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sábado, 22 de noviembre de 2025

Eihei Dōgen. El Profeta del Zen - Giuseppe Jiso Forzani (revisado)

El libro cuya traducción revisada publicamos hoy, Dōgen. El profeta del zen, escrito por Giussepe Jiso Forzani y publicado en italiano en 1997, es uno de los primeros estudios específicos aparecidos en lenguas romances, si no el primero, sobre el monje japonés del siglo XIII Eihei Dogén. 

Por lo que hemos podido rastrear, antes de este texto que fue la introducción por parte del autor a una serie de traducciones posteriores de textos del propio Dōgen, no existía ningún estudio sobre su figura y su pensamiento en lenguas romances, tan solo habían aparecido algunas traducciones de textos breves del propio Dōgen. Sin embargo el interés por la figura de Dōgen había ya comenzado tiempo atrás en inglés, por ejemplo con el seminal texto del profesor y estudioso coreano Hee Jin Kim, Heihei Dōgen. Mistical realist, aparecido en 1975. Sin embargo en lenguas romances los textos sobre Dōgen eran y siguen siendo relativamente escasos. Por ello creemos que esta "reedición corregida" sigue siendo pertinente, ya que en ella encontramos una visión de la figura de Dōgen realizada no desde "fuera", sino desde la propia práctica, compartida en lo esencial por el autor del libro y por el propio Dōgen a pesar de la gran distancia temporal y cultural que existe entre ambos.

Dōgen, introductor del budismo zen en Japón, es conocido como uno de los mayores pensadores budistas de todos los tiempos. Su pensamiento no es nunca pura teoría, sino que se basa siempre en el comportamiento vivo del practicante, destacando como pocos la centralidad del zazen, o práctica del cuerpo, y de la vida cotidiana en el camino budista. Por otra parte la mayoría de sus textos no están solo dirigidos a los “especialistas” de la religión, a los monjes, sino a todos. De hecho el primero de los textos que escribió Dōgen a su vuelta desde China a Japón, el Fukanzazengi, en el que da instrucciones detalladas sobre cómo hacer zazen, la práctica base del budismo zen, fue escrito a petición de un laico. 

Dōgen, a pesar o más allá de ser un hombre marcado (como cada uno de nosotros) por la época y la cultura en la que vivió, el Japón medieval del s. XII, presenta con los medios expresivos que le son propios el sentido profundo y universal del budismo, entendido no como una religión oriental, identificable en una doctrina específica, en una ideología religiosa, en una serie de dogmas y dictados de orden moral, sino como materia viva, como búsqueda y práctica de la verdad de la vida, como adherencia total a la realidad por aquello que ella es; un camino a recorrer en la práctica con la propia experiencia.

Releyendo nuestra anterior traducción, hemos encontrado y corregido algunos errores que presentaba la traducción anterior, y que esperamos haber subsanado aquí. Determinado tipo de literatura, como es el caso del libro que nos ocupa, es conveniente leerla más de una vez. La literatura espiritual, es decir aquella que se dirige a la parte más íntima de nuestro ser, no es un tipo de literatura ajena a nuestras vidas y cuyo sentido está fijado, fuera de nosotros, de una vez por todas. El sentido de este tipo de literatura es actualizado de acuerdo con los ojos de quien lo lee, desde la propia vida. Esos ojos cambian con el tiempo y con la propia práctica, por lo que es frecuente que, en la literatura espiritual, a cada nueva lectura nos encontremos con un texto nuevo para nosotros, que lo leemos con ojos nuevos.

Dōgen. El profeta del zen

sábado, 2 de noviembre de 2024

Vivir y Morir. AA.VV.

La fragilidad de la vida, tan claramente palpable en estos días terribles y dolorosos que estamos viviendo en Valencia, nos confronta con nuestra propia finitud. Esta realidad, simultaneamente colectiva y absolutamente personal , ha impulsado en gran medida a la humanidad, para bien y para mal, a crear culturas, tecnologías y sistemas religiosos. El dilema sobre el sentido de la vida y la inevitabilidad de la muerte se presenta como una pregunta ineludible para todos los seres humanos, en todas partes y a lo largo de la historia, y se nos manifiesta también como una paradoja irreductible.

El problema de la muerte es, en realidad ,un problema de la vida; del ser vivo que contempla un horizonte sobre el que no es posible afirmar nada con certeza, más allá de proyecciones imaginarias y arbitrarias creadas por el que vive, no pudiéndose en cambio decir nada desde el no-lugar de la muerte.

En vez de buscar respuestas, que por su propia naturaleza son imposibles, resulta más adecuado y factible profundizar en los término mismos del problema. Interrogar el sentido de nuestra existencia, en un mundo que a menudo parece absurdo o incomprensible, nos lleva a ahondar, por otro lado, en la interconexión entre todos los seres que nos componen y a valorar el momento presente como la única realidad que verdaderamente poseemos. Es aquí, al abrazar y servir a esta realidad presente, donde podemos encontrar la solución a los dilemas de la vida y la muerte, que, planteados de la forma habitual, auto centrada o egocentrica, "vivimos" como un problema, sin necesidad de buscar la conciliación de lo radicalmente ajeno en un futuro imaginario. Como dice Dōgen en uno de los textos que presentamos a continuación: 

Cuando se dice vida, no hay otra cosa que vida; cuando se dice muerte, no hay otra cosa que muerte. Por tanto, cuando llega la vida, es solo vida; cuando llega la muerte, es necesario servir a la muerte. No odiar, no desear. […] Para convertirse en Buda, hay un camino muy simple: no hacer el mal de ninguna forma, sin apego al ciclo de vida y muerte, cultivando una profunda compasión hacia todos los seres vivos.

La cuestión de la vida y la muerte, aunque transversal en toda la obra de Dōgen, como en la de cualquier pensador religioso, es explícitamente abordada por este en tres de sus textos: Genjōkōan (Convertirse en el ser), que fue elegido por él como el primer texto de su obra magna, el Shōbōgenzō, constituyendo en gran medida un compendio introductorio del resto; Shōji, literalmente Vida y muerte; y Zenki, que aquí traducimos como El funcionamiento integral, siguiendo las traducción propuesta por la Stella del Mattino, que es de donde parte nuestra propia traducción. Es recomendable leer estos tres textos de manera conjunta.

En cuanto al Genjōkōan, ya hemos publicado diversas traducciones del mismo en este blog (una basada en la traducción de Gudō Nishijima, otra de Shōhaku Okumura y otra, la más reciente, que antecede a esta entrada, de La Stella del Mattino). También habíamos publicado ya las traducciones de Shōji y Zenki, si bien hemos decidido revisarlas, reagrupándolas en un pequeño libro, que presentamos hoy, junto con los comentarios realizados en su momento por Giuseppe Jisō Forzani. A los anteriores textos, por estar directamente conectados con el tema de hoy, hemos añadido una reflexión personal de Forzani sobre la cuestión de vivir y morir, un breve ensayo de Mauricio Yushin Marassi, y la traducción de un poema del maestro zen japonés Kōshō Uchiyama, siendo estos tres últimos textos inéditos hasta ahora en castellano.

