en el no poseer marcas no hay falsedad, entonces el Así Ido es reconocido por no poseer marcas como marcas».

Como se sabe a Linji Yixuan, en la China del siglo noveno, se le atribuye la exclamación «si encuentras al Buda, mátalo». Es inevitable construir modelos o, todavía peor, imaginarlos realizados. Por eso Linji pone en guardia. Pero eso no es todo. El gran camino, o gran vehículo, se mueve en un área invisible. Cuando vemos algo, una iluminación, una gran intuición, es el momento de acordarse de Linji. La excepcionalidad de la cosa no está en su parecer tal, sino en el nada de especial. Incluso “nada de especial” ya es un signo que no hay que fijar.

Todo aquello que se ve y aquello que deslumbra y fascina pertenece al mundo, sin embargo el gran vehículo existe y funciona. Con tal de que no se lo trasforme en la vanidad del mundo, haciéndolo desaparecer. En la posesión de marcas hay falsedad. En la escuela Chan existe una frase famosa que evidencia este punto: «Antes de practicar el Chan, ves que las montañas son montañas y los ríos son ríos. Después de haberlo practicado mucho tiempo, ves que las montañas no son montañas y los ríos no son ríos. Ahora, después de mucho tiempo, veo que las montañas son montañas y los ríos son ríos». Dōgen, en el siglo XIII, comentó la palabras precedentes diciendo: «Un antiguo buda dice: “Las montañas son montañas, los ríos son ríos”. Estas palabras no quieren decir que las montañas son montañas, quieren decir que las montañas son montañas». Conze, en la introducción a su último trabajo sobre el Sutra del diamante, escribe: «En este sutra es común establecer una relación paradójica, inclusiva e ilógica entre aquello que precede y aquello que sigue. Esto saca a la luz de manera significativa la relación que existe entre la verdad esotérica y el simple hablar, entre el verdadero estado de las cosas tal como son y las palabras con las que es expresado esto. […] Derogando el principio de contradicción la lógica de la Prajñāpāramitā difiere de la de Aristóteles». Usar la misma frase dos veces, en secuencia continua, con dos significados distintos obliga a reflexionar profundamente, tan profundamente como para tener que abandonar los pensamientos relativos al sentido de la primera versión para poder afrontar la segunda ex novo, desde cero. Cuando aquello que son las montañas, los ríos, las marcas del Buda no es visto según el mundo, entonces he ahí montañas, ríos y marcas de santidad.

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Il Sutra del Diamante
La Cerca del Paradiso
Traducción y comentarios: Mauricio Y. Marassi
Casa Editrice Marietti S.p.A., Genova-Milán, 2011
Traducción privada al castellano
realizada por Roberto Poveda Anadón
Distribuida solo para uso personal
Fotografía: Internet

lunes, 11 de mayo de 2015

Sutra del Diamante § 3

El Bienaventurado dijo: «Aquí, oh  Subhūti, el que entra en el camino del bodhisattva debe generar este pensamiento; por muchos que sean los seres,oh  Subhūti, en cualquier reino de seres que puedan existir, sean nacidos de huevo o nacidos de útero, nacidos de calor húmedo o autogenerados en el aire, sea que tengan una forma sean sin una forma, dotados de percepción o sin percepción, sin ni percepción ni no percepción, en cualquier reino concebible de seres, a todos, en el reino del nirvana sin añadidos y sin restos, les liberaré completamente. Sin embargo, si bien innumerables criaturas han sido completamente liberadas, ninguna criatura individual ha sido completamente liberada. ¿Y por qué es así? Si un bodhisattva, Subhūti, diese curso a la noción de existencia de un ser, no se le podría llamar ser-del-despertar. ¿Y por qué? Subhūti, quien mantiene la noción de vida propia, de un ser, de viviente, de persona no se le puede llamar ser-del-despertar».
 Si la respuesta fuese esta expectativa, esta expectativa no sería sino la continuación de nuestros pensamientos, completamente inútil. Ocuparse en cada momento por la salvación, por el bien supremo de todos los seres es solo esto, no es pensar en salvar a alguien. La práctica del gran camino tiene su objetivo en si misma, no en el querer salvar -y mucho menos en importunar- a nadie. No hay nadie que salvar, algo de lo que podríamos salvarlo, ni una salvación a conseguir. El proselitismo y el afán por el liderazgo no son un asunto budista. Por esto hace falta ocuparse de la propia actitud interior y hacer de tal forma que esta sea a todos los liberaré en el reino del nirvana, en el nirvana sin restos. El “aquí” de Aquí, oh  Subhūti es vasto como un siempre y tratar “aquí” el pensamiento de este modo permite no seguir el pensamiento ligado a nuestro deseo y a nuestra imaginación.

No hay otro modo de obtener la extinción de los fuegos mas que no ocupándose de los fuegos. El nirvana sin restos está al final del nirvana. En cualquier caso el nirvana no existe, aquello que existe es en cualquier caso el saṃsāra; nacimiento, muerte, sufrimiento, iluminación, despertar, nirvana, nada más. Con el fin de que el nirvana sea real es necesario que sea real todo lo demás. Y viceversa. Por eso si pensamos que existe el nirvana estamos en un error. El dolor nace de considerar los seres, las cosas amadas, a nosotros mismos como permanentes, existentes, vidas autónomas que podemos conquistar y poseer, ahora o para siempre. Reconocer la inpermanencia es el paso decisivo para comprender la naturaleza de las cosas. Comprendida la naturaleza de las cosas se comprende por qué desde la antigüedad se habla de vacío, śūnya. En este punto la práctica de lo sin-conjeturas, del no aferrar, se convierte en la cosa más natural del mundo. Y en la vida cotidiana el paso normal en armonía con la “naturaleza de las cosas” es a todos los liberaré en el reino del nirvana, en el nirvana sin restos.

