viernes, 10 de abril de 2009

Despertarse a la vida, Kosho Uchiyama

Un texto sobre la experiencia interior durante zazen

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Sobre Kosho Uchiyama Roshi


Kosho Uchiyama Roshi nació en Tokio en 1912, antes de convertirse en monje zen estudió en la universidad de Waseda, en su ciudad natal, donde se diplomó en filosofía occidental, y comenzó a impartir clases en un liceo femenino en Miyazaki, volviendo posteriormente a Tokio, donde se casó en 1939. Su joven esposa murió mientras estaba embarazada, acontecimiento que dejó huellas profundas en él. A partir de entonces se acercó al sôtô Zen, encontrando en 1941 a Kodo Sawaki, monje errante y reformador del Zen, el cual lo devolvió a la pureza de sus orígenes, revitalizando la práctica de zazen como uno de sus pilares más básicos. Desde ese momento siguió a aquel en sus desplazamientos, hasta su muerte en 1965, momento en que le sucedió como responsable del templo de Antaiji, el templo que Kodo Sawaki había rehabilitado como un sitio consagrado al estudio de Dôgen, monje fundador del Soto Zen, y a la práctica del zazen.

Kosho Uchiyama convirtió Antaiji en un lugar autosuficiente, dedicado a la practica de zazen, al samu (trabajo) y al estudio del dharma, despojando al zen de añadidos rituales y religiosos que había adquiriendo con los siglos, devolviéndolo a la pureza original de su fundador. Es autor de más de veinte libros sobre la práctica del zen, igualmente fue un experto en origami, el arte de origen japones del plegado de papel para obtener diversas figuras, conocido en español como papiroflexia, sobre el cual publico igualmente algún libro. En 1975 se retiró de Antaiji y vivió con su esposa en Noke-in, un pequeño templo en las afueras de Kyoto, hasta su muerte en 1998.

En este texto, Kosho Uchiyama nos habla de una forma clara sobre la experiencia interior durante la práctica de zazen, explicándonos como, en el zazen predicado por Dôgen, por su propio maestro Kodo Sawaki y por el mismo, más allá de la búsqueda de algún tipo de experiencia especial, más allá incluso de la búsqueda del satori, más allá del intento imposible de hacer desaparecer los deseos, la ilusiones y los apegos, lo importante es el esfuerzo mantenido por volver a la pura realidad de la práctica real y viviente de zazen, la apertura a la realidad en cada instante de nuestra propia vida.


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Despertarse a la Vida
Kosho Uchiyama Roshi


En lo que sigue voy a esforzarme en describir de una manera tan detallada como sea posible nuestra experiencia interior durante Zazen.



La línea ZZ' representa la postura correcta de Zazen. Significa nuestra realidad de vida sobre la que debemos permanecer. Pero un hombre no es una piedra, incluso si hace Zazen, le ocurre a menudo el querer separarse de esta linea. O le pasan pensamientos por la cabeza o bien dormita.

He aquí un ejemplo; alguien deja la linea ZZ', un pensamiento “a” surge en él. Si toma este pensamiento como punto de partida, asociándolo con otros pensamiento “a', a'', ...”, entonces él piensa. Esto está claro; si esta persona piensa en su trabajo reflexionando sobre la forma en la que podría distribuir y realizar su tarea, entonces no hace nada, piensa. Pero, bruscamente “deja caer” sus pensamientos y “se despierta “ nuevamente a zazen con la carne y los huesos, vuelve a la realidad de la vida (ver flecha).

Tras cierto tiempo nuestro sujeto tiene sueño, “b”. Si continua asi, “b', b'', ...”, dormita. No hay en esto nada sorprendente. Si, durante zazen, os sentís fatigados y los pensamientos se acumulan dormís ya. Una oleada de pensamientos os sumerge... soñáis.

Continuar pensando o durmiendo, no veo diferencia para zazen. Si, despiertos, seguimos un pensamiento que acaba de surgir en nuestra mente, entonces pensamos. Si tenemos sueño y si seguimos nuestros pensamientos, estos últimos se trasforman en sueño.