Vivir y morir - Stella del Mattino

miércoles, 24 de julio de 2024

Genjōkōan - Dōgen / Kōhō Watanabe, Giuseppe Jisō Forzani, Luciano Mazzochi

El Genjōkōan de Eihei Dōgen (1200-1253), del que presentamos hoy una nueva traducción (para anteriores traducciones, ver n. 1), resume de forma  sintética y poética la visión del Budismo del propio Dōgen, indicando las líneas maestras de lo que será el resto de su enseñanza. 

Su primera redacción data de hecho de 1233, pocos años después de su regreso de China en 1227, estando dirigido a un discípulo laico, por lo cual la complejidad del texto deriva de su contenido, y no tanto de lo especializado de su lenguaje. Tiempo después, en 1252, un año antes de su muerte, situará el Genjōkōan con algunas modificaciones como primera sección del Shōbōgenzō de 75 fascículos, su obra mayor, como si fuese una especie de introducción al resto de la misma, destacando así su centralidad. Tras la muerte de Dōgen al Shōbōgenzō se irían añadiendo otros escritos suyos, dando lugar a distintas versiones, hasta llegar a la versión “estándar” actual de 95 fascículos. 

La traducción que presentamos hoy es obra de Kōhō Watanabe (1942-2016), Giuseppe Jisō Forzani y Luciano Mazzochi (que, durante años, colaboraron en el encuentro entre Budismo y Cristianismo, bajo distintas formas. ver n. 2). Los dos primeros, Watanabe y Forzani, son monjes budistas zen, japonés el primero e italiano el segundo, formado bajo la guía del anterior durante 8 años en el monasterio japonés de Antaiji, antes de volver a Italia, mientras que el tercero es un misionero javeriano italiano, que ha vivido alrededor de dos décadas en Japón, donde entró en contacto con zazen y lo convirtió en una práctica cotidiana. La traducción va acompañada de comentarios de los tres autores antes señalados, cada cual desde su perspectiva propia, los cuales por tanto testimonian también del diálogo interreligioso entre Budismo y Cristianismo. 

En el Genjōkōan, aparecen recogidos aquellos aspectos que constituyen para Dōgen las indicaciones fundamentales para quien acoge el Budismo en su propia vida. Desde mi punto de vista son dos los aspectos que resaltaría de este texto: 

- En primer lugar la íntima relación entre uno mismo y el todo que le constituye, que le hace ser, aquello que en términos occidentales podríamos expresar como la indisoluble relación entre lo particular y lo universal. Una de las características de esta relación,es que sobrepasa los límites de nuestro pensamiento, no es algo que podamos aferrar en nuestras cabezas, con nuestra mente limitada, con aquello que consideramos nuestro yo. 

- Al mismo tiempo ello no significa una afirmación abstracta o filosófica, no es esta la razón por la que Dōgen escribe, sus escritos, este incluido, son siempre indicaciones espirituales de carácter práctico, soteriológico. Dōgen no nos señala un límite infranqueable, lo que podríamos denominar los límites de nuestra cárcel, al contrario, lo que nos señala son los límites de nuestro pensamiento y la manera de trascender esos límites, es decir de hacer desaparecer los muros de la cárcel, a través de la práctica realizada en cada momento dentro de nuestra experiencia directa de vida. A la experiencia universal de nuestra vida, a la realidad verdadera, que en el Budismo es llamada despertar, es a través del cuerpo como accedemos. Como dice uno de los autores de este texto “La identidad vivida con el propio cuerpo, es la característica concreta del Zen de Dōgen como religión de la vida, que se manifiesta instante tras instante y, de manera perfectamente representativa, en la práctica de zazen.” 

El Genjōkōan, si uno toma como referencia para su propia vida interior aquello que en esencia nos señala Dōgen, es un texto al que conviene regresar con frecuencia. Este camino, el camino del despertar, que es al mismo tiempo particular y universal, solo es posible expresarlo de uno en uno, de manera concreta, dependiendo de las circunstancias en las que se esté en cada momento; por ello, recurriendo a una poética metáfora, Dōgen en este texto nos muestra que la plena realización del pez en el agua no es la misma que la del pájaro en el cielo. Dōgen nos conduce hasta el límite de lo que el lenguaje puede expresar, ir más allá requiere una puesta en acto basada en un salto de fe (que no es fe en algo o en alguien, sino expresión de un corazón confiado) y esta será nuestra responsabilidad en el juego de nuestra propia vida.

Roberto Poveda Anadón


Para acceder al libro, en formato pdf, hacer click en el siguiente enlace:

Genjōkōan - Convertirse en el ser

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n. 1 - Quien lo desee, además de esta traducción del Genjōkōan podrá encontrar, en este mismo blog, otras dos traducciones al español del texto, una a partir de la de Shōhaku Okumura (Aquí) y otra de la de Gudō Wafu Nishijima (Aquí), que contienen ambas sus propios comentarios al texto de Dōgen. Dadas las dificultades de traducir la lengua origen en la que está escrito el Genjōkōan, el japones medieval usado por Dōgen, a las lenguas occidentales (no solo filológicas sino de contenido), las variaciones entre las distintas traducciones pueden ser de utilidad para el lector que desee profundizar en esta obra.

n. 2 - Sobre las distintas formas que ha ido adoptando este diálogo, vital, en los hechos prácticos, entre Budismo y Cristianismo, puede ser de interés la lectura del siguiente resumen relativo a la historia de Comunitá Buddista Zen La Stella del Mattino: La historia de la Stella del Mattino

domingo, 19 de febrero de 2023

La génesis de las religiones de Japón - AA.VV. La Stella del Mattino

 «En el budismo todo puede cambiar, salvo una cosa. Pero esa cosa, un proceso dentro de nosotros, no tiene una forma exterior “propia” y por ello tiene necesidad de expresarse con las nuevas formas de aquello que, por contra, puede cambiar. Sucedió así cuando el río budista se vertió en las inmensas llanuras chinas, se repitió la misma continuidad en medio de las diferencias cuando desde China el Zen fluyó como un arroyo en Japón. Es necesario que este salvaguardar la identidad básica, aquello que no podemos omitir si queremos que el budismo sobreviva, sea garantizado incluso ahora, mientras las enseñanzas de Śākyamuni traban amistad con las gentes y las culturas de Occidente.» [Mauricio Y. Marassi – La Vía Maestra]

El budismo zen, principalmente bajo la forma de la escuela japonesa sōtō, ha penetrado en Occidente desde hace ya unas cuantas décadas, comenzando su difusión y su práctica entre nosotros a partir de mediados del siglo pasado. Como siempre ha sucedido, el modo en que el Budismo llegó a nuestras tierras debería haber haber iniciado un proceso de inculturización, sin embargo estas formas importadas han sido aceptadas acríticamente también por nosotros, acabando cristalizándose, en gran parte de los practicantes, como la única forma adecuada.