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Il Sutra del Diamante
La Cerca del Paradiso

Traducción y comentarios: Mauricio Y. Marassi
Casa Editrice Marietti S.p.A., Genova-Milán, 2011
Traducción privada al castellano
realizada por Roberto Poveda Anadón
Distribuida solo para uso personal
Fotografía: Roberto Poveda

martes, 5 de mayo de 2015

Sutra del Diamante § 2

Continuamos con el segundo párrafo del Sutra del Diamante. En este punto, a través de la intermediación de una pregunta realizada al Buda por Subhuti, el Sutra comienza a desplegarse para que la enseñanza del Buda, más allá del reducido numero de los arhat a la que en principio se dirigía, comience a abrirse hasta abarcar a todos, y también a nosotros.


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§ 2. Entonces aconteció que el venerable Subhūti se unió a la asamblea y se sentó. A continuación el venerable Subhūti se alzó de su asiento, puso el vestido sobre un hombro, puso la rodilla derecha en el suelo, se inclinó con las manos juntas hacia el Bienaventurado y le dijo al Bienaventurado: «Es extraordinario, profundamente extraordinario, oh Bien Ido, cómo los bodhisattva, grandes seres, han sido beneficiados por un enorme beneficio del Así Ido, Honorable, Completamente Despertado. Es extraordinario, profundamente extraordinario, oh Bien Ido, cómo los bodhisattva, grandes seres, han sido considerados dignos de confianza, de la suprema confianza del Así Ido, Honorable, Completamente Despertado. No obstante, oh Bienaventurado, si un hijo o una hija de buena familia quiere  formar parte del camino del bodhisattva, ¿cómo debería estar, cómo proceder, cómo tratar los pensamientos?» Oídas estas palabras el Bienaventurado respondió al venerable Subhūti: «Exacto, exacto,  Subhūti, los bodhisattva, grandes seres, han sido beneficiados con un enorme beneficio por el Así Ido, han sido dignos de confianza, de la suprema confianza del Así Ido. Entonces, Subhūti, escucha correctamente, considera con cuidado, te diré cómo deberían estar, cómo proceder, cómo deberían tratar los pensamientos aquellos que entran en el camino del bodhisattva». «Así sea, oh Bienaventurado» contestó el venerable Subhūti prestando total atención.

Preguntar en el momento y de la forma apropiada. Nadie llegará nunca a despertarse una mañana diciendo “la vía de la salvación tiene tal forma” y, aunque lo hiciese, posiblemente no lo escucharíamos. En el Mahāyāna “llamar y se os abrirá” se convierte en la condición indispensable para poder asumir la dirección que conduce a la paz. Solo grandes preguntas contienen y generan grandes respuestas, del silencio nace el silencio.

Parece que la escena se encoje, mientras que en realidad se convierte en inmensa. Hasta ahora al señor Gautama Siddhārtha Śākyamuni no se le ha visto ni siquiera un momento, solo el Buda. Ahora, el Buda, sentado en la paz, da voz al buda. Subhūti, con una pizca de ironía, en vez de participar en silencio de la beatitud se atribuye el honor de hacerse nuestro interprete. Sí, está bien, tus acciones una por una son la realización cotidiana de la vía, aquí todo es perfecto, no hay nada que obstaculice o que tan solo encrespe el trascurrir de la corriente, solo santos y seres excepcionales, la beatitud se respira en el aire. Pero los otros, aquellos que viven una vida normal entre personas normales, ¿cómo deben hacer para “entrar en la corriente9”?, ¿para recorrer el “gran camino”? ¿Qué me dices del “conocimiento que ha ido más allá”?

La secuencia perfecta del actuar del Buda prosigue, primero al vestir el manto, tomar el cuenco, salir para las donaciones, sentarse en silencio con el cuerpo enderezado. Ahora, en vez de ignorar al perturbador, responde. De hecho no hay nada que pudiese ser perturbado. Es verdad, los grandes bodhisattva son tales no por propia ciencia, sino por que el Buda les ha ofrecido su ayuda, teniendo confianza y paciencia. Por esto dice, ahora haz como ellos, escucha. Yo te trataré como les he tratado a ellos, con benevolencia, paciencia y confianza.


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Il Sutra del Diamante
La Cerca del Paradiso
Traducción y comentarios: Mauricio Y. Marassi
Casa Editrice Marietti S.p.A., Genova-Milán, 2011
Traducción privada al castellano
realizada por Roberto Poveda Anadón
Distribuida solo para uso personal

Fotografía: Ilustración de la versión de Kumarajiva 
del Sutra del Dimanate.
Encontrada en las grutas de Mogao, Dunhuang, China.
Fuente Internet. Coloreada por Roberto Poveda

viernes, 1 de mayo de 2015

Sutra del Diamante § 1

Entre la extensa literatura Mahayana el Sutra del Diamante ocupa, junto a algunos otros sutra, un lugar central. También dentro del chan/zen este sutra ha sido y sigue siendo estudiado y practicado extensa e intensamente. Así, por ejemplo, según recoge la tradición hagiográfica de esta tradición, escuchando este sutra Huineng, también conocido como el sexto patriarca, alcanzó un despertar repentino.

Este texto hindú del ss. II es probablemente la obra que nos introduce más directamente en aquel plano que podríamos denominar, recurriendo a un término occidental, como "mística" budista, constituyendo la guía a la parte más profunda del recorrido interior llamado "práctica del budismo".