Ocasionalmente podéis llegaros a adormecer y pensar durmiendo: “Tengo sueño pero resisto, continúo mi zazen.” (Hablo aquí de mi propia experiencia. No se nada sobre el hipnotismo, pero supongo que emplea este sueño a medias en su práctica.)

Si dormitáis durante zazen entonces debáis despertaros concentrando, “carne y huesos”, vuestra energía sobre zazen, y evitando sobre todo seguir los pensamientos (el despertar está indicado, en nuestro esquema, por una flecha.)

Puede darse igualmente que no alcanzáis a despertaros; seguís a vuestros pensamientos, (c, c', c'', c'''), y os alejáis de la realidad de la vida. En otra palabras, os separáis del hecho de estar sentados en zazen. Si ser conscientes llegáis a una asociación de ideas, a un dialogo con una persona atractiva (c'''), por ejemplo una amiga que sin embargo no es enteramente más que una creación de vuestra imaginación. Incluso en este caso, hay una rápida solución; si alguien se “despierta” a zazen, es decir si se vuelve a sumergir con “carne y huesos” dejando caer sus pensamientos, entonces la imagen de esa persona tan agradable desaparece inmediatamente, y el soñador puede volver a la realidad de zazen (ZZ'), Es una observación muy importante, muestra de forma completamente evidente que la aparición en cuestión (c''') no posee ningún cuerpo concreto y que no representa sino un ir y venir sin contenido.

Sea lo que sea cuando, durante zazen, tenéis una experiencia así, en uno de los estadios c,c',c'' tenéis que recuperaros lo más rápidamente posible y volver al zazen ZZ'. Esta Linea corresponde a nuestra realidad de vida. Expliquémosnos mejor; el eje ZZ' muestra nuestra necesaria actitud hacia zazen. Pero nuestra realidad de vida es mucho más que esto. No somos piedras. El eje ZZ' es una linea que debemos seguir pero que no seguimos nunca de forma continua. Nos desviamos fácilmente de forma diferente, La verdadera realidad de vida está mas allá de este eje; lo que cuenta es nuestro esfuerzo perpetuo para despertarnos y volver a ZZ'. Por nuestro zazen aprendemos que todos los pensamientos de nuestra mente no son mas que un ir y venir vacíos, sin substancia concreta y condenados a desaparecer cada instante.

El Maestro Yôka dice:

“Los cinco skandhas nos son mas que nubes errantes, que van y vienen sin fin, mientras que los tres venenos; deseo, rabia y espíritu obtuso, no son más que pompas en el agua, fantasmas que aparecen y desaparecen. Es únicamente cuando lo real es atrapado que no hay Ego, tampoco Dharma, tampoco Yo y tampoco búsqueda del camino. En un solo momento las cadenas de los avicis karmas se rompen, las cadenas del infierno más profundo.”


Verdaderamente, todos los pensamientos, todos los deseos, todas la ilusiones, son como pompas en el agua, no son más que un ir y venir vacíos, sin substancia real cuando os despertáis a zazen; incluso el infierno llamado “avici”, nacido de la imaginación, desaparece de golpe. Hacéis vivir el zazen en tanto que realidad.

Lo que acabo de decir es de gran importancia. La razón por la cual intento volver comprensible aquello que pasa durante zazen es el deseo de ayudar a evitar los errores, por ejemplo el deseo de ejercitar el espíritu, de apuntar a la línea ZZ' y fundirse en ella.

Quisiera dejar claro que el zazen de la verdadera vida en el que pensaba el maestro Dôgen2 es aquel que llamaba: “El zen exactamente trasmitido de los Rudas y los patriarcas.” Escuchemos a este respecto las palabras del libro VII del Eihei Koroku del maestro Dôgen :

“De esta manera habla el patriarca Nagarjuna: Zazen es el camino de todos los Budas. Las escuelas heterodoxas practican también zazen, pero van demasiado lejos. Alteran la naturaleza del Zen y sus opiniones erróneas son nefastas. Eso no es lo mismo que el zazen de los Budas y los Bodhisattvas y de aquellos que van hacia el despertar. Los discípulos del Theravada hacen zazen, pero desean la perfección, buscan la extinción, el Nirvana. Esto es diferente del zazen de los Budas y Bodhisattvas.”


