viernes, 29 de noviembre de 2019

El buscador de la Vía - Kōshō Uchiyama

Kōshō Uchiyama nació en Tokio en 1912. Antes de entrar en la orden monástica zen, estudió filosofía occidental en la prestigiosa universidad de Waseda, en su ciudad natal, y comenzó a impartir clases en un liceo femenino en Miyazaki. Posteriormente volvió a Tokio, donde se casó en 1939, si bien su joven esposa murió mientras estaba embarazada, acontecimiento que dejó profundas huellas en él. A partir de entonces se acercó al Sōtō Zen, encontrando en 1941 a Kōdō Sawaki, que lo ordenó como monje convirtiendose así en su discípulo. Ambos, Sawaki y Uchiyama, a pesar de sus personalidades diametralmente opuestas, encarnan probablemente las figuras más relevantes e inluyentes de esta escuela durante el siglo XX.

Durante la segunda guerra mundial (en la que estuvo implicado Japón desde 1941 hasta 1944), Kōshō Uchiyama fue enviado por su maestro a un monasterio en un área muy remota en la prefectura de Shimane y posteriormente a Shizuoka, para evitarle ingresar en el ejercito, en donde hizo carbón y sal de agua de mar. Kōdō Sawaki era consciente de que su discípulo no era físicamente fuerte, de hecho padeció tuberculosis durante gran parte de su vida, y de que ciertamente no era adecuado para la vida militar.

Tras la guerra, en 1949, Sawaki asumió el puesto de abad de un monasterio casi en ruinas, Antaiji, cuando este templo todavía estaba localizado al norte de Kyoto*, con el objetivo de devolver el decadente zen japones del siglo XX a sus raíces. Kōdō Sawaki, junto con su discípulo principal, Kōshō Uchiyama, que se encargaba del monasterio cuando Sawaki no estaba, lo cual sucedía muy a menudo por el carácter intinerante de Sawaki, transformaron Antaiji en un lugar para la práctica del Zen basado en un zazen puro. En un principio la vida en Antaiji fue muy dura, ya que las condiciones del templo eran muy deficitiarias y, de hecho, al principio y durante bastante tiempo tan solo contó con dos residentes estables, Uchiyama y Sodo Yokoyama, los cuales subsistían de la mendicidad religiosa.

Posteriormente, a la muerte de Kōdō Sawaki, en 1965, Kōshō Uchiyama le sucedió como abad de Antaiji, celebrando una seshin en memoria de su maestro que duró cuarenta y nueve días, en la que comenzó con un estilo de práctica propio que llamó seshin sin juguetes, en la que cada practicante ha de hacerse cargo de su propio zazen y de su propia práctica. Dichas sesshin se celebran en completo silencio, sin canto de sutra, ni rituales, ni samu, ni kyosaku, ni enseñanzas de ningún tipo; incluso el propio Uchiyama se sentaba de cara a la pared, sin controlar el zazen de ninguno, dando así testimonio de que zazen tenía que ser para cada cual el verdadero maestro. Después de la muerte de Sawaki, el estilo de práctica simple y directo de Uchiyama, alejado de los rituales y jerarquías propias del zen clerical japonés y centrado en zazen, fue haciéndose conocido en Japón y en todo el mundo a través de sus numerosos libros, y muchos estudiantes, tanto japoneses como occidentales, comenzaron a reunirse alrededor suyo en Antaiji.

Cuando Uchiyama se hizo cargo del puesto de abad de Antaiji, declaró que no se mantendría en el cargo más diez años, algo extremadamente inusual, tanto en el zen japonés como actualmente en el occidental, en los que una vez alcanzado un determinado rango clerical dentro del cursus administrativo-clerical  de una iglesia no se renuncia a él más que in extremis. Y así, en efecto, en 1975 abandono el puesto de Abad, dejándolo en manos de su discípulo Koho Watanabe, y se retiro a Nokei-in, un pequeño templo de Kyoto, en compañía de su tercera esposa, hasta su muerte en 1998.

A su despedida de Antaiji, Uchiyama dió una conferencia, dirigida en un principio hacia sus discípulos en Antaiji, pero que contiene indicaciones válidas para todos, en la que recogió los puntos esenciales de su enseñanza. Los puntos en los que Uchiyama sintetizó la enseñanza de una vida dedicada a zazen son:

1. Estudiar y practicar el buddhadharma solo por el buddhadharma, y no para secundar sentimientos humanos movidos por las cosas del mundo.

2. El Buddha que debemos venerar, el verdadero maestro, es zazen.

3. Zazen ha de actuar concretamente en nuestra vida cotidiana. Hemos de poner en práctica el lema: “ganancia es ilusión, perdida es despertar”, poner en acción dos prácticas (la práctica del voto y la práctica del arrepentimiento) y perseguir tres actitudes mentales (una mente alegre, amorosa y magnánima).

4. Hacer del voto la propia vida nutriendo profundamente la raíz.

5. Conscientes del hecho de que es asunto nuestro mejorar o corrompernos, comprometámonos en la mejora de la práctica.

6. Sentarse en silencio durante diez años. Adicionalmente sentarse diez años más. Después sentarse otros diez años.

7. Es necesario cooperar unos con otros, de manera que existan lugares de práctica sin molestias para practicantes sinceros.

Si el zen de Sawaki da, de cierta manera, un paso atrás para retomar la enseñanza de Dōgen, devolviendo el decadente Sōtō Zen japones a su fundamento en el zazen, el zen de Uchiyama aprovecha ese paso atrás como carrerilla para dar un salto adelante, proyectándose intencionalmente hacia el futuro y hacia occidente.

Se puede descargar libremente el texto de Uchiyama en el siguiente enlace:



Nota* Antaiji fue posteriormente trasladado a la prefectura de Hyōgo por Kōhō Watanabe, discípulo y sucesor de Uchiyama en el cargo de abad de Antaiji, en medio de un valle solitario, en la montaña y a escasos kilómetros del mar de Japón, donde se encuentra todavía hoy.
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La traducción desde el japonés al italiano ha sido realizada por Giuseppe Jiso Forzani, de la Stella del Mattino, siendo la traslación al castellano de Roberto Poveda. La fotografía, de Uchiyama, ha sido obtenida del sitio terebess.hu

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