La traducción que aquí presentamos es obra de Mauricio Yushin Marassi, actual responsable de la comunidad budista zen italiana Stella del Mattino así como enseñante de Budismo y Religiones del Extremo Oriente en la Universidad de Urbino. El texto, además del sutra en sí, viene acompañado por tres capítulos introductorios al sentido del sutra así como una serie de comentarios al texto, párrafo a párrafo, que contribuyen a esclarecer el sentido del sutra, hoy y desde una óptica occidental.

Durante las próximas semanas presentaremos los primeros cinco párrafos del texto con sus respectivos comentarios, y coincidiendo con el quinto párrafo es nuestra intención ofrecer a los lectores hispanohablantes, en la sección "Textos en pdf", el texto integro.



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El Sutra del Diamante


Homenaje a la  prajñāpāramitā, el conocimiento ido más allá, bienaventurado, santo


§ 1. Así lo he oído. Una vez el Bienaventurado se encontraba cerca de Śrāvastī en el bosque de Jeta, en el jardín de Anāthapiṇḍada con una gran comunidad de 1250 monjes además de muchísimos bodhisattva, grandes seres. El Bienaventurado, una mañana, se vistió con el manto de monje, cogió el cuenco y entró en la gran ciudad de Śrāvastī para la colecta. Después, el Bienaventurado, tras ir a la gran ciudad de Śrāvastī para la colecta y haber comido el arroz, al comenzar la tarde volvió de la colecta, guardó el cuenco y el manto, se lavó los pies y se sentó en su sitio. Cruzó las piernas, adoptó la postura recta y concentró plenamente la atención ante él. Entonces muchos monjes se acercaron al lugar donde el Bienaventurado estaba sentado. Se inclinaron hasta tocar sus pies con la frente, giraron a su alrededor tres veces en sentido horario y se sentaron al lado.


Todo está completo. La escena, recortada en el trascurrir del tiempo infinito, está completa, redonda, perfecta. Cerca de una gran ciudad un vasto bosque con un jardín inmenso en su interior, provisto por el Benefactor, diseminado de edificios distantes unos de otros, adecuado para transcurrir en silencio el periodo de las lluvias. Alrededor del Bhagāvan una gran comunidad madura, consciente. Su vida es en cada acto caminar sobre la vía de la beatitud. Todos y cada uno de sus movimientos está lleno de significado, escanden sin prisa el tiempo hasta gradualmente pararlo. El Buda está inmóvil, sentado, los monjes le rinden homenaje de forma adecuada, después se aquietan, sentados junto a él, en silencio.

El autor del marco escénico solo se ha demorado en un detalle, el Buda, una vez correctamente sentado concentró plenamente la atención ante él. Quién practica el estar sentado en la quietud encontrará una correlación con su propia experiencia personal, una vez asumida la posición sentada en un lugar silencioso y tranquilo el primer, único y último contenido de conciencia “externa” es aquello que está delante. El silencio es la desaparición del movimiento -es decir del tiempo y del espacio-, la representación escénica está completa.

El sutra integro, habitualmente entendido como el contenido de las palabras del Buda en las páginas sucesivas, es la explicación de aquello que sucede en este primer breve capítulo. Podemos decir que el sutra, aquí, ya ha finalizado.



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Il Sutra del Diamante
La Cerca del Paradiso

Traducción y comentarios: Mauricio Y. Marassi
Casa Editrice Marietti S.p.A., Genova-Milán, 2011

Traducción privada al castellano
realizada por Roberto Poveda Anadón
Distribuida solo para uso personal

Fotografía: Internet

sábado, 11 de abril de 2015

Zazenshin, Dogen [18]. Traducción y comentarios por Aldo Tollini

Continuación de la traducción y los comentarios realizados por Aldo Tollini al Zazenshin de Dogen. 



Para ir a la primera entrada de esta serie de entradas dedicadas al Zazenshin pulsa aquí. Para desplazarse entre entradas ir al final de cada entrada (y de los comentarios, en el caso que existan) y pulsa "Entradas más recientes" o "Entradas Antiguas".


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Zazenshin
 

La aguja de zazen [18]


Estar iluminados por la claridad de los Buddha y de los patriarcas es investigar y practicar el zazen. Las personas estúpidas confunden la claridad del Buddha y piensan que es como la del sol y la de la luna o como la de las perlas y el fuego. Pero la claridad del sol y de la luna es tan solo la de la actividad del renacimiento en las seis formas y no puede ser comparada a la claridad del Buddha. La claridad del Buddha es el recibir y el escuchar una única máxima [de la enseñanza y no olvidarla], adherirse y atenerse a una enseñanza, recibir en linea directa el zazen. Si no se está iluminados por esta claridad, no se puede ni adherir ni atenerse a ella. Por ello, desde la antigüedad, aquellos que han comprendido el zazen como zazen son pocos.

Actualmente en el país de los Song [China] entre los abades de los monasterios aquellos que no practican y no conocen el zazen son muchos y aquellos que lo conocen bien son pocos. Existen períodos establecidos en los que practicar zazen en todos los monasterios y, desde el abad a todos los monjes, la práctica del zazen es considerada la cosa principal y el zazen es aconsejado. Sin embargo, son raro los abades que conocen zazen.

Comentario

Sin embargo, son pocos aquellos que comprendido profundamente el  zazen y están en condiciones de trasmitirlo correctamente. Incluso en China, si bien es ampliamente practicado, el zazen a menudo es malentendido. Por este motivo Dōgen ha escrito este capítulo del Shōbōgenzō que tiene la finalidad de aclarar el verdadero significado del zazen.