Estas palabras de Nagarjuna3 (150-250) citadas por el maestro Dôgen, demuestran que los viejos maestros han visto claramente el problema. El zazen de las escuelas heterodoxas no es el zazen vivo, está mezclado, descolorido, piensa en el provecho, está desnaturalizado, es una degradación hacia un pensamiento mundano y utilitario. Los discípulos del Theravada practican zazen con la intención de hacer disminuir gradualmente las ilusiones y los deseos e intentan destruirlas completamente (Nirvana.)

Nada de eso tiene que ver con el verdadero Zen de la tradición. Nuestro zazen (ZZ') no busca la disminución de la ilusión y su extinción definitiva. Si alguno toma esta extinción, este Nirvana, este satori del Theravada, por la realidad última de la vida humana, eso quiere decir que la verdad de la vida es la no vida, la muerte.

En el Budismo Theravada los deseos de la vida humana son las razones del sufrimiento, se las destruye y se busca la beatitud del Nirvana. Sin embargo la búsqueda con el fin de liberarse del dolor y de alcanzar la beatitud del Nirvana, ¿Acaso no sería ya un deseo, una codicia? Aquel que tiende a ello está en contradicción con si mismo, y es por esto que sufre. De ahí las exportaciones del Maestro y los mandamiento de un sutra:

“No intentéis nunca seguir en zazen el camino del Theravada por el cual los discípulos intentan devenir perfectos”


La verdadera vida de zazen es diferente, Incluso los deseos y la avidez son una manifestación de la fuerza vital, es por eso que, simplemente, no es necesario evitarlos e intentar destruirlos. Sin embargo no habría que llegar hasta el punto en que los deseos y la avidez nos dominen y nos llenen completamente, por que entonces la vida se pulveriza.

Hay una única cosa que importa, es que nuestra vida no debe estar ensombrecida por los pensamientos. Consideremos todos nuestros pensamientos y todos nuestros deseos como elementos vitales pero dejémoslos en su contexto y no nos dejemos violentar por ellos.

Por esto no hace falta un esfuerzo especial. Una cosa sola es necesaria; volver a la realidad de la vida . En nuestro ejemplo eso quiere decir; todos los pensamientos (“a” y “b”) que podría invadirnos desaparecen tan pronto como estamos en zazen.

“No intentéis expulsar los fantasmas y no intentéis enteraros de lo que hay ahí verdaderamente. Nosotros, los hombres, poseemos enteramente la naturaleza de Buda. Incluso nuestro cuerpo que, en este mundo, aparece como un fantasma y desaparece de nuevo, no es otro que la realidad de la vida. Si os despertáis a ella, entonces no existe ya más ningún objeto.”
(Shodoka, de Yoka)


En efecto aquel que practica zazen llega con todo su corazón a la experiencia de que los pensamientos no son nada más que un aparecer y desaparecer vacío, sin trasfondo real. Sin embargo no podréis comprenderlo fácilmente si no hacéis muy seriamente zazen.

Mis palabras podrían parecer extremadamente pretenciosas, pero voy a intentar explicarme. Generalmente nos es imposible saber que todo aquello que pasa en nuestra cabeza es un ir y venir vacío. Nos sumergimos demasiado en la reflexión y vivimos demasiado en tal mundo. Desde que deseamos alguna cosa suponemos que el simple hecho de desear esa cosa contiene ya su realización. Nos sentimos obligados a buscar esta cosa, por todas partes corremos detrás de ella y, al final, nos queda solamente deseo e irritación desordenados. En otras palabras, la actividad de nuestra vida cotidiana está orientada casi por completo por el esfuerzo de realizar ideas.

El proceso psicológico es lo siguiente: Cristalizamos en nuestra mente una imagen, la fijamos para dar así a nuestra ilusión, a nuestro deseo, mucha más consistencia. Es por lo que nuestra acción está orientada, enteramente, por ilusiones y deseos.