¿Cómo y por qué ha sucedido esto? En la advertencia a la segunda edición de este ensayo (una primera parte había aparecido ya anteriormente, 2018) leemos:

«En el origen de este ensayo está la voluntad de responder a una pregunta, La pregunta tiene que ver con las “formas” japonesas a través de las cuales el zen se difunde en Occidente.

El problema no está tanto en la observación histórica de que, para trasmitirse en lugares y épocas distintas, el budismo haya tenido que acudir a las “formas” culturales de aquellos lugares y de aquellas épocas. El problema surge, en cambio, cuando esas “formas”, pretendiendo ser forma y contenido juntos, se vuelven rígidas y no conseguimos liberarnos de ellas, para regenerar en otro lugar el proceso mismo, de manera distinta, y después para volverlo a formular de nuevo. El budismo es definido por la “vía del medio”, que Nāgārjuna describe como renuncia a toda posición predefinida (cfr. Mādhyamakakārikā, 13.8).

La cuestión sería, de cualquier modo, poco relevante si a esta no se asociase el hecho de que la jerarquía de la iglesia Sōtō Zen japonesa, a la cual están dedicados tres capítulos de la segunda parte, se reserva fuertemente para sí misma la exclusiva certificación de la “trasmisión válida”, evitando incluso la participación de practicantes occidentales en las estructuras y en los procesos de decisión. […] La respuesta a porque esto sucede, tiene poco que ver con el budismo propiamente dicho; la respuesta, en cambio, parece tener que ver con esa particular concepción de sí mismos y con ese particular “espíritu religioso” que definimos como “japonesismo”»


Para descargar el libro pulsar en el siguiente enlace:

La génesis de las religiones de Japón

domingo, 4 de diciembre de 2022

Eihei Dōgen; El profeta del zen - Giuseppe Jisō Forzani

La escuela zen japonesa, continuadora de la escuela chan china, es actualmente una de las escuelas budistas que, junto al llamado budismo tibetano, ha alcanzado una difusión mayor en occidente, especialmente en aquel filón que desciende de la sub-escuela zen denominada Sōtō, fundada por el monje japonés Eihei Dōgen (1200-1253), continuadora a su vez de la escuela chan china Cáodòng.
 
El Chan, pronunciación china de los ideogramas 禅, los mismos que serán leídos “zen” en japonés, tuvo su origen alrededor del s. VI, en China a partir de la figura mítica de Bodhidharma que, según la leyenda, llegó a China para difundir el “verdadero” budismo en aquellas tierras. Alcanzará su apogeo en el siglo IX, en la China de la dinastía Tang, para después iniciar un lento declinar.
 
Fue Dōgen quien, después de viajar a China y tras regresar a su país, revitalizará dicha escuela, dándole una vigencia e impulso que llega hasta nuestros días. Sin embargo Dōgen rechazó siempre ser circunscrito al marco de una propuesta sectaria, sosteniendo que lo que él proponía y practicaba era simplemente budismo, un camino de vida de valor universal al margen de las adscripciones a esta o aquella escuela. Sin embargo Dōgen ha sido y sigue siendo en parte una figura mal conocida y comprendida en occidente, cuando no tergiversada, fuera de un círculo relativamente restringido, confundiéndola con la reproducción sin más de “lo japonés” o bién reduciéndola a una serie de tópicos, perdiéndose así su significado vital. 
 
Eihei Dōgen - El profeta del zen, libro escrito por Giuseppe Jisō Forzani (practicante zen italiano, formado en el pequeño monasterio zen de Antaiji, en las montañas del norte de Japón) que, traducido al castellano desde el italiano, presentamos hoy, no es una simple biografía de este gran maestro del siglo XIII, sino la presentación de las grandes líneas de su visión espiritual budista, que no son simplemente un desarrollo teórico más sobre este camino religioso, sino que deben ser, para adquirir su verdadero sentido, traducidas en nuestro propio comportamiento, en nuestra propia vida. 
 
Dicho en palabras del autor del texto: “Dōgen representa de manera ideal, el sentido profundo y universal del budismo. Budismo entendido no como una religión oriental, identificable en una doctrina específica, en una ideología religiosa, en una serie de dogmas y dictados de orden moral, sino como materia viva, como búsqueda y práctica de la verdad de la vida, como adherencia total a la realidad por sí misma. El budismo es un camino a recorrer en la práctica.” 
 
Publicado en 1997 por Edizioni Dehoniane, su intención era, como se indica en el mismo libro, servir de “presentación de la figura de Dōgen, siendo tan solo el preludio a la traducción de algunos de sus escritos, [...] pretendiendo ser una contribución para comenzar a cubrir las lagunas de desconocimiento, a corregir algunos malentendidos y a hacer accesible a un público potencialmente enorme un patrimonio precioso.” Buena parte de dichas obras, publicadas por la comunidad zen la Stella del Mattino, han sido traducidas y publicadas en este mismo blog, como por ejemplo Bendōwa, Busshō, Shoji, Zenki o el Fukanzazengi (que se encuentra al interior de una obra, llamada La práctica del zazen, editada igualmente por La Stella del Mattino y que recopila textos sobre zazen de diversos autores)
 
Es posible descargar el libro que hoy publicamos, en versión pdf y en versión epub, pulsando en los siguientes enlaces:
 
Eihei Dōgen - El profeta del zen (epub)
 
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La traducción al castellano ha sido realizada por 
Carlos Collar Menéndez y Roberto Poveda Anadón
 
 
En el caso de detección de erratas, errores gramaticales, problemas con la descarga, etc. se agradecerá nos sean comunicadas, para su corrección, a la dirección de contacto que figura en la presentación del blog, en la parte superior de la columna situada a la izquierda del mismo.
  

jueves, 10 de junio de 2021

La práctica del zazen - VV.AA. (La Stella del Mattino)

Eihei Dōgen (1200-1253), el monje que llevó el zen puro a Japón, poco después de su retorno de China escribió dos textos, el primero es el Fukanzazengi (recogido en el libro que presentamos hoy), mientras que el segundo es un texto titulado Bendōwa (no recogido en esta recopilación, pero descargable en el anterior enlace) en el cual dice: «El ser vive con pureza la propia realidad original, de una forma reducida a lo esencial. He aquí lo qué es zazen. Quien piensa que este  zazen es tan solo estar sentados en silencio sin hacer nada, niega la orientación de fondo, el sentido mismo por el que cada hombre puede vivir de forma inalterada, con pureza, la verdadera vida del ser».