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Aldo Tollini

 

Pratica e Illuminazione nello Shobogenzo

Testi scelti de Eihei Dogen Zenji

Ubaldini Editore. Roma, 2001


Traducción: Roberto Poveda Anadón

Fotografía: Meditation in Springfield. Internet

sábado, 28 de marzo de 2015

Zazenshin, Dogen [15]. Traducción y comentarios por Aldo Tollini

Continuación de la traducción y los comentarios realizados por Aldo Tollini al Zazenshin de Dogen. 

Para ir a la primera entrada de esta serie de entradas dedicadas al Zazenshin pulsa aquí. Para desplazarse entre entradas ir al final de cada entrada (y de los comentarios, en el caso que existan) y pulsa "Entradas más recientes" o "Entradas Antiguas".

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Zazenshin
 
La aguja de zazen [15]


[De nuevo Nangaku dijo:] “Si te preocupas de la forma del sentarse, no alcanzas su principio”. Preocuparse de la forma del sentarse significa [primero] arrojarla fuera [y después] seguirla. El sentido de esto es que quién ya esta sobre la Vía para convertirse en un Buddha sentado no puede prescindir de preocuparse por la forma del sentarse. La preocupación por la forma del sentarse no puede prescindir de estar, pero puesto que esta preocupación está clarísima, ella no alcanza su principio. Un esfuerzo así se llama “dejar caer mente y cuerpo”. Estas palabras no son para aquellos que no están ya sentados [en zazen]. Son para cuando nos sentamos, para aquellos que se sientan, para el Buddha sentado y para el estudio del Buddha sentado.


Comentario

Ahora Nangaku se ocupa de la forma física del zazen. El que se preocupa de la forma física, es decir de mantener la espalda enderezada, de mantener las manos en la posición correcta, respirar del modo oportuno, etc., “no alcanza su principio”, es decir se equivoca. El que se preocupa de la forma del zazen no realiza plenamente su potencialidad, sin embargo la forma es importante y no es descuidada. ¿Cómo salir de este impasse? Según Dōgen: “Preocuparse de la forma del sentarse significa [primero] arrojarla fuera y [después continuar] siguiéndola”, en otras palabras, echar fuera las preocupaciones sobre la forma del sentarse para después sin embargo atenerse a ellas. ¿Cómo es esto posible? Tomando consciencia de la importancia de la forma del zazen y conformándose a ella sin convertirla en cambio en objeto de preocupación. Es como un artesano experto que tiene que usar un instrumento de su trabajo de forma apropiada si quiere crear un objeto valioso. Sin embargo, su consumada experiencia hace que esté preparado para hacerlo de manera correcta sin tener que preocuparse de ello, sino haciéndolo de forma natural, como algo adquirido. Existe la forma correcta, pero no es motivo de preocupación, a lo más de atención.

Esta preocupación por la (o mejor atención a la) forma de sentarse no puede dejar de estar presente, pero porque está bien presente en la consciencia del practicante no interfiere con la actividad del zazen.  Si en vez de estar bien presente en la consciencia, fuese un problema oculto y latente podría actuar por caminos desviados e interferir. Es precisamente la claridad de su importancia la que lo hace un no problema.

Esta actitud es la del shinjin datsuraku del Genjō kōan, es decir “dejar caer mente y cuerpo”. Es la mente del sin-pensamiento como es descrito en el Fukan zazengi, un estado mental en el que todo está presente sin que interfiera en modo alguno. La consciencia de la forma física, junto a otras cosas, está presente ahí. Presente simplemente, sin más.

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Aldo Tollini
 
Pratica e Illuminazione nello Shobogenzo
Testi scelti de Eihei Dogen Zenji
Ubaldini Editore. Roma, 2001

Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Sodo Yokoyama. Internet.

martes, 17 de marzo de 2015

Zazenshin, Dogen [13]. Traducción y comentarios por Aldo Tollini

Continuación de la traducción y los comentarios realizados por Aldo Tollini al Zazenshin de Dogen. 

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Zazenshin
 
La aguja de zazen [13]


Nangaku dijo: “Si estudias el Buddha sentado, [has de saber que] el Buddha no no tiene una forma fija”. Es natural expresarse de esta forma. El hecho de que para el Buddha sentado existan uno o dos Buddha [distintos], depende del hecho de que no tiene una forma fija.1 Cuando se habla ahora del Buddha que no tiene una forma fija, se habla de las formas del Buddha. Puesto que el Buddha no tiene una forma fija, es aun más difícil evitar el Buddha sentado.

Por tanto, precisamente a causa del hecho de que el Buddha es una forma no fija, si se estudia zazen, entonces se es el Buddha sentado. Sin embargo, en esta situación de cambio [debida a las formas cambiantes del Buddha sentado], ¿quién está en condiciones de hacer una selección y decidir qué no es el Buddha? ¿O de hacer una selección y decidir qué es el Buddha? [Más bien,] habiendo desechado completamente todo tipo de selección se convierte en un Buddha sentado.


Comentario

Nangaku continua hablando y dice que el Buddha sentado no tiene una forma fija, es decir que la budeidad no tiene una forma preestablecida sino que puede asumir variadísimas formas y puede manifestarse de muchísimos modos distintos. No es necesario por tanto ceñirse a una única forma de budeidad pensando que ella sea algo definible de una vez por todas. Es posible encontrar el Buddha de muchas maneras distintas, por esto Dōgen dice que precisamente porque el Buddha no tiene una forma fija es todavía más difícil evitarlo. Podemos encontrar al Buddha por todas partes en cualquier momento; observando un objeto, así como siendo golpeados por un sonido o haciendo una acción cualquiera. Es importante no tener prejuicios, de otra forma perdemos la oportunidad de ver al Buddha, el cual está por todas partes, en todas las manifestaciones de la realidad.

