miércoles, 6 de mayo de 2009

Etapas de la vacuidad, Sheng Yen

El maestro Sheng-yen es uno de los grandes maestros chan chinos contemporáneos. Nació en 1930 en una granja cerca de Shangai, y falleció en febrero del presente año. Recibió la ordenación a la edad de 13 años en un monasterio cerca de Shanghai. Durante la toma del poder por las tropas comunistas se dirigió a Taiwan donde pasó seis años en retiro solitario. Tras concluir este retiro vió la necesidad de educar tanto a monjes budistas como a laicos, así como la de adaptar esta enseñanza a los tiempos actuales. A continuación continuó estudios doctorales sobre el budismo en la universidad Rissho en Tokyo.

El Maestro Sheng-yen es heredero de las dos grandes tradiciones del Chan chino, las escuelas Caodong, de la que recibió la tramisión del maestro Ling-yuan, y Linji, en la que es el descendiente directo del maestro Xuyun. Dirige actualmente varios monasterios en Taiwan y es así mismo fundador del Ch'an Meditation Center en Nueva York. Preocupado por la preservación del material para la investigación y estudio del budismo, fundó en Taiwan el complejo llamado "Montaña del Tambor del Dharma" (en cuya página podemos encontrar otros textos en español del maestro Sheng Yen). Este complejo, dedicado a la práctica y al estudio, consta de un templo, una magnifica biblioteca, en la que se recogen los textos budistas de todas las tradiciones, y un monasterio, constituyendo una de las referencias academicas sobre budismo más importantes de toda Asia.

En este breve texto, traducido desde su versión francesa, este importantísimo maestro chan nos presenta la meditación como una profundización por etapas sucesivas, que van desde la conciencia ordinaria hasta el samâdhi. Cada una de estas etapas es descrita como una evacuación en la que el prácticante va progresando hasta alcanzar el estado de vacuidad. Este concepto de vacuidad es confundido a menudo por nosotros, practicantes occidentales, con el concepto de vacío, de desaparición de todo tipo de pensamiento. Grave error pues en la sabiduría china más bien quiere decir ausencia de pensamientos egóicos, pero no necesariamente ausencia de cualquier tipo de pensamiento, acercandose más bien a un estado de total disponibilidad y presencia. Si bien el planteamiento del maestro Sheng-yen es ligeramente diferente al practicado en la escuela Soto, cualquier practicante sincero de zazen podrá ver reflejados en este texto aspectos de su propia práctica.



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ETAPAS DE LA VACUIDAD

Sheng Yen

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Lo lleno y lo vacío tienen la misma dimensión. No hay diferencias entre los dos. Sin embargo los practicantes experimentan dificultades para abrirse un camino de lo lleno al vacío. No pueden volver de los fenómenos al fundamento de su ser: la vacuidad. Durante la meditación progresamos de los fenómenos a la vacuidad abandonando uno a uno nuestros estados mentales.

Cuando llegasteis a este retiro, os dije que dejarais en la puerta todos vuestros pensamientos ordinarios y vuestras costumbres – todo aquello relacionado con vuestra vida – , que los dejarais fuera. Es el primero de los abandonos, dejad las preocupaciones. El primer día he dicho que el entorno era particularmente ruidoso para nuestra práctica, con los ruidos, las radios, los niños, y he preguntado si los ruidos de fuera no os molestaban. La mayoría de vosotros ha respondido que no. Pero después una estudiante ha dicho que ella no estaba molesta por los ruidos exteriores, sino que únicamente mis palabras la molestaban. No podía dejar de pensar. Si yo os decía a todos que os relajaseis, ella se sentaba y se decía “estoy relajada, estoy relajada...”. Si os decía a todos que fueseis como un cadáver, pensaba “estoy muerta, estoy muerta...”. Ha dicho: “Puedo olvidar todo, salvo las palabras de Shih-fu” (maestro, en chino). Os dije que saludarais a vuestro cojín y que tuvierais el deseo de sentaros bien. Pero una vez sentados, olvidar todo eso.