Dōgen señala con precisión esta "orientación de fondo", característica y distintiva de la práctica del zazen, en el Fukanzazengi, (La forma del zazen que es invitación universal), el primer texto escrito por él a su vuelta de China, donde nos dice: «Tras haber regulado la postura [...] siéntate inmóvil. La disposición de tu pensamiento se apoya sobre este fondo del no pensamiento. ¿Cómo la disposición del pensamiento se apoya sobre el fondo del no pensamiento? Impensando. Ahí está, ese es el punto distintivo esencial del zazen».

Es sabido que, a lo largo de su vida, Dōgen redactó el Fukanzazengi numerosas veces. Actualmente se conservan dos de estas versiones. El mismo pasaje lo encontramos en una versión anterior, manuscrita por él y conocida como versión tempuku,  con estas otras palabras: «Cuando aparece un pensamiento sed inmediatamente conscientes; apenas seáis conscientes desaparecerá. Si permanecéis largo tiempo olvidados de los objetos, estaréis unificados naturalmente. Este es el arte de zazen».
 
Mauricio Yūshin Marassi, a propósito de las dos versiones de este párrafo del Fukanzazengi, en la obra Il buddismo mahāyāna attraverso i luoghi, i tempi e le culture. Tomo-II, La Cina),  señala: «las dos versiones son sustancialmente idénticas, la segunda* [tempuku] es la descripción de un cómo, es más técnica, la primera [la definitiva y actualmente más difundida, conocida como versión rufubon] es la descripción del panorama que se presenta viviendo aquel mismo cómo. La segunda es una descripción dinámica, la primera la versión sintética, el boceto de un escenario interior. En cualquier caso podemos decir que en esas frases está contenida la síntesis de la representación del zazen [...] según la forma en la que Dōgen lo ha querido trasmitir a los que le sigan».
 
                        * En el texto original, las indicaciones segunda/primera versión están invertidas, ya que el orden de las citas en el texto previo (no citado) también aparece invertido.
 
Estos párrafos señalan cual es la piedra angular del zazen y, con distintas palabras, indican lo mismo: Zazen no es pensar, tampoco es rechazar los pensamientos, es no dejar que estos proliferen, no alimentarlos, no seguirlos, dejando que desvanezcan en la nada de la que han venido. Zazen es a la vez total actividad y total olvido, no rechazar, no aferrar ningún pensamiento, soltarlos todos. Si esta "orientación de fondo" no se da, estaremos aparentemente sentados en la postura adecuada, sin embargo aquello que haremos no será zazen, será otra cosa.
 
Sin embargo no es fácil, por lo menos en nuestro idioma, encontrar indicaciones sobre zazen que vayan más allá de una descripción epitelial, puramente física de esta práctica esencial y central en el budismo zen. El punto esencial, del que hablaba Dōgen, suele ser descuidado, omitido, pasado por alto. Y, cuando este aspecto "interior" del zazen es tomado en consideración, con frecuencia suele ser tergiversado, planteándolo desde la perspectiva de una promesas de beneficios de los que apropiarse, en el amplio arco que va desde la iluminación hasta la eliminación del estrés. Sin embargo la práctica de un zazen verdadero se sitúa más allá de cualquier beneficio mundano, de cualquier ganancia, de cualquier fantasía, de cualquier contenido pensable, de cualquier discriminación entre me gusta/no me gusta. 
 
Este libro, que presentamos hoy, editado por la comunidad budista zen italiana la Stella del Mattino (una historia de la Stella del Mattino, en italiano, puede leerse aquí), intenta contribuir a la reversión de esta situación llevando, como señalan sus editores, "los discursos sobre el budismo zen a su fuente: la práctica del zazen" y explicitando esto cuidadosamente, en la medida que ello es posible a través de las palabras.

Los textos seleccionados pertenecen a varios autores, de épocas, culturas y orígenes geográficos distintos, unidos por haber hecho de zazen el eje de sus vidas. El libro está dividido en dos Partes: 
 
    I- La flor de la tradición, que recoge la vertiente oriental de la tradición, con textos de Eihei Dōgen, Uchiyama Kōshō y Yokoyama Sodō.
   II- La práctica en el mundo moderno, en la cual Mauricio Yūshin Marassi ofrece su reflexión desde la posición que le es propia, la de un practicante occidental contemporaneo.

Como se señala en la introducción del libro «cada practicante, proponiéndose entrar en la vía, la re-descubre desde el principio con su misma vida, mas esforzándose constantemente en conectar la experiencia propia a aquello que la tradición indica como esencial». Es decir, la vía solo es posible encontrarla por y en sí mismo, pero al mismo tiempo, si esta es auténtica, ha de entrar en resonancia con la de aquellos que nos han precedido; por lo cual, en aquella personalísima búsqueda desde cero, a la vez resultan preciosas las indicaciones de quienes han recorrido el mismo camino antes que nosotros.
 
Algunos de los textos recogidos en este libro ya habían aparecido anteriormente en este blog, pero en todos los casos se trata de versiones ampliamente revisadas, cuando no retraducidas, tanto en el original italiano como en la traducción española. Otros textos eran, hasta ahora, inéditos en español.
 
Se puede acceder, tanto a la versión pdf como a la versión ebook, en los siguientes enlaces:

   

 

viernes, 10 de agosto de 2018

El cristiano, el budista y la lombríz. Giuseppe Jisō Forzani

Con ocasión de la presentación de un libro, Passi – Diario di un pellegrino. Vangelo e Zen, del padre Luciano Mazzochi, se le solicitaron unas palabras a Giuseppe Jisō Forzani, practicante del budismo Zen, que hemos considerado de interés traducir.

El padre Luciano Mazzochi es un sacerdote católico, misionero
javeriano, que durante alrededor de veinte años residió en Japón, en donde tuvo la oportunidad de entrar en contacto con el zazen, la práctica central del budismo zen, que, desde entonces hasta hoy, ha seguido practicando de manera cotidiana.

Giuseppe Jisō Forzani es un practicante italiano del budismo Zen, formado en el monasterio zen de Antaiji, en las montañas orientales de Japón, durante cerca de una década y que, a su retorno de Japón, junto con otros compañeros italianos, así como con Kōhō Watanabe, que fue abad de Antaiji tras Kōshō  Uchiyama, decidieron fundar la comunidad budista zen La Stella del Mattino en 1987, entre cuyos objetivos está el establecimiento de un diálogo con otras tradiciones religiosas, y en especial con el cristianismo.

La colaboración y amistad entre ambos tuvo su origen en 1990, continuando hasta hoy, sin por ello abandonar la especificidad y la diferencia entre los distintos caminos elegidos por cada uno de ellos, sino más bien considerando el diálogo como una práctica en sí misma que encuentra su sentido al interior de la propia elección espiritual de cada uno, del cómo viven, por qué y para qué dicha elección.

