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viernes, 13 de enero de 2023

El budismo Mahāyanā a través de los lugares los tiempos y las culturas. La India y notas sobre el Tibet. Mauricio Yūshin Marassi

El Budismo, nacido en India sobre el siglo VI antes de nuestra era, con el paso de los siglos evolucionó, adaptándose a las nuevas circunstancias que el cambio de los tiempos y el surgimiento de nuevas demandas y sensibilidades religiosas le pedía. Dicho cambio, que con el tiempo recibiría el nombre de Mahāyāna, empezó a producirse formalmente, con textos propios y autónomos, en el noroeste de la India en el periodo inmediatamente posterior al rey Aśoka (304-232 a.C.), en el cual comienza la redacción de los sūtra específicamente Mahāyāna. Sin embargo dicha tendencia renovadora no supondrá una ruptura con el pasado, sino una renovación y actualización de la vía de Buddha.

Frente al ideal del arhat del budismo antiguo, orientado a la salvación individual, aparecerá la figura ideal del bodhisattva, con la cual el camino de salvación del budismo va más allá de la salvación individual, haciéndose universal. La salvación budista, que hasta entonces había privilegiado la vía monástica, la vía ascética de los que renunciaban al mundo, progresivamente va incluyendo como destinatarios de dicha salvación en su sentido pleno también a los laicos, a aquellos que viven en medio del mundo, es decir a todos los seres con independencia de sus características, capacidades o estado social. Como se recoge en palabras del autor del libro que presentamos hoy «la vía religiosa ya no es entendida como el problema de cada cual como individuo, sino de cada cual con el sentido de todos. La vía religiosa como “único camino”, “única dirección” de salvación para todos y todo.»

Esta obra, como se señala en la misma, «sigue el articulado complejo histórico-geográfico del budismo como evolución de un único ser vivo que, hace 2.500 años, percibió el sufrimiento, verificó su inevitabilidad en cada vida, se propuso encontrar, caminar y realizar la salida de esta condición de dolor y se ofreció al futuro, que es también nuestro presente, como testigo de una posibilidad concreta y distinta de salvación. Este recurso, tanto religioso como literario, permite contemplar la historia multifocal del budismo como un continuo, dedicando sólo la atención indispensable a las declaraciones y doctrinas formales. El resultado es un discurso  en el que cada cual puede escuchar la parte de la enseñanza budista que está en sintonía con el desarrollo actual de su vida.»

Su autor, Mauricio Yūshin Marassi, tras una estancia de formación de casi una década en el monasterio-eremitorio japonés de Antaiji, es uno de los fundadores de la comunidad budista zen italiana la Stella del Mattino, de la cual es actualmente el coordinador. Hasta el año 2021 ha mantenido un curso de Dialogo Interreligioso en la Universidad de Urbino. Entre sus  publicaciones, además de diversos artículos, están: La vía maestra. La trasmissione e la figura del maestro nel buddismo zen (2005; II ed. 2016); Il Sutra del diamante. La ricerca del paradiso (2011); La via libera. Etica buddista (2013); Discorso di risveglio alla fede secondo il veicolo universale (2016); ha editado, además, junto a Th. A. Kochumuttom, el volumen: Vasubandhu lo yogācārin, La dottrina buddista dell’esperienza, Mimesis, Milano 2022; o, recientemente, La Genesi delle religioni del giappone, escrito junto a Giuseppe Jisō Forzani, La Stella del Mattino (2022). Muchos de estos libros, para quien esté interesado, se pueden encontrar traducidos al español en este mismo blog (ver aquí y también aquí),  estando otros en proceso de traducción que esperamos ir incorporando progresivamente.

La obra que ponemos hoy a disposición de los lectores, El budismo Mahāyanā a través de los lugares los tiempos y las culturas. La India y notas sobre el Tibet, fue publicada por la ed. Marietti en 2006, siendo posteriormente revisada y ofrecida en formato digital por La Stella del Mattino en 2022 (es a esta última edición a la que corresponde nuestra traducción), siendo el primer tomo de dos.

Esta primera parte corresponde al periodo que va desde el nacimiento del Budismo hasta su últimos desarrollos en India, así como su llegada, expansión y desarrollo en el Tibet. El segundo tomo, dedicado al desarrollo del budismo en China, fue publicado también por la ed. Marietti en 2009, estando actualmente en proceso de revisión y actualización.

Quién desee descargar el libro puede hacerlo libremente en el siguiente enlace:

El budismo Mahāyanā a través de los lugares los tiempos y las culturas. La India y notas sobre el Tibet

jueves, 10 de diciembre de 2015

La visión de la consciencia kármica. Kōdō Sawaki, Kōshō Uchiyama, Shōaku Okumura.

Kōdō Sawaki

Existe una única luna, pero a veces parece feliz, a veces triste, Disfrutando de un bello claro de luna, a veces bebemos sake. Cada luna que nosotros los seres humanos vemos, depende del estado de nuestra consciencia kármica, no es la luna real.


Kōshō Uchiyama

Que la luna corresponda al estado de la propia consciencia kármica significa que nuestro modo de ver la luna está condicionado por las experiencias que hemos tenido desde el nacimiento.

Por ejemplo, hoy existen ciertamente científicos e ingenieros que observan la luna y piensan: “¿Cómo podemos construir un cohete que transporte a un hombre y lo haga aterrizar suavemente sobre ese cuerpo celeste?”. Podrían haber geólogos que observen la luna y piensen: “¿Cuáles son sus características geológicas?”. La luna puede parecer radiante a una persona en la cumbre de la riqueza y melancólica a quien está tocando fondo. Para un bebedor la luna no es más que un entremés acompañado de un buen sake.

En japones tenemos expresiones como go no fukai ningen, es decir “persona con un profundo karma”, y go tsukubari, “persona cuyo karma es muy fuerte”. Estas expresiones se refieren a las personas que tienen puntos de vista extremadamente condicionados, fruto de intensas experiencias de vida.

Erróneamente el budismo es a menudo entendido como una doctrina de la resignación, que induciría a pensar: “No puedo hacer otra cosa, es mi karma”. Una doctrina así no es verdadero budismo. En cambio, el budismo nos enseña a atenuar nuestro rígido punto de vista kármico. Desmontar las opiniones ilusorias del sí mismo kármico es ver la vida tal como es.


Kōdō Sawaki

La expresión go kan (“ver según el propio karma”) indica el fenómeno común por el cual las buenas o malas acciones del pasado condicionan el presente. Por ejemplo, habiendo vivido siempre con la preocupación del sexo, una viuda podría envidiar a las parejas jóvenes.

* Los seres humanos ordinarios son empujados por su karma y ven el mundo únicamente en base a las propias condiciones kármicas. Estas personas perpetúan  entre ellas relaciones indeseables pero indestructibles, una vida tras otra. Esto se llama “perpetuo vagar en el samsāra”.

* Si nos quitamos las lentes coloreadas por la consciencia kármica, entonces, como dijo Śākyamuni apenas despertado, veremos que “la gran tierra y todos los seres sensibles simultáneamente alcanzan la Vía; montañas y ríos, hierbas y árboles, todas las cosas sin excepciones se convierten en buddha”.



Shōaku Okumura

Cuando era joven Sawaki rōshi estudio la doctrina de la “Solo Conciencia” de la escuela Yogācāra, una de las dos escuelas mahāyāna, en Hōryū-ji en Nara. Según la escuela Yogācāra, la consciencia se divide en ocho niveles. Los primeros cinco nacen del contacto entre los órganos de los sentidos y sus objetos: consciencia del ojo, de la oreja, de la nariz, de la lengua y del cuerpo. La sexta consciencia nace del contacto entre la mente y los objetos de la mente, como los números y las ideas.

Los maestros de la escuela Yogācāra identifican también otros dos niveles, subyacentes a la mente pensante. El séptimo es llamado manas, término a menudo en las lenguas occidentales como “ego”, y el octavo se llama ālaya, “depósito”. Para la doctrina Yogācāra todas las experiencias pasadas son memorizadas inconscientemente como semillas al interior de este nivel más profundo. La consciencia manas toma como yo este conjunto de semillas depositadas y domina las primeras seis consciencias.

Cuando encontramos un objeto, las semillas son activadas y nuestra percepción recibe su influencia y no solo la del objeto tal como es. Según las semillas presentes en el estrato más profundo de la consciencia, las interpretaciones y las reacciones de las personas respecto a los mismos objetos son distintas. En general sin embargo damos por descontado que aquello que vemos sería el objeto tal como es en realidad.

En la doctrina Yogācāra, a través de la práctica de comprender cada cosa en tanto que mera percepción, nos liberamos de la consciencia kármica y comenzamos a ver las cosas tal como son. Entonces los ocho niveles de consciencia comienzan a trabajar como cuatro tipos de sabiduría: la consciencia  ālaya se trasforma en la sabiduría del Gran Espejo Perfecto que refleja las cosas tal como son, la consciencia manas comienza a trabajar como sabiduría que ve la igualdad de todas las cosas, la sexta consciencia nos permite ver los objetos con la sabiduría que sabe observar y las primeras cinco consciencias nos permiten actuar con sabiduría. En la escuela Yogācāra, las consciencia es analizada procediendo de la superficie hasta los niveles más profundos, mientras la sabiduría es explicada procediendo de lo profundo a lo superficial, reflejando la idea de que el cambio duradero debe comenzar en el nivel más profundo de la consciencia. Si un cambio en la percepción sucede solo a nivel de la mente pensante, en cambio, es probable que sea momentáneo y limitado a algunos objetos.

En Japón la doctrina Yogācāra es considerada tradicionalmente la base de la teoría budista, junto al Abhidharma. Es considerada la más fundamental de las doctrinas populares de las escuelas  mahāyāna, como la Kegon, Tendai y Shingon, siendo considerada la cumbre de la filosofía mahāyāna. También en las enseñanzas zen de Sawaki rōshi vemos la influencia de la doctrina Yogācāra. 






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Del libro Kōdō senza dimora

 
Kōshō Uchiyama, Shōaku Okumura
Ed. Ubaldini, Roma 2015

Traducción: Roberto Poveda
Fotografía: La luna juega al escondite. Flickr, Victor de Lara..