Por ello, ¿quién puede decidir qué es el Buddha? ¿Quién puede realizar una selección? La única verdadera vía a recorrer e la de renunciar a hacer selecciones y juicios relativos al mérito. Entonces, abandonando cualquier discriminación y prejuicio (es decir, nuestro yo) veremos al Buddha sentado.
tiene una forma fija”. Es natural expresarse de esta forma. El hecho de que para el Buddha sentado existan uno o dos Buddha [distintos], depende del hecho de que no tiene una forma fija. Cuando se habla ahora del Buddha que no tiene una forma fija, se habla de las formas del Buddha. Puesto que el Buddha no tiene una forma fija, es aun más difícil evitar el Buddha sentado.



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Aldo Tollini
 
Pratica e Illuminazione nello Shobogenzo
Testi scelti de Eihei Dogen Zenji
Ubaldini Editore. Roma, 2001

Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Maitreya. Internet

jueves, 24 de febrero de 2011

Shoji. Eihei Dogen. Trad. y comentarios Jiso Forzani






SHOJI

Vida y muerte

Eihei Dogen






Si en vida y muerte hay Buda, no hay vida y muerte. También se ha dicho, si en vida y muerte no hay Buda, no nos engañamos respecto a vida y muerte.

Estas son las palabras de dos maestros zen, Kassan Zen'e y Jozan Shin'ei , que van al corazón del problema. Puesto que son palabras de hombres que han conseguido la vía no han sido establecidas y pronunciadas en vano.

Quien aspira a separarse de vida y muerte tiene que aclarar verdaderamente este principio. Si se busca Buda en otro lugar que vida y muerte es como dirigir el timón al norte para andar hacia el país del sur, es como girar la mirada hacia el sur para ver la osa mayor. Dando así cada vez más cuerpo a la raíz de vida y muerte se pierde todavía más el camino de la libertad. En cambio cuando comprendes que la propia vida y muerte es el Nirvana, entonces no puedes odiarla en cuanto vida y muerte, no hay más desearla en cuanto Nirvana. Entonces por primera vez se realiza la condición de estar libres de vida y muerte.

Creer que de la vida se pasa a la muerte, esto es el error. La vida es un tiempo completo, hay un antes, hay un después. Por ello en el dharma de Buda al nacimiento se le llama no nacimiento. También la muerte (extinción) es un tiempo completo, a su vez hay una antes, hay un después. Por esto la muerte es llamada no muerte. Cuando se dice vida no hay otra cosa que vida, cuando se dice muerte no hay otra cosa que muerte. Por tanto cuando llega la vida, ésta sólo es vida; cuando llega la muerte, hace falta estar al servicio de la muerte. No odiar, no desear.

Esta vida y muerte es verdaderamente la Vida de Buda. Si reniegas de ella en verdad tú tiras la Vida de Buda. Si, mientras se vive, te apegas a la vida y muerte, también esto es perder la vida de Buda, es fijar el modo de ser Buda. Si no detestas, si no deseas, entonces por primera vez estás en el corazón de Buda. Pero no lo valores usando el corazón, no lo digas usando palabras.

En cambio, abandonado y olvidado mi cuerpo y mi corazón me precipito en la casa de Buda, me dejo actuar desde el lado de Buda; y cuando obro de acuerdo a eso, sin forzar, sin consumir el corazón, libre de vida y muerte, me convierto en Buda.

Para convertirse en Buda hay un camino muy simple: no hacer el mal de ninguna forma, sin el corazón apegado a vida y muerte, prodiga la compasión [el afecto, la piedad] hacia todos los vivientes, honra lo que está en alto, se compasivo con lo que esta bajo, no tengas el corazón que odia, no tengas el corazón que anhela, no tengas pensamientos en el corazón, no estés inquieto, esto es lo que llamamos Buda. No buscar otra cosa.

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A propósito del texto

El hecho que de este texto no exista colofón, es decir el texto manuscrito indicando el nombre del autor y la fecha de publicación, además de otras varias razones de estilo e impostación, ha llevado a considerar que Shoji no sea en realidad obra de Dogen, aunque una tradición secular se lo atribuya. Es cierto que no está incluido en la versión del Shobogenzo en 75 secciones compilada antes de morir. Shoji forma parte en cambio del llamado Himitsu Shobogenzo (Shobogenzo Secreto), que consta de 28 secciones y que fue completado probablemente hacia 1350 para el uso exclusivo de los monjes de Heiheiji. Fue publicado por primera vez en 1690 por Kozen Zenji, trigesimoquinto abad de Heiheiji, que redactó una versión del Shobogenzo en 95 secciones. Por tanto es solo a partir del finales del siglo XVII que este texto saldría del restringido círculo del monasterio de Eiheiji. Hoy en día la crítica tiende a reconocer su autenticidad, aunque hay algunos motivos de duda mantenidos legítimamente. Sea como sea alguna expresiones contenidas en este texto han devenido de uso corriente en el ámbito de los fieles budistas japoneses, gracias al hecho también de que es uno de los textos más usados hoy en día en las funciones religiosas del Budismo Zen Soto. El llamado Shushogi, que es una miscelánea de párrafos del Shobogenzo y de otros textos, se abre con la frase inicial del Shoji. Este texto se usa sobre todo en los funerales y en las conmemoraciones de difuntos, por lo que se puede decir que la mayoría de los japoneses han oído recitar esta frase en los momentos del dolor y de la interrogación sobre el sentido de la existencia. La frase final es muy usada, además, en las omilías y en los sermones a los fieles, porque despoja la imagen del camino budista de aquel halo de inaccesibilidad para quién no haya optado por una vida de ascesis y de renuncia de estilo monástico y lo revela a alcance de cada hombre y de cada mujer que oiga allí una llamada e intuya su dirección.