Otro estudiante aun conservaba su deseo de meditar bien. Pero durante todo el tiempo que lo deseaba no meditaba, y ciertamente no meditaba bien. La segunda etapa consiste pues en abandonar los pensamientos que de improviso surgen a todo lo largo del retiro.

Para ir mas lejos en la evacuación, debemos olvidar la técnica misma de la meditación. Es como ponerse un par de gafas. Todo aquello que hay que hacer es olvidarse de que se las lleva puestas y mirar simplemente a través de ellas. Si sois conscientes de la gafas, a la fuerza eso se volverá fatigoso. El atleta de alto nivel que pasa años entrenándose es otro ejemplo. Cuando compite en una competición de verdad debe olvidar las técnicas y no hacer nada mas que competir. Si se quiere progresar verdaderamente en la meditación en un momento determinado hay que saber olvidarse de la técnica y limitarse a meditar. Aquí, mas o menos, todo el mundo tiene ese problema y no puede olvidar la técnica. A veces esto es una verdadera carga.

Cuando simplemente utilizáis la técnica, pero no pensáis en ella, habéis abandonado un factor mental particularmente importante. Pero hace falta ir aun mas lejos y olvidarse de vosotros mismos. Es como un hombre obnubilado por la visión de una chica hermosa que camina por la calle : se olvida y se mete de lleno en un charco. Cuando os olvidáis de vosotros mismos no tenéis puntos de vista ni sensación corporal. Si os olvidáis de la técnica pero no de vosotros mismos vuestro cuerpo se siente muy a gusto. Pero cuando os olvidáis de vosotros mismos los sentimientos de bienestar o de malestar dejan de tener importancia y, sin embargo, todo a vuestro alrededor continúa existiendo con claridad.

Finalmente debéis olvidar incluso el entorno. A pesar de que vuestras orejas no están tapadas, no escucháis nada. A pesar de que vuestros ojos están ahí, no veis nada. No tenéis percepción del tiempo. Habiendo abandonado los problemas exteriores, los pensamientos actuales, la técnica, el si mismo y el entorno, habéis entrado en el samâdhi.

Alcanzar este punto representa una gran dificultad para la mayoría de la gente. Pero si podéis por lo menos olvidar la técnica, perderéis la conciencia del tiempo y estaréis bien sentados. Si os olvidáis de vosotros mismos podréis comprobar un cambio en vuestra personalidad. Y si podéis olvidar el entorno y entrar en el samâdhi comprobareis si duda una trasformación mayor. Habréis hecho un largo camino desde los fenómenos a la vacuidad. En ese momento os daré un método para ir mas allá todavía, hasta el estadio de “no-yo”.

Resumiendo estos cinco niveles: primero, vaciáis vuestro espíritu de todas las preocupaciones cotidianas; segundo, dejáis de lado los pensamientos que surgen durante el retiro; tercero, olvidáis el método mismo; cuarto, olvidáis el entorno. Preguntaros a que nivel sois capaces de llegar.

Cuando medito yo paso por estas mismas cinco etapas. Uno tras otro olvido los niveles precedentes, hasta el quinto. Antes este proceso era muy lento. Ahora paso rápida y fácilmente cada etapa. Con la práctica podréis hacer lo mismo. En los sutras se menciona que el Buda Sakyamuni entraba en diferentes dhyanas cuando meditaba. Del primero pasaba al segundo, después al segundo y así sucesivamente. Pero los niveles que evoco son aquellos que van del estado mental ordinario hasta el samâdhi. Esto no equivale mas que al primer dhyana de Buda. Por supuesto no estáis en el nivel de Buda pero el proceso es el mismo.

Con estas instrucciones todo será claro en vuestra práctica. Cuando trabajéis intensamente, veréis muy claramente en vuestra propia práctica. Cuando paséis de una etapa a otra, sabréis de forma muy precisa cual es la próxima. Los niveles están claramente identificados, como los peldaños de una escalera. Finalmente, con una práctica asidua, los subiréis muy deprisa.

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