En el texto que presentamos hoy, que podríamos definir como una muestra de ese diálogo, podemos rastrear la diferencia de enfoques respecto a la práctica de zazen adoptada según cuál sea el marco espiritual en el que cada uno se sitúa.

Para el cristiano se trataría de una práctica orientada, por así decir, a mejorar su propio cristianismo, expresándose como la aportación que desde zazen se vierte en el resto de sus actividades cotidianas y en la relación que interiormente se establece con ellas, así como con el Dios/Jesús presente en el marco de esa vía religiosa. Mientras que, para el budista Zen, se trata de un práctica central que encuentra en  sí misma su razón de ser, proporcionando la raíz alrededor del cual hacer brotar el resto de actividades que componen la vida cotidiana, que, a su vez, son expresiones de ese zazen y que es a ese zazen a donde retornan.

El título que Jiso Forzani ha dado a este discurso, retomando una metáfora por él querida, es (para acceder hacer clic sobre él mismo): El cristiano, el budista y la lombríz

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Traducción e introducción, Roberto Poveda Anadón
Fotografía, grupo de zazen del padre Luciano

domingo, 3 de junio de 2018

Arte, naturaleza, religión en la sensibilidad japonesa - Giuseppe Jiso Forzani

 
 

El texto que presentamos hoy aborda, desde otra perspectiva y escrito por otro autor, la misma temática que fue planteada por el anterior texto que presentamos en este blog: Una aclaración histórica sobre el zen japonés - La génesis de las religiones en Japón

Estamos por tanto hablando de las dificultades que presenta actualmente el budismo zen para arraigarse entre nosotros, occidentales, como expresión espiritual verdadera y liberadora, desvinculada por tanto de rastros imitativos estériles, y de cómo las raíces de esa problemática pueden rastrearse precisamente en la misma fuente a través de la que ha llegado hasta nosotros este camino espiritual, es decir en la manera japonesa de expresar el budismo.

Entre los temas que son abordados por el presente texto está, por ejemplo, el del concepto japonés de "armonía" (wa 和), que si bien es un tema central dentro de la sensibilidad y la mentalidad japonesa, y por tanto también entre aquellos japoneses que practican el budismo zen, en realidad no es un concepto propiamente budista, sino en todo caso daoísta, en la lectura que del daoísmo hacen los japoneses, y es, por otra parte, usado allí con unas resonancias semánticas muy distintas a aquellas que nos son propias.

Su autor, en este caso, es Giuseppe Jiso Forzani, practicante budista zen italiano, y la ocasión del mismo la presentación de una muestra sobre el pintor y grabador japonés Katsushika Hokusai (1760-1849, que vivió a finales del Época Tokugawa, periodo durante el cual Japón, desde 1633 hasta 1868, estuvo cerrado a cualquier contacto con el exterior), exposición a la que nuestro autor, junto a otros, fue invitado a pronunciar una conferencia. La ilustración que acompaña estás palabras introductorias se debe a la mano del mismo Hokusai, y el texto se puede descargar libremente aquí:


Arte, naturaleza religión en la sensibilidad japonesa

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Traducción e introducción: Roberto Poveda Anadón
Ilustración: Katsushika Hokusai

martes, 31 de mayo de 2016

Bendōwa. Eihei Dōgen.

El Bendōwa es el segundo texto que escribió Dōgen (1200-1253) a su vuelta de China. Junto con el Fukanzazengi sintetiza aquello que constituiría el núcleo de su enseñanza durante el resto de su vida. La traducción que presentamos fue realizada en 1990 por los componentes, en aquella época, del grupo budista zen italiano La Stella del Mattino: Koho Watanabe, recientemente fallecido, su discípulo japonés Sengio Takeda, así como los italianos Giussepe Jiso Forzani y Mauricio Yushin Marassi, que se habían formado durante largo años en el monasterio japonés de Antaiji bajo la dirección de Watanabe, abad de Antaiji hasta su dimisión de tal cargo para venir con los anteriores a Italia.

Como introducción a este texto fundamental de
Dōgen, y también como incitación a la lectura completa del texto, que consta, además del texto en si mismo de Dōgen, de cuatro breves capítulos introductorios y de un postfacio, presentamos a continuación un extracto del postfacio escrito por Jiso Forzani y por Mauricio Yushin Marassi.

Aquellos que deseen acceder al texto completo pueden encontrarlo en los siguientes enlaces:

- En formato pdf (formato adecuado para su impresión y para la lectura en un Pc)

- En formato epub (formato comúnmente usado en los libros electrónicos)

 
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¿Es posible intentar una descripción de qué es zazen con los instrumentos de nuestro lenguaje?


Quizás, a través de acercamientos progresivos y de definiciones a menudo negativas.

Zazen es confiarse completamente, sin reservas a la fuerza que nos hace vivir y morir, que nos ha llevado a ser y que hace mover nuestro corazón, que hace aparecer y desaparecer nuestros pensamientos, que está dentro y fuera de nuestro control. Confiar con la presencia de todo sí mismo, con la posición del cuerpo y del espíritu.

Para el cuerpo zazen es asumir la posición trasmitida, estable y no contraída, relajada y no abandonada. El cuerpo es el templo, volver con la atención a la posición del cuerpo es volver a la realidad, reconstruir la integridad de cuerpo y espíritu. Y para el espíritu zazen es no discriminar, no elegir, dejar que la realidad incontaminada se manifieste por medio del estar sentados en ese momento.

Un oriental puede intuir inmediatamente el carácter religioso de zazen, no tanto un occidental.

Igual que para un occidental educado cristianamente el sentido último de la plegaria es el de estar en relación con Dios, en tanto que respuesta, que nada pretende a cambio de su amor, así para un oriental educado según el budismo, el sentido religioso auténtico de zazen está en estar en relación con la vida universal y de esa forma responder, sin pretender nada a cambio, a la propia naturaleza esencial.

Es sin embargo difícil, para nosotros occidentales, realizar una práctica religiosa venida de Oriente. Quizás incluso por la manera en la que, a menudo, nos es presentada por los mismos orientales cuando para volverla más cautivadora, ponen el acento sobre aspectos como la iluminación, el reforzamiento de la propia personalidad, la superación de la condición humana, la consecución de la ataraxia.

Esperar cualquier beneficio de la práctica de zazen, si bien es humanamente legítimo, es una contradicción en los términos, porque zazen tiene en si mismo la propia razón de existir y su aspecto fundamental es el religioso.

Al hacer zazen no es necesario hacer ningún esfuerzo para intentar recordar alguna noción o información, ni para alcanzar o reproducir un particular estado mental.

En otras palabras, cuando estamos haciendo zazen no tenemos necesidad de ponernos a pensar en nada, porque precisamente no estamos haciendo nada. Solo existir.