A nosotros nos interesa relativamente si Dogen es o no realmente el autor. Lo que aquí interesa es con que luces presenta el texto una problemática de la cual ninguno está excluido y si estas luces a su vez ayudan a darnos luz, lo cual es la única cosa que de verdad importa. Lo que es cierto es que para Dogen el problema de la vida y de la muerte es el problema central, ineludible, del cual depende todo el resto. Se constata a menudo en el marco de toda su obra, de forma inequívoca. Un ejemplo entre muchos: la frase «Aclarar la vida, aclarar la muerte, es el factor originario que es la gran cuestión en la casa de Buda» que se encuentra en Shoakumakusa (No realizar ningún mal). Para una persona de la vía la cognición de la universalidad de la vida y de la muerte hace que éste sea el punto de partida, el gran problema a aclarar. Escabullirse frente a este punto, esencial para todos, significa hacer trampas y devalúa cada conclusión a la que se pueda llegar sobre la cual basar la propia fe y la propia orientación en la existencia.

A pesar de la importancia del tema, o más bien quizás precisamente por esto, Dogen lo trata de modo exclusivo sólo en dos textos de su vasta obra: este Shoji, explícito incluso en el título, y Zenki (El funcionamiento integral). Omitiendo el problema de la autenticidad, que es en todo caso cierta al menos para el segundo texto, es sintomático que ambos sean muy breves y escritos en una lengua simple, accesible a todos en cuánto a su terminología. Como si precisamente por la universalidad del problema, unida a su insondable dificultad, obligaran a hablar de ello con extrema sencillez, no por una actitud de paternalista condescendencia, sino por necesidad interior. El hecho de que el texto sea legible y la terminología comprensible por todos no significa banalización, sino conciencia de que el problema no excluye a nada ni a nadie y es pues por fuerza simple, que para nada quiere decir fácil.

El título en si mismo merece un breve comentario. Shoji está compuesto por dos ideogramas, sho y ji, y forma una única palabra, mientras los dos significados resaltan distintos. Sho quiere decir vida – vive lo que nace – nacer, mientras que ji quiere decir muerte – morir. Por lo tanto Shoji indica en una única palabra la inconciliable realidad de la vida y de la muerte. Digo realidad inconciliable por que vida y muerte no vienen nunca juntas en la experiencia directa y personal de cada uno de nosotros, si hay vida (mi vida) no hay muerte (mi muerte), si hay muerte no hay vida. Sin embargo, precisamente porque sabemos que hay vida hay muerte, porque sabemos que hay muerte sabemos que hay vida. Hemos preferido introducir la conjunción "y" entre las dos palabras clave, en vez de un guión que subraye la unidad de la expresión. De hecho la conjunción sirve para ver juntas cosas que también están totalmente disjuntas por lo cual, se entiende, une manteniendo la distinción; mucho mas que un guión que precisamente separa mientras quiere unir.


La frase inicial, como he señalado, es una de las expresiones budistas más populares en Japón. Después de reflexionar extensamente hemos preferido traducir con la palabra Buda el término Hotoke, que recorre el texto y es la pronunciación japonesa popular del ideograma que generalmente se lee más de forma más clásica Butsu, a la china.

Aclarando que Buda no es aquí un objeto de devoción o el nombre de un personaje venerado, sino la esencia de la budeidad, la auténtica naturaleza despierta que irradia el rostro originario de la realidad, usar entonces esta palabra nos parece mucho más significativo y apto que otros términos, como por ejemplo despierto, quizás menos dado a la malinterpretación pero también algo menos rico en espesor o en significado.

Esta primera expresión, que resume todo el texto que sigue, es, según un esquema que utiliza Dogen muy a menudo, una cita de un episodio antiguo.

Dos monjes, Kassan Zen'e (Jashan Shanhui, 805-881) y Jozan Shin'ei (Dingshan Shanying, 771-853) charlaban mientras caminaban. Jozan decía: “Si no hay Buda en la vida y muerte, no hay vida ni muerte”. Kassan decía: “Buda en la vida y muerte significa no ilusionarse respecto a vida y muerte”. Fueron a referir su discusión a su maestro y Kassan preguntó: "Somos incapaces de establecer quién de nosotros dos está más cerca de la verdad." El maestro dijo: "Uno esta cerca, el otro está lejos." Kassan preguntó: "¿Quién está cerca?". El maestro les dijo que volvieran al día siguiente. Al día siguiente Kassan volvió a preguntar y el maestro dijo: "Quien está cercano no pregunta, quién pregunta no está cercano."

Como se puede ver de inmediato Dogen, como es frecuentemente en él, hace frente a expresiones famosas de los textos "canónicos" dando la vuelta al orden interno de las sentencias en discusión: “Si no hay Buda en la vida y muerte...” se convierte en “Si hay Buda en la vida y muerte ...”, mientras “Buda en la vida y muerte significa no ilusionarse respeto a vida y muerte” lo lee “Si en la vida y muerte no hay Buda, no te engañas respeto a vida y muerte”. No es este el lugar para examinar de cerca estas desviaciones (detournement), lo que hay que señalar es el modo en el que lee Dogen los textos y las expresiones de los antiguos. Junto al más profundo respeto está la urgencia de volverlos vivos, contemporáneos, no prisioneros de la letra. Así el término Buda, el más digno de reverencia, puede ser vehículo u obstáculo según las acepciones con que se le use. La misma frase puede trasmitir significados opuestos y está bien darle la vuelta como a un guante para estar seguros de que lo que se busca es el significado vivo no la letra muerta. Dejamos al lector la verificación del sentido auténtico de esta encrucijada expresiva, que muestra la posibilidad de decir la misma cosa de maneras diametralmente contradictorias aparentemente .