Podemos incluso decir que los hombres se lanzan completamente sin darse cuenta. Un hombre que bebe saque se deja llevar por su imaginación, todavía sabe que está ebrio. Pero si llega a un estadio donde el sake bebe sake, y todavía más lejos, si el sake bebe al bebedor, entonces el hombre se deja llevar por su ebriedad y actúa en consecuencia. Esto no es más que un ejemplo que vale para casi todas las situaciones en el mundo. El individuo y la sociedad están acompañados y arrastrados por el torrente del deseo y la ilusión.

De esto surge la alta significación de nuestro zazen. Si nosotros nos despertamos a zazen entonces vivimos la experiencia de que todas las cosas que se desarrollan en nuestro fuero interno pueden desaparecer en un único instante.

Dicho de otra forma, forzamos casi continuamente el contenido de nuestros pensamientos. Sin embargo, si nos despertamos, volvemos a la realidad de la vida que se convierte en nuestro punto de gravedad espiritual. Si zazen se convierte en una parte de nosotros mismos, es decir en una parte de nuestra vida completa y cotidiana, entonces ya no somos dominados más por fantasmas que, de una forma distinta, vienen y se van. Es entonces que recomenzamos nuestra realidad de vida. A partir de la linea ZZ' somos capaces de atribuir a los pensamientos, a los deseos y a las ilusiones su verdadero papel en la escena de la vida.

En tanto en que nosotros estamos en este mundo hay felicidad y desgracia, placer y contrariedad, algunas cosas nos atraen y otras nos dejan fríos, reímos y lloramos. Todo esto se juega en un nivel que llamamos la escena de la vida. Aquel que se deja llevar ciegamente pierde su equilibrio. Sin embargo, despertándonos a zazen, somos capaces de reconocer el verdadero valor y la ausencia de valor de todas esas cosas que nos absorben durante nuestra vida.

Aquí volvemos al “Yo”, el cual, tal como lo hemos dicho, está condicionado por la relaciones con los otros. Podemos saber fácilmente que este Yo, orientado por el exterior, llena la escena de nuestra vida, de nuestro Si mismo. Esperando, mi realidad de vida se mantiene detrás de cada apariencia. Es la causa de esta última sin dejarse influenciar, por tanto, por ella.

Zazen funda la vida y su realidad, es el verdadero Si mismo. Dice Dôgen:

“Zazen es la práctica de Buda.
Zazen es el no hacer.
Es la realidad de Si mismo.
No hace falta buscar más que esto y nada más
Sobre la Vía de Buda.”

(Shoboghenzo Zuimonki, libro 2)


En otras palabras, lo que importa en zazen no es disminuir las ilusiones y los deseos, ni fundirse completamente con ZZ'. Cierto, a veces se consigue, pero incluso esto no es más que una parte de zazen. En nosotros permanece siempre la tendencia a desviarnos de la base ZZ'. Lo que importa es caminar hacia ella, hacia el verdadero fondo de la vida.

3 comentarios :

  1. "En otras palabras, lo que importa en zazen no es disminuir las ilusiones y los deseos, ni fundirse completamente con ZZ'. Cierto, a veces se consigue, pero incluso esto no es más que una parte de zazen. En nosotros permanece siempre la tendencia a desviarnos de la base ZZ'. Lo que importa es caminar hacia ella, hacia el verdadero fondo de la vida."

    Bellísimo

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  2. Leyendo al Roshi, me he visto refejado en los Theravadas...

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    Respuestas
    1. Hola Manuel. En efecto el camino de Uchiyama (lo de Roshi, es cosa de A. Braverman, pero Uchiyama nunca se habría llamado a sí mismo así) está, en muchos aspectos, distante del camino Theravada. Su camino no es el del arhat, sino el del bodisattva. Yo, que, además de ser laico, estoy también lleno de defectos (soy un bompu), en este camino tengo alguna posibilidad de caminar, en cambio, aquel, me resulta más inaccesible... sin embargo, en un cierto nivel de profundidad, ambos caminos no son contradictorios.

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