Hemos dicho ya cómo la dimensión de la gratuidad es el presupuesto ineludible de toda búsqueda fundada de la dimensión religiosa. No «lejos de nosotros» en un lugar idealizado de bienestar, sino en nuestra más íntima esencia allí donde, en medio de las ansiedades de la vida, somos capaces de recordar «¿Quién entre vosotros, por mucho que haga, puede añadir una única hora a su vida?...» adhiriéndose así realmente a «... sea hecha tu voluntad» y volviendo a nosotros mismos.

Este retorno es un momento revolucionario, un poner a cero que no lleva a la nada, sino a aquello que somos verdaderamente antes de calificarnos de algún modo.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Naturaleza creada, espíritu de la naturaleza. Giuseppe Jiso Forzani.

En la ciudad de Lodi (Italia) se viene celebrando desde hace años el "Festival dei comportamenti", cuyo lema de este año ha sido Condividere la terra, condividere risorse (Compartir la tierra, compartir recursos), al que ha sido invitado a participar Giuseppe Jiso Forzani, a quién no presentamos por ya ser suficientemente conocido por los lectores habituales de este blog. 

En dicho marco Jiso Forzani impartió una conferencia cuyo título fue "Naturaleza creada, espíritu de la naturaleza". En ella aporta una serie de elementos de reflexión sobre la relación entre hombre y naturaleza tanto desde el  pensamiento cristiano como desde la perspectiva budista.

En el texto que ofrecemos hoy, al margen de la importancia intrínseca del tema en una época en que el desarrollo tecnológico está crecientemente poniendo en riesgo el equilibrio entre el hombre y el medio en el que vive y del cual vive, se ofrecen elementos de reflexión relativos al diálogo interreligioso, diálogo en el que el mismo Jiso está comprometido desde hace mucho tiempo tanto desde un punto de vista intelectual como personal,  a través de los que poder reflexionar sobre cómo distintos caminos religiosos implican, no solo puntos de partida, caminos y metas distintas, sino que también dan pie al desarrollo de marcos culturales y sociales distintos que, más allá del ámbito estrictamente personal, tienen también consecuencia distintas sobre lo colectivo.


Para descargar el texto, pulsa el siguiente enlace:


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Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Roberto Poveda Anadón. Valencia, marzo 2009




viernes, 5 de junio de 2015

Segunda carta de despedida. Giuseppe Jisō Forzani



Como continuación a la "carta de despedida como director de la oficina del Sōtō Zen Europeo", escrita por Giuseppe Jisō Forzani, que publicamos en el post anterior, Giuseppe Jisō Forzani escribió una segunda carta en contestación a un interlocutor germano, el cual, a su vez, le escribió una carta como reacción a dicha carta de despedida escrita por Giuseppe Jisō Forzani

Este interlocutor germano, cuya carta podemos encontrar aquí (en italiano), le planteaba una serie de cuestiones a Giuseppe Jisō Forzani cuyo sentido, en esencia, resumiría así: Si abandonamos las jerarquías, los ritos y las formas en general del Zen japonés, ¿cómo y a través de qué procedimientos se podrán formar las nuevas generaciones de practicantes zen europeos? y, en espejo, ¿qué es lo que el Sōtō Zen japonés puede aportar a la realidad europea?

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Estimado XXXX

Estoy agradecido por tu carta y por la honestidad intelectual de acoger y responder con franqueza a mis consideraciones. Ello me da la ocasión de, con mucho placer, responderte. Te ruego por tanto que leas, cuando tengas tiempo, esta carta, en la cual encontrarás también algunas de las respuestas concretas que me pides.

Sin duda la situación del Sōtō Zen europeo es distinta en los distintos países, e incluso al interior de cada país se puede afirmar que cada lugar de práctica es un caso particular, pero no es de esto de lo que pretendo hablar en esta ocasión. Más bien deseo poner en relieve cuestiones de carácter general. La primera es que el Sōtō Zen europeo ha sufrido un proceso de clericalización a la japonesa, aceptando pasivamente las reglas, los estandar, el estilo del Sōtō-shū japonesa. Los motivos de esta asimilación son diversos, aquí hago una síntesis con todos los límites que esto comporta, pero la realidad es esa innegablemente. No estoy expresando un juicio, tan solo constatando un hecho.

Por todas partes en Europa, en la casi totalidad de los dojo, de los templos, de los monasterios Sōtō Zen se puede constatar hasta qué punto están influenciados por el modo de hacer japonés. Hemos asumido el modo de vestir, de comer, de moverse, de celebrar las ceremonias (y de los instrumentos para hacerlas), de enseñar y de aprender, de establecer relaciones jerárquicas, en la comunidad y entre “maestro y discípulo”, de organizar dojo, templo, roles comunitarios... Hemos tomado todo, como si el modo japonés fuese el “exacto” modo según el dharma (alguno han hecho modificaciones, es verdad, pero tan solo se trata de ajustes). 

Es un caso único en la historia del Budismo. Piensa si los chinos hubiesen imitado a los hindúes, probablemente el Budismo ya no existiría en Extremo Oriente y, ciertamente, el Chan no habría aparecido nunca.

Según mi parecer (y me han hecho falta cuarenta años para darme cuenta)  todo lo que tenemos que recibir del Budismo Sōtō Zen japonés no son más que tres cosas, que ellos han preservado, más o menos formalmente, hasta hoy: zazen, la prosternación (gasho y/o raihai, es decir la actitud de inclinarse, metafórica y físicamente) y algunas perlas de Dōgen. Se trata de tres “cosas” esenciales, pero el resto se puede tranquilamente ignorar, diría que sería mejor ignorarlo y me permito decirlo porque conozco bastante bien el resto.

Eso no significa, ciertamente, que no hayan habido japoneses (probablemente millares) que, a lo largo de los siglos hasta hoy, hayan vivido y testimoniado con su vida la Vía de Buddha. Pero la mayor parte de estos es completamente anónima y no está necesariamente compuesta por sacerdotes Sōtō Zen.

Nosotros (sacerdotes Sōtō Zen europeos) hemos incluso importado de Japón las reglas administrativas para ser reconocidos como sacerdotes, creando una casta clerical de la que ni el budismo ni los europeos tienen ninguna necesidad. No es solo cuestión del hecho de que estas reglas no tengan nada que ver con la cultura europea, es que que no proporcionan ninguna garantía ni siquiera para los japoneses. Por otra parte, hemos proporcionado certificados, que muchos usan y usarán como si fuesen un certificado de “maestro zen”; una locura desde el punto de vista del budismo y una estafa hacia quien se lo cree.

Incluso si se actúa de buena fe y se esta animado por las mejores intenciones, se ha establecido en Europa, con la activa complicidad de los japoneses, la idea de que existe una especie de profesión que podríamos llamar enseñante, maestro, o más simplemente “responsable de una estructura que iza la bandera del dharma”, bien sea un dojo, un templo, un monasterio, siguiendo más o menos el modelo japonés; y que es necesario aprender a ejercer ese trabajo, esa profesión .