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Comentario


Quizás la posibilidad de mirar de cara a la vida y la muerte, la predisposición a saber mientras estamos vivos que necesariamente moriremos, es una característica distintiva del ser humano respecto a las otras formas de vida. Ciertamente no la única, pero para nada irrelevante. También muchos animales sensibles, cuando están en situación de peligro o de grave enfermedad o condenados a una muerte inminente por el hombre o por otros animales, se dan cuenta de estar a punto de morir y manifiestan a su modo esta comprensión. Pero sólo el ser humano es capaz de pensar en la muerte, de darse cuenta, aunque esté lleno de salud y en la flor de la vida, de que antes o después ciertamente morirá, es más bien una de los pocas cosas de veras ciertas de la vida, por lo que parece, precisamente esta de morir. No está excluido que esto sea el resorte de todo el desarrollo del pensamiento, de todo el actuar y el progresar del género humano, la conciencia del destino de no ser y el impulso que deriva de ello de dejar una huella en este ineluctable vacío.

La búsqueda religiosa, que es búsqueda de sentido más allá del sentido contingente de la misma vicisitud humana, no puede no partir de aquí, del conocimiento del límite en que estoy encerrado y de la consiguiente pregunta: ¿Porqué?, ¿porqué he nacido, si nacer significa morir?

Estamos ahí dentro, en esa contradicción, y no es bueno fingir que no es así. No es bueno, no por razones morales en el sentido del bien o el mal, no es bueno por que el único modo que tenemos para salir de la contradicción es aceptar el hecho de estar ahí dentro, una vez perdida la inocencia que nos permitió no percibirla como una contradicción. Pero atención, la religión se distingue de todo lo demás, es completamente distinta con respecto de las actividades, facultades y disciplinas humanas porque incluso situandose en el fondo frente al mismo interrogante que se plantea la filosofía, y en general la ciencia, aquel porqué que esta en la base de todo, no se propone solucionarlo con una respuesta exhaustiva. Este es un punto muy importante, a mi parecer. Allí donde la religión descuida esta interrogación y no te obliga a estar delante de la misma se convierte en superstición, en técnica consolatoria, en fatalismo inconsciente. Allí donde pretende proveer respuestas exhaustivas en el plano de las explicaciones y de la cuenta de resultados, se convierte en fundamentalismo y sectarismo, en ambos casos una medicina peor que el mal. Sólo si la religión tiene la humildad de reconocer que no sirve para nada en el plano de las respuestas exhaustivas puede desarrollar su maravillosa e insustituible función; desnudar aquella pregunta de la angustia y hacer de ella el motor claro que hace girar la rueda de cada existencia.

En la vida y muerte hay Buda, entonces no hay vida y muerte. El verdadero sentido de la vida y muerte no está fuera de vida y muerte, en algunos firmamentos no tocados por la corrupción, no es ahí a donde debemos dirigir la mirada y la esperanza. El verdadero sentido de vida y muerte está dentro de vida y muerte, en ese no sentido que es nacer para morir, morir por haber nacido. Entender que ese no sentido, tan evidente e innegable, es todo lo que hay y que precisamente por esto el sentido se puede encontrar ahí. Al mismo tiempo, no hay Buda en la vida y muerte y por lo tanto no se engaña acerca de estas. Cuando decimos que el significado de la vida y la muerte no está dentro de su no sentido no debemos pensar en quién sabe qué forma oculta de escapada. Todo lo que nos imaginamos como sentido para equilibrar y consolar la falta de sentido que la realidad dice es sólo el producto de nuestra imaginación, el buda que no hay. Sólo cuando nos rendimos al hecho de que no hay buda que nos exima de vivir la vida y de morir la muerte, entonces vida y muerte se muestran en la verdadera luz. En otras palabras, yo diría: si no aceptamos el no sentido de nuestra vida y muerte, si no paramos de construir alternativas y vías de fuga, entonces, de verdad, vida y muerte no tienen sentido. Si no paramos de buscar respuestas, no haremos las paces nunca con la pregunta. Ahí está, religión es quizás solo esto, no una respuesta sino la paz encontrada dentro de la pregunta.

Quizás deberíamos replantear nuestros conceptos de libertad, de meta, de paz. La solución al problema de vida y muerte, lo que Dogen llama librarse de vida y muerte, no tiene nada que ver con lo que nos imaginamos, no es como librarse de un deudor extinguiendo la deuda, algo que primero hubo y de lo que te libras cuando ya no hay más. Esta vida y muerte es la Vida misma de Buda, he ahí el sentido de la libertad. Para mí, esto no es otra cosa que decir que Dios se hace hombre, nace y muere como hombre y que este hecho, justo este hecho, es él más allá de la vida y la muerte, la resurrección.

