viernes, 4 de diciembre de 2009

Fundamentalmente no hay nada 本夾無一物 (Huineng). Éric Rommeluère



En este breve texto traducimos la entrada del blog de Éric Rommeluère,  de 21 de septiembre de 2009 en la que Éric nos habla de la diferencia entre la meditacion Vipassanâ y la meditación Zen. Estos distintos enfoques respecto a la meditación trascienden en realidad a la pura adscripción formal que podemos hacer cada uno de los meditadores a las diferentes escuelas existentes. Encontramos meditadores zen que practican con un espíritu vipassanâ y supongo, pues lo conozco menos, que lo inverso podrá encontrarse igualmente. Esta diferencia marca en realidad, más allá de las escuelas, un actitud interior diferente respecto a la meditación.

Estos matices no son sin consecuencias pues impregnan, consciente o inconscientemente, no solamente nuestra práctica meditativa, sino también nuestra concepción del zen y las razones que no han llevado y nos aníman a proseguir este camino.

No es lo mismo abrazar la realidad que alejarse de ella. 



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Fundamentalmente no hay nada 
本夾無一物 (Huineng). 

Éric Rommeluère

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En la perspectiva Theravâda el vipassanâ apunta finalmente a romper el flujo del samsâra, el ciclo de las existencias. Vipassanâ, que significa “la visión repetida de las cosas”, designa la observación consciente y repetida de las múltiples sensaciones y percepciones que surgen a cada instante. Observados instante tras instante los diversos fenómenos, físicos o mentales, no son ya percibidos como un flujo continuo, sino como una serie discontinua de sensaciones-percepciones. La observación consciente permite así despegarse de su objeto. Por ejemplo, en la práctica de la atención a la expiración y la inspiración, se contenta con estar atentos a la sensación de la expiración, después de la inspiración. Ya no hay entonces sino una serie de fenómenos corporales discontinuos. El vipassanâ ofrece así una estrategia de ruptura de la continuidad del ser, en la que su finalidad misma es experimentar, más allá de su observación, la cesación de los fenómenos físicos y mentales y por último la cesación de la consciencia. Esta última cesación tiene por nombre nirvana.

El Zen aborda la meditación de forma diferente. En lugar  de observar, lo cual implica una instancia observadora y unos fenómenos observados,  busca colocarse de entrada en una postura no-dual, integradora, que no busca perseguir el flujo ni pararlo. Fundamentalmente, en esta práctica no hay nada que observar. Esta nada es el corazón mismo de la meditación.  Concretamente nos instalamos en una presencia directa e inmediata sin recurrir a practica mental alguna de la observación o de la concentración. Según la expresión clásica zen se realiza un total unificación (tajô ippen) que no es simplemente la del cuerpo y el espíritu, sino la unificación de una interioridad y una exterioridad.

En la meditación zen la postura física es primordial. El cuerpo y el espíritu deben formar una única experiencia integradora, cada músculo, cada tendón participa de la práctica de la presencia no-dual. La postura física es menos importante en la práctica del vipassanâ puesto que el observador no es el cuerpo, lo observa.

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