Esto me conduce a la segunda cuestión, de la cual hablo al comienzo de esta carta. Una vez que se acepta esta concepción, por aquel que se encuentra en la posición de “responsable de la comunidad”, la atención que se debería poner en el empeño de aprender el dharma es dejado de lado (pienso que no debería olvidarse nunca que somos todos y siempre aprendices del dharma y que el único y verdadero maestro es el Buddha-dharma)  y es desplazado poco a poco por la preocupación de enseñar a los otros y de sostener, mantener, reforzar, incluso ampliar la estructura de la que uno es responsable. 

Creo que estas condiciones llevan aparejadas dos consecuencias: una es la de comenzar a pensar, a veces incluso inconscientemente, que el “desarrollo” del dharma depende de nuestros esfuerzos; la otra es pensar que se podría valorar la propia adhesión al dharma y la bondad del testimonio propio por el “éxito” de la estructura comunitaria de la que se es responsable. Sé de lo que hablo, he sido responsable de dojo y de comunidad con residentes durante más de veinte años. Pero, por fortuna, el florecer del dharma no depende de nuestros esfuerzos y el éxito no es un criterio de valoración sobre la Vía de Buddha, que es constitutivamente una vía de pérdida.

Pienso que el Zen europeo (y también el japonés, pero esa es otra historia y otro discurso) ha llegado a un punto en el que debería pararse. Es el mismo discurso que concierne a la sociedad contemporánea, todo el mundo no habla más que de crecimiento, mientras que la única cosa que habría que hacer sería pararse y cambiar el modelo de civilización. 

Hemos hecho un gran trabajo, como escribía en mi carta, pero ahora corremos el peligro de equivocarnos respecto a nuestro papel. La historia del Budismo y del Zen en Europa es muy joven, apenas ha comenzado. Han hecho falta siglos en China antes de que el Budismo chino se manifestase abiertamente y no veo porqué aquí debería de ser distinto. 

Hay un largo trabajo de preparación de la tierra a realizar. Sin preparar como se debe la tierra se puede sembrar, plantar, trasplantar aquello que se quiera, pero nada desarrollará nunca raíces. Nuestra función histórica es la de las lombrices, la de preparar la tierra. La obra de las lombrices es esencial, sin ellas la tierra no sería fértil y el género humano no podría cultivar ningún huerto, ni obtener ningún fruto. Una obra esencial y anónima. Pero la lombriz que hace su parte como debe, no se plantea el problema de cual cultivo crecerá en la tierra que oxigena. No es este su papel ni su problema.

Vuelvo un momento sobre la cuestión, que parece haberte chocado, de nuestra edad cronológica (incluso si tú eres más joven, pero poco importa). Lo que digo no tiene nada que ver con el número de años de práctica zen y de sentarse en zazen, sino con la mentalidad de las personas mayores, que tiende naturalmente a la conservación, incluso si se hace zazen. Son los jóvenes los que deben de hacer las reformas y las revoluciones. Estoy convencido de que no se debería hacer de responsable de un dojo, de un templo, de un monasterio por más de diez años, quince años (veinte, como máximo, en el caso de ser pioneros como nosotros), de otra manera esto se convierte en una profesión, en la imposición de un estilo, en la convicción de ser indispensables.

Por tanto mi “propuesta” es simple y concreta: parar la máquina, bajarse, contemplar atentamente el paisaje, sentarse allí donde se esté. Nada se perderá del trabajo hecho.

Me preguntas dónde se formará la nueva generación y cual es mi propuesta concreta para formarla. Respondo: allí donde sea que las personas vivan. No hay necesidad de un monasterio para recibir una buena educación, la vida la proporciona mucho más que la regla de un lugar cerrado. Y en el fondo no es una cuestión de “formar”, yo he usado este término y quizás no es la palabra adecuada. No existe, afortunadamente, un modelo de hombre o mujer zen que sirva de molde para “formar” las personas de la nueva generación. Se formará sola. Es suficiente indicar, antes que nada con el ejemplo vivo, cuales son los instrumentos usados desde siempre para la propia formación: zazen, profundización, honestidad. 

Zazen es zazen, la profundización es el estudio de la enseñanza budista y de nosotros mismos, la honestidad es espiritual, intelectual y comportamental, y yo creo que se aprende mejor intentando vivir según el dharma en la sociedad que en un monasterio.

Se vuelve por tanto a la cuestión del estudio y de la relación con el Sōtō-shū japonés. Si de verdad los japoneses están interesados en el desarrollo del futuro Sōtō Zen europeo, y no solo en reproducir en Europa la copia de su pésima institución clerical, deberían utilizar el dinero, que tienen en abundancia, para sostener a los europeos que quieran estudiar las enseñanzas budistas, en vez de desperdiciarlo en proyectos insensatos, como el de edificar un senmon sodo japonés en Europa, como pretenden hacer en los Estados Unidos con un proyecto absurdo y vergonzosamente costoso, para “formar” según el modelo japones a los sacerdotes zen occidentales. Eso sí que sería un triste fin para la historia del zen occidental.

Me excuso por haber tomado prestado tu tiempo para leer esta larga carta, concluyo aquí y de aquí en adelante me callo, aquello que tenía que decir lo he dicho repetidamente.

Un fraternal saludo.

Jiso



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 Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Ruinas del poblado minero de Rodalquilar. Roberto Poveda

domingo, 31 de mayo de 2015

Carta de despedida como director de la oficina del Sōtō Zen Europeo. Giuseppe Jiso Forzani

Tras cinco años desempeñando el cargo de director de la oficina europea del Sōtō Zen, Giuseppe Jisō Forzani dejó de desempeñar el pasado marzo dicha función. Con ocasión de ello ha dirigido una carta a los distintos responsables de los centro sōtō de Europa, carta que después ha sido hecha pública. Dicha carta, respetuosa pero sin embargo muy crítica con la actual situación y con la deriva del zen Europeo, ha sido publicada en italiano en la página web de la Comunidad budista zen la Stella del Mattino, comunidad a la que Giuseppe Jisō Forzani también pertenece.

El contenido de dicha carta creo que es pertinente para cualquier persona interesada en hacer de la práctica del budismo zen el eje de su propia vida, incluso en el caso de que no esté formalmente vinculada en modo alguno a la escuela japonesa Sōtō Zen, como es mi caso. 
 
Considero personalmente que las razones del actual extravío del zen occidental, es decir su incapacidad cada vez mas obvia de poder dar respuesta a las necesidades espirituales de aquellos occidentales que vuelven su mirada hacia él, no solo hemos de buscarlas en occidente y en los occidentales, sino que también hemos de tener en consideración el modo en que ha llegado hasta nosotros desde los primeros pioneros japoneses que lo dieron a conocer entre nosotros, pues allí se encuentran sus raíces y en gran medida es de allí de donde deriva la actual situación de impasse. Me refiero, desde un punto de vista teórico, a Daisetsu Teitaro Suzuki, relacionado con el Zen Rinzai japonés, que a finales del ss. XIX y principios del ss. XX popularizó en occidente una visión idealizada e irreal del budismo zen japones, prácticamente desconocido hasta entonces en Occidente y, desde un punto de vista práctico, a aquellos que trajeron a Occidente, a principios de la segunda mitad del siglo XX, la práctica, entre otras cosas, del zazen, práctica central en el budismo zen, como son, de manera destacada, Shunryu Suzuki en Estados Unidos y Taisen Deshimaru en Europa, vinculados ambos al Sōtō Zen japonés.

Traducida por mí esta carta de despedida al español y habiéndola remitido por correo a algunas personas amigas, practicantes zen, esta carta, además de aquí y ahora, momento en que la hago publica yo también, ha aparecido
previamente en algunos blog españoles, cuyos administradores han considerado oportuno publicarla. Creo que este repetido eco es un claro síntoma de un malestar creciente y compartido entre muchos practicantes ante la decadencia del Zen europeo actual. He de agradecer la publicación y el valor de haberlo hecho, situándose a contracorriente de la actual deriva del zen europeo, a los siguientes blog españoles:

Zen Gipuzkoa 
Zen Online
Grupo Zen Soto de Murcia Hei Shan

Dentro de unos días publicaré así mismo una segunda carta, continuación de esta primera, en la que Giuseppe Jisō Forzani profundiza y precisa aquello que dice en este primer correo.



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Carta de despedida como director 
de la oficina del  Sōtō Zen Europeo


Queridos Amigos y Amigas.

El comienzo de la primavera coincide este año, en mi caso, con el fin del encargo como director de la Oficina Europeo del Budismo Sōtō Zen. Con ocasión de este evento de un fin y de un comienzo, permitidme que os dirija algunas palabras de  despedida.

Os agradezco, individual y colectivamente, por la compañía que hemos mantenido en el transcurso de estos años. Ha sido para mí una buena compañía, bajo el lema de la franqueza y de la paz.

Quiero además añadir algunas consideraciones, que son también la síntesis de lo que he escrito a comienzos de este año, en la carta de despedida dirigida a los responsables del departamento internacional del Shūmuchō de Tokyo, del que la Oficina Europea depende.

El Sōtō Zen europeo ha adoptado gradualmente una forma institucional bastante definida. Esta forma no se ha originado para perseguir un objetivo común siguiendo un diseño orientado a realizar ese fin, sino por una exigencia, sentida al principio por algunos y que de hecho posteriormente se ha convertido  en la línea guía para todos, de resolver algunos problemas contingentes de gestión práctica, sobre todo de tipo administrativo. Me refiero a la adquisición de la ordenación japonesa para definir y reconocer las figuras que realizan en Europa la actividad misionera y de difusión del Sōtō zen, pero no solo. El modelo japones, en un tiempo fuertemente criticado en Europa, a menudo sin ni siquiera conocerlo, resulta hoy asumido casi acríticamente como el único válido tradicionalmente, a veces con algún retoque ocasional, en el intento de amalgamar la forma japonesa con la realidad europea.

Nos encontramos pues al interior de una progresiva, y casi despreocupada, japonesización del Sōtō Zen europeo en cuanto institución clerical. Quien observase el fenómeno desde fuera no podría sino concluir, con razón, que se está intentando importar en Europa el Sōtō Shū japonés, recreando aquí la misma atmósfera, la misma estructura y la misma función que el Sōtō Zen tiene en Japón. Es el camino fácil, y habrán siempre en Europa personas fascinadas por la estética japonesa e impresionadas por la seriedad y la fiabilidad del comportamiento de los japoneses y que buscarán imitarlo, creyendo que esto equivale a la “verdadera práctica tradicional del auténtico Budismo Zen”. Esta es la corriente en boga ahora y considero personalmente que desaparecerá en breve, no dejando un rastro duradero.

Europa tiene una base cultural y religiosa no homologable a la japonesa y los europeos tienen una estructura antropológica diferente de la de los japoneses, es por tanto fácil prever que el camino imitativo no dará más que efímeros resultados.

Pero incluso si esta predicción estuviese equivocada, no se puede ignorar que la realidad del Sōtō Shū japonés está muy lejos de ser un modelo ejemplar. Muchos sacerdotes Sōtō Zen japoneses reconocen que el sistema educativo de los jóvenes sacerdotes es impreciso y anacrónico y que debería de ser urgente y profundamente reformado, porque no estimula el espíritu de búsqueda de los individuos y no proporciona instrumentos válidos para alimentar la evolución espiritual. Ese sistema está estructurado de forma que vuelve insignificante aquello que nosotros llamamos vocación espiritual. La adopción de ese sistema en Europa, donde no existen ni siquiera las condiciones históricas y sociales que lo hacen justificable en Japón, corre el riesgo de extinguir el impulso de búsqueda y de vocación que ha caracterizado la primera fase de la presencia del Zen en Europa. La dramática ausencia de jóvenes en la mayor parte de las comunidades Zen europeas es una señal evidente de esta situación.

Creo que la primera generación de sacerdotes Sōtō Zen europeos, que es mi generación, no puede dar desde sus propios recursos ninguna contribución de renovación al desarrollo del Sōtō Zen en Europa. Está compuesta por personas próximas a los setenta años, cuando no más. Hemos hecho un notable trabajo como pioneros, pero estamos ahora en una fase fisiológicamente conservadora y, por tanto, ya no estamos en condiciones de realizar la necesaria renovación. Sería oportuno dejar esta tarea a personas jóvenes, enérgicas, curiosas intelectualmente, no sobrecargadas por el legado de una historia que, aun siendo breve, no está ausente de sombras y de cargas. Hasta que esta nueva generación no se halla formado y se vuelva autónoma, es veleidoso y prematuro querer establecer una regla guía común para la formación religiosa, admitiendo provisionalmente que este sea un objetivo a perseguir. Es la ocasión en cambio de proveer de instrumentos adecuados para el estudio de las enseñanzas y la práctica del budismo a las nuevas generaciones, que serán los interpretes vivientes del futuro del budismo. Para ir en esta dirección la colaboración con el Sōtō Shū japones puede ser  valiosa, en el caso de que también desde aquella parte se manifieste la voluntad de ponerse realmente juntos al servicio de la realidad europea, escuchando su voz y aprendiendo a conocerla.

Envío como conclusión deseos de buena salud y de buen trabajo a cada uno de vosotros y al nuevo equipo de la Oficina europea, el director rev. Sekiguchi Dōjun, el rev. Tōgen Moss y el rev. Terumoto Taibun.

Un fraternal saludo

Giuseppe Jisō Forzani
31 de marzo de 2015

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Traducción: Roberto Poveda Anadón
Fotografía: Dinamarca 2012, Roberto Poveda