Quizás no se puede aprender a morir, tal como no se aprende nunca a vivir. El hecho de que suceda lo que se sabe ya no vuelve la sorpresa menos sorprendente. Pero podemos educarnos a nosotros mismos a recibir la paz que viene de la casa de Buda, la paz que Jesús deja dejando este mundo. Creer que la paz de Cristo y la paz de Buda sean dos paces diferentes quiere decir entender la paz como el resultado de un orden, una paz condicionada y alternativa, una paz siempre relativa. Por otro lado, creer poder afirmar categóricamente que son la misma paz, porque la paz es paz y nosotros sabemos de qué paz se trata, quiere decir no comprender que la verdadera paz está más allá, inalcanzable por nuestras concepciones de paz; y sin embargo está aquí, en el centro de la contradicción que alimentan nuestras guerras y nuestras paces.


El deseo de olvidar la muerte, en tanto que comprensible, no debe ser tratado con excesiva indulgencia. Sería oportuno y saludable si la muerte fuese sólo el fin de la vida, el fin de todo, el fin y basta ya. Ella es en cambio, al mismo tiempo, inconfundible con la vida e inseparable de ella, por lo que olvidando la muerte se olvida la vida. No olvidar la muerte no quiere decir estar pensando en la muerte, actividad a menudo funesta, cuando no inútil, quiere decir estar en concordia, morir con la muerte, vivir con la vida, ir más allá de la contradicción, atravesando la herida, porque esta es la única vía de paso.

Para quien, para profundizar, desee una posible pista , propongo la siguiente reflexión.

El esquema que viene a continuación replantea las cuatro oraciones que están en juego en esta encrucijada:

1. Si no hay Buda en la vida y muerte, no hay ni vida ni muerte.
2. Buda en la vida y la muerte significa no ilusionarse sobre la vida y la muerte.
3. Si en la vida y muerte hay Buda, vida y muerte no hay.
4. Si en la vida y muerte no hay Buda, no nos engañamos acerca de la vida y muerte.

La primera frase dice que si no se introduce la distinción (arbitraria) “Buda/no-Buda”, si no se dilucida una particular concepción o idea llamada Buda, si no se da lugar a esa fractura, que se origina inevitablemente en el momento en que se nombra Buda con lo que se sigue de ello (dar realidad a "algo llamado Buda" significa implícitamente reconocer realidad a "otra cosa" que es “no-Buda”), entonces las cosas quedan como en realidad son. No hay ni vida ni muerte, porque el nuestro llamar vida a la vida y muerte a la muerte sólo depende del hecho que valoramos la vida sobre la base de la muerte y viceversa. Pero la vida no es el segundo término de comparación de la muerte, ni la muerte es el fin de la vida. El valor y el sentido de la vida está en la vida, el valor y el sentido de la muerte está en la muerte. Si por tanto no se da origen a aquella ambivalencia que se produce diciendo "Buda/no-Buda" no se origina siquiera aquella ambivalencia que se origina diciendo "vida/muerte" y no hay ni vida ni muerte.

La segunda frase dice que nosotros en un cierto punto de nuestra existencia nos damos cuenta que antes o después moriremos. Empezamos a distinguir vida y muerte, aunque lo que llamamos muerte no es la muerte sino la experiencia de la muerte ajena en nuestra vida o la idea de la muerte que nosotros tenemos en vida. Esta distinción engendra la búsqueda de solucionar la contradicción inherente en el hecho de que se muere porque se nace o bien de que se nace para morir. Descubrir que dentro de esta contradicción, y no en otro lugar, hay Buda (porque no hay otro donde que este, ni otro cuando qué ahora), es decir la superación, la soldadura de la contradicción y de aquello que la desata, el descubrimiento de que aquella distinción tan razonable es en realidad engañosa.

La tercera frase (que combina la segunda premisa con la conclusión de la primera) dice que verificar que Buda está en la vida y la muerte y no en un mundo, en una realidad aparte; significa el desmantelamiento del problema de la vida y de la muerte. Buda en la vida y la muerte significa que toda la vida es Buda, todos la muerte es Buda. La muerte no es es el después de la vida, la vida no se convierte en muerte. La vida es todo el tiempo de vida, su principio y su después son siempre vida. La muerte es todo el tiempo de muerte, su principio y su después son siempre muerte. Esto resulta inconcebible porque nuestra valoración de vida tiene lugar a partir de un concepto de muerte que está basado precisamente sobre la vida (y no podría ser de otra manera). Así como nuestra evaluación de la muerte adviene a partir de una concepción limitada de la vida, limitada justamente por la idea de nacimiento y la muerte. Pero Buda no valora sobre la base de los conceptos, meramente vive la experiencia.

La cuarta frase (que conjuga la premisa de la primera con la conclusión de la segunda) cierra el círculo y nos dice que la medicina puede ser veneno. Esa misma idea fuerza que salva, se convierte en el obstáculo donde se tropieza si no es asimilada, disuelta y digerida de modo que se transforme en vida viviente. Quien cree en la medicina en si y no como instrumento para sanar, demuestra creer en la enfermedad más que en la curación. La enfermedad es temporal, la curación (la salud - salus - salvación) es eterna. Quien cree en Buda (el que cura, el salvador) como entidad lo reifica y hace de este un objeto de veneración en el tiempo. Quien en cambio comprende la verdadera naturaleza de Buda (que es la suya propia) despliega Buda en la propia vida y no se engaña sobre la verdadera naturaleza de vida y muerte.

Con esta cuádruple declaración cada una de las vías de escape está bloqueada, no podemos hacer otra cosa que estar donde estamos y aquí, en nuestra vida y muerte, resolver la gran cuestión de la vida y la muerte.


Trad. y comentario a cargo de
Jisō Giuseppe Forzani

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Este texto de Dogen, sobre la cuestión de la vida y la muerte,
recomendamos sea leído junto con Zenki, del mismo autor.

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Texto traducido y publicado con la amable autorización del autor
Fotografía: Roberto